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Entrevista a la escritora Marta Robles

Estamos en primavera, aunque hay días en los que parece que el invierno haya vuelto. En Madrid ha caído la primera nevada esta semana y el tiempo acompaña poco para elevar los ánimos en la situación tan lamentable que nos ha tocado vivir.

Además, hoy comienza la Semana Santa, pero no hay vacaciones. Sin embargo, hay algo que no cambia, es viernes de entrevista en el blog y aquí la tienes. Nos quedamos con lo positivo, porque hoy parece que tenemos el sol de nuestro lado, así que vamos a intentar olvidar los datos, lo negativo y el drama permanente que nos rodea estas semanas para hablar con una escritora y periodista, pero, sobre todo, una mujer clara que siempre tiene una sonrisa. Esta semana visita el blog Marta Robles.

¿Quién es Marta Robles?

Una persona bastante normal, tranquila, observadora, que escucha la calle y que construye los personajes de cada una de sus novelas con los retazos de la memoria. Soy una mujer normal que «contiene multitudes», como diría Walt Whitman. Y que quiere leerlo todo, aprenderlo todo, disfrutarlo todo, sufrirlo todo y sentirlo todo para poder contarlo.

Desde tu experiencia, ¿cuál es ese ingrediente fundamental que es necesario para que una novela negra sea un éxito?

Armando Artigas, un afamado escritor, personaje principal de mi novela A menos de cinco centímetros dice en el libro: «escribir una mala novela es muy difícil y escribir una buena novela es un milagro. La diferencia solo está en la emoción y ni siquiera eso garantiza el éxito. Por eso, lo importante es tener algo que contar y una manera personal de hacerlo».  En cualquier género sea negro, rosa, verde o amarillo.

A menos de cinco centímetros

¿Qué significa para ti escribir? Dentro del mundo literario, no periodístico

Es parte de mi vida. Llevo compaginando ambas actividades toda la vida. En el mundo literario entré desde la no ficción en 1991 con mi primer libro, El mundo en mis manos. Empecé a publicar ficción en 2001. A día de hoy, tengo publicadas 8 obras de no ficción y otras 8 de ficción.

De todas tus novelas, ¿cuál es la que más te ha costado escribir?

Siempre pienso que la que más me cuesta es la que estoy escribiendo en el momento.  No sabría decirte. Yo escribo como Naipaul. El premio nobel de literatura decía que la diferencia entre lo que es literatura y lo que no lo es, es la que hay entre una carta que escribe un chico a su novia cualquier día o la que escribe justo el día antes de ser ajusticiado. Yo escribo así, como si al día siguiente fuera a ser ajusticiada. Escriba lo que escriba.

@MartaRoblesG es una mujer que quiere leerlo todo, aprenderlo todo, sufrirlo todo y sentirlo todo para poder contarlo. Clic para tuitear

La chica a la que no supiste amar, tu última novela tiene una temática dura y como mujer es inevitable empatizar

La chica a la que no supiste amar.

Al menos ese es el propósito. Tanta noticia en los informativos hace que se nos endurezca el corazón. Cuando dejamos de sentir compasión, cuando dejamos de sentir el dolor que sienten a nuestro lado, nos convertimos en monstruos. A veces es más sencillo que nos muevan el corazón a través de la ficción; a través de un personaje como el principal de esta novela: una chica nigeriana a la que le cortan los pechos tras una operación chapucera para extirparle un cáncer de mama y se convierte en «mercancía defectuosa».  Es imposible no conmoverse cuando se siente tanto dolor y tanta soledad tan de cerca.

Háblame de La chica a la que no supiste amar, Premio 2019 de narrativa Castellón letras del Mediterráneo. ¿Dónde surgió la idea germinal? ¿Qué fue lo que te motivó a escribir sobre la trata?

Llevaba años deseando escribir sobre la trata de mujeres que siempre me ha removido especialmente. He seguido desde hace muchos años las noticias, documentales y películas que se han realizado sobre este asunto y hace un par de años, llevé de la mano a mi amiga Mabel Lozano, directora de varios documentales sobre el tema, a la editorial Al revés para que escribiera la historia que le contaba un proxeneta arrepentido. Yo fui la editora de ese libro, al que dediqué muchas horas de trabajo y con el que aprendí muchísimo.

Fue entonces cuando decidí que ya había llegado el momento de escribir esa novela que yo quería escribir y que tenía que centrarla en el último peldaño de la trata: el que protagonizan las mujeres nigerianas que llegan a nuestro país tras un ritual de vudú y un viaje aterrador, que dura entre tres meses y tres años y donde viven toda suerte de atrocidades.

Pensar que, al llegar a España, cuando esperan un rayo de luz, tienen que bajar un escalón más hacia el infierno y convertirse en esclavas sexuales de ínfima categoría y sufrir más, encima, porque son negras y también hay racismo en los burdeles, me dolía tanto como para pensar que era necesario que todo el mundo lo descubriera. Y más aún que se diera cuenta de que el sufrimiento de estas chicas es idéntico al de cualquier mujer. Porque ellas son como nosotras, sufren como nosotras, aman como nosotras, solo quieren que las quieran, como nosotras y a veces enferman, como nosotras.

Define con tres adjetivos a Roures, el protagonista masculino

Es un hombre culto, que sabe escuchar y adicto a la lealtad.

Cada semana leen este blog muchos escritores que se están adentrando en el mundo literario intentando abrirse camino. ¿Cuál es tu experiencia en premios literarios? ¿Cómo es el proceso en tu caso?

Pues supongo que es el mismo que en el de los demás escritores. Te presentas o te presentan y ganas o no. Ya está. Mi experiencia es que recibirlos te proporciona un espaldarazo a la propia carrera literaria.

Siguiendo en esta línea de orientación a los escritores noveles, ¿cómo ha sido tu camino para llegar a una editorial? ¿tienes agente literario?

Pues es que a mí me vinieron a buscar en 1991 de una editorial y luego de otra y después de otra más, según iba publicando mis libros. Hasta que llegué a Planeta, donde publiqué en 1999 y, desde entonces hasta ahora, siempre he seguido en la misma editorial. Y sí, tengo agente, aunque no desde hace demasiado tiempo. Nunca lo necesité para llegar a una editorial, pero su trabajo es indispensable y muy de agradecer.

¿Dónde escribes? ¿Tienes un horario fijo dedicado a este trabajo?

Suelo escribir en mi despacho, pero puedo escribir en cualquier sitio. Solo tengo horario fijo cuando ya me siento a escribir un libro. A partir de ese momento, saco un mínimo de 6 horas diarias que suelen ser por la mañana.

Test de Sonia

Té o café: Depende de la hora del día y del propio día.

Lo más importante de tu vida: Mi marido y mis hijos.

Si fueras libro serías: Calígula de Albert Camus.

Ahora estás leyendo: Varios libros de la Historia de España (no quiero precisar cuáles porque son los que me están sirviendo para documentar mi próximo libro). Y Blanco, de Brett Easton Ellis

Lo que más valoras de un escritor: Que me conmueva.

Leer a Marta en sus últimas novelas es leer actualidad. Es leer realidad. Solo palabras de sentimiento salen para definir lo que producen sus líneas en el lector: sufrimiento, empatía, dolor, llanto, rabia o frustración.

Marta, gracias por atender mi llamada y compartir parte de tu tiempo conmigo. He descubierto a una escritora que tiene mucho de Roures, el protagonista masculino de su novela. Quizá haya plasmado en este personaje masculino su identidad. Una mujer que necesita café o té dependiendo del día o el momento, que tiene como pilar fundamental a su familia y es muy celosa de su intimidad. Una mujer metódica y disciplinada. Sus novelas son una buena opción para estos días.

No olvides que lo único que tienes ahora es el tiempo en tus manos. Puedes aprovecharlo leyendo este blog, para ello te invito a suscribirte y recibirás cada viernes un nuevo artículo.

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Semanario de cuarentena

Cada minuto que pasa, la dureza del momento se vuelve mayor. Ya es superlativa, pero crecerá más. ¿Cómo la definiremos? No lo sé. Tampoco importa.

Durante este periodo excepcional en el que nos hallamos inmersos, son muchas las voces que se alzan para ayudarnos a sobrellevar este tiempo. Las ideas son infinitas: lecturas, visitas virtuales a museos, teatro on line, televisión, música, radio… También surgen grandes ideas como escribir un diario en el que volquemos nuestros sentimientos, por otro lado, tan cambiantes como el tiempo en esta época. Escribir sana la mente, cura heridas, suaviza enfados, calma los nervios. Yo lo sé, doy fe. Por eso, intento escribir cada día, aunque sea un par de líneas (y no siempre lo consigo). En mi caso un diario resulta imposible y te explico por qué y es muy probable que alguno se identifique con estas palabras que lee. Por eso, me he decantado por un semanario de cuarentena.

En el momento de escribir estas líneas, en Madrid ya hemos cumplido los quince días de cuarentena, de encierro, de emociones contenidas, de miedo, de pena. Hemos visto cómo nuestros hospitales se han colapsado y los médicos lanzan mensajes de auxilio o recomendaciones que parece que nos fastidian. Los enfermos más afortunados se hospedan en hoteles medicalizados o en el gran hotel construído gracias a la UME en tiempo récord: IFEMA, o lo que es lo mismo, la feria de Madrid. Pero sí, esta es la verdad, nuestros hospitales no pueden aceptar un solo paciente más. Lo más triste y grave es que tan llenos están los hospitales como los cementerios. Madrid tiene una nueva morgue: el Palacio de Hielo. Ese lugar al que íbamos a patinar los domingos, ahora recoge los cuerpos de aquellos madrileños que esperan su turno para llegar al cielo.

La situación en la capital, esa ciudad que me acogió y de la que pronto me enamoré y en la que he formado mi familia se ha convertido en el escenario de una película de terror, de dramón épico. Y desearía aportar algo de positivismo a este semanario, pero es complicado.

Pongamos al mal tiempo buena cara, aunque nuestro corazón llore.

Esto ocurre de puertas para fuera. Porque de puertas para dentro, la vida sigue, confinados, pero continúa y con respecto a lo que a límites se refiere, te aconsejo leer este artículo de Marian Ruiz que debería leerse una vez al día.

Mi situación es la de una persona afortunada: tenemos salud y trabajo. Como siempre, formamos un buen equipo en casa, hemos distribuido tareas y todos tenemos una misión.

Mi persona favorita sigue trabajando (desde casa, eso sí) y encargándose de que no falte de nada. Yo he dejado un poco de lado la escritura y mis sueños para ser solo ama de casa y cuidar a los niños para que estén lo más entretenidos posible y esta situación les afecte lo mínimo. Ellos se están portando de manera tan excepcional como la situación. No puedo estar más orgullosa.

Todo fluye.

Pero, a veces, quisiera lanzar el teléfono por la ventana. No soporto un solo mensaje absurdo más de WhatsApp. Es más, odio el WhatsApp (¿recuerdas cuando dije que no odiaba? Pues hay una primera vez para todo), porque el 80% de los vídeos son chorradas o mentiras. Más mensajes de ánimo, de apoyo, llamadas a nuestros amigos o Skype con los abuelos.

Gracias a todos los españoles solidarios que se están preocupando y ocupando de nuestros médicos y sus necesidades. Clic para tuitear

En lo que respecta a ese tiempo libre que se suponía que íbamos a tener y con el que no sabríamos qué hacer, te puedo decir que, por mi parte, todavía no he visitado ni un solo museo. No he podido acabar de leer ningún libro, ni siquiera acabar una miniserie. Mi nueva novela que parece que por fin tiene nombre está en pausa. La primera, En los ojos del rey, que ya tiene editorial está en stand by. Con lo difícil que es conseguir entrar en una y todo se para. Me olvido de verla, por el momento, en librerías o ferias.

Y quiero gritar.

Quiero gritar como las gaviotas de mi tierra.

De pronto, me siento culpable. Qué importancia tiene hoy todo esto cuando hay personas jugándose la vida para salvar a otras que, en más ocasiones de las que nos gustaría, la pierden. Y me siento mal, muy mal. Entonces vuelve la Sonia que soy. Esa que ve el mundo en colores y no en blanco y negro. Quien es como un libro abierto con todos sus argumentos. La que tiene una canción para todo. La persona que, a veces, piensa más con el corazón que con la cabeza. Y dos palabras me asaltan todo el tiempo y quiero que formen parte de este semanario: solidaridad y generosidad.

Y vuelvo a sonreír y dar gracias a Dios por poder tener esta lluvia de sentimientos, por ver y saber que aquellos a quienes más quiero están bien. Doy gracias por ver a mi persona favorita y a nuestros hijos con salud y sonreír en momentos de seriedad.

Entonces me planteo cuánto tiempo más seguirá imponiéndose mi yo positiva, la que hasta ahora soy. Me da miedo que todo esto consiga cambiarme. Decido dejar de pensar. Ya no lo haré más, al menos, solo lo justo. Pensar solo en el presente, el futuro vendrá sin llamarlo y lo tendremos que aceptar.

Madrid, saldremos de esta y volverás a brillar como siempre y los madrileños contigo. Clic para tuitear

Estamos en un tiempo complicado, de dudas, de miedo. Vivimos en un estado de alarma que nos marcará para el resto de nuestras vidas. El mundo a partir de ahora será diferente a como lo conocíamos hasta entonces. Nosotros también hemos cambiado, estamos cambiando. Por tanto, todo este baile de sentimientos es normal. Hoy arriba y mañana abajo. Sin salir de casa vamos subidos en una montaña rusa: la de los sentimientos.

A mí me ayuda dar gracias cada día. Hay que dar gracias a Dios, al mundo, al universo, a la vida o quien tú quieras, pero darlas.

Ánimo, porque venceremos y pronto saldremos de esta. Por ahora, recuerda que tienes el tiempo en tus manos .

Una cuenta de Twitter para seguir durante la cuarentena y sin ella @David_Generoso_ Clic para tuitear

Ah, mira, una cosa que hago cada día es leer el microrrelato que mi compañero David Generoso publica en Instagram. A veces, me siento identificada, otras, me saca una sonrisa y otras muchas, comparto su frustración. También puedes aprovechar el tiempo, si eres de las personas afortunadas que tiene ese tan preciado bien, para leer sus libros de relatos cortos que te aconsejo con fervor, porque te harán reír en un momento en el que las risas están caras.

Un abrazo virtual a todos. Ánimo y fuerza.

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Los nuevos años 20

Siempre he dicho que en mi otra vida fui tiara y si en alguna época sería capaz de encontrarme cómoda como tiara en cabeza regia, sin duda sería en los dorados años 20. Por cierto, ¿habías reparado en la relación existente entre las tiaras y la fidelidad en la casa Borbón?

Hoy me siento feliz de dar la bienvenida a los nuevos años 20, los de mi siglo, los de tu época. Pero volviendo a los que ya han hecho historia, no puedo dejar de sentirme fascinada por el auge cultural y literario, por la explosión de glamour y charlestón, de diademas de plumas y vestidos de flecos, de los pequeños bolsitos de plata y malla que hoy tendrían tanto que contar de sus dueñas.

Collares de doble vuelta y pelo a lo garçon.

Quizá solo me sobraría el tabaco, aunque hasta ese veneno era elegante con sus largas boquillas y pitilleras de plata.

Claro, mis series favoritas también están ambientadas en esta época y, como ya sabes, desde que comencé la aventura de la pluma y tecla, mis libros están centrados en los años 20. De hecho, te diré que parte de la nueva novela (sí, esa que aún no tiene título) también transcurre en este período de entreguerras.

Ahora, un siglo después, vuelven los años 20, pero esta vez con todos nosotros como protagonistas. Somos los encargados de escribir la historia que nuevas generaciones leerán y estudiarán; también, quizá como yo, añoren vivir. De nosotros dependerá que los nuestros sean dorados o simplemente, y con suerte, bañados en oro.

Si nos centramos en grandes artes como la pintura y la literatura, comprobamos que el cambio es sustancial, principalmente en pintura y poesía donde el arte de algunos resulta discutible, sin embargo, podemos hablar de grandes artistas y escritores en ambas décadas, eso es innegable.

Por el contrario, otras cosas no han cambiado mucho, me refiero a la historia que va de la mano de la política, nos guste o no. Espera, no te vayas aún, déjame que te exponga la historia tal y como sucedió, sin colores ni simpatías.

Hace 100 años, en diciembre de 1920 se celebraron unas elecciones generales en las que, curiosamente, se presentaba un Pablo Iglesias que nada tiene que ver con el actual (al menos, eso creo). Estas elecciones estuvieron marcadas por la debilidad política y los disturbios en Barcelona. ¿Sabes qué? Estas elecciones venían precedidas de dos más, sí. De 1918 a 1920 vivieron un caos político que llevó a celebrar tres elecciones en años consecutivos. ¿Te suena?

Me inquieto al constatar los paralelismos entre ambas décadas. Clic para tuitear

Entonces reinaba también un Borbón, Alfonso XIII, bisabuelo de nuestro rey Felipe VI.

Probablemente, la evolución política ha llevado el mismo desarrollo y evolución que la educación y un siglo no sea suficiente para el avance.

¿Recuerdas lo que vino después?

El rey exiliado (puedes conocer su historia de primera mano leyendo la novela En los ojos del Rey). Y se proclamó la II República que terminó con una guerra civil que desembocó en la larga Dictadura (40 años) para volver a la Democracia con la casa Borbón nuevamente. Todo es cíclico parece.

Todo es cíclico.

1920 fue un año de transición en las grandes potencias europeas, un año que supuso el empuje necesario para poder brillar a lo largo de la época. Un siglo después, recibimos a los años 20 con optimismo. Es más que necesario si miramos a la cara y de frente a nuestra situación política. Claro que esto es probable que lo empecemos a hacer a partir del día 7, porque ahora estamos de lleno en unas vacaciones en las que con comer, beber y gastar tenemos suficiente. Pero, sobre todo, este 2020 lo afrontamos con una gran diferencia con respecto al del siglo pasado, porque el nuestro no es de entreguerras.

¿Cómo ves tú nuestra década? ¿Eres un enamorado de los años 20?

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Notición importante

¡Tengo nueva página web!

Importante noticia para todos los seguidores del blog.

Hoy es un día muy especial. si has llegado hasta aquí te habrás dado cuenta de que estamos estamos de estreno y yo feliz de compartir con todos vosotros la noticia: ¡tengo nueva página web!

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Seudónimos ¿por qué usarlos?

Con este artículo me dirijo a los escritores, en concreto, a quienes observan el mundo tras su seudónimo. El objetivo es claro: que el lector descubra el motivo por el que existen hoy en día los seudónimos.
Por fin has terminado de escribir esa novela, cuento, relato, poemario. Te ha costado muchísimo, has dedicado un tiempo que, a veces, tuviste que inventar para poder finalizar tu obra y conseguir que quedara perfecta. Es hora de firmar tu autoría, pero en la portada del libro, no aparece tu nombre, en su lugar, un seudónimo.
 
¿Qué lleva a un escritor a ocultar su nombre tras un seudónimo? ¿Falta de orgullo? ¿Vergüenza, tal vez? A veces es más complicado que todo eso. ¡Hasta los grandes han hecho uso de ellos!
  
Bien, los motivos son variados y de todos los colores. Estoy segura de que el autor que hay tras cada seudónimo tiene su porqué.
 
¿Por qué renunciar a la verdadera identidad?
 
 
 
A lo largo de la historia hemos constatado como escritoras han tenido que hacer uso del seudónimo y sus obras aparecen firmadas con un nombre masculino. La razón no es otra que evitar los prejuicios y buscar igualdad de condiciones. Este es el caso de Cecilia Bölh de Fabera quien conocerás por Fernán Caballero.
 
Otros autores, simplemente, juegan con las palabras. Utilizan el seudónimo por pura originalidad. Así, Samuel Langhornefue Mark Twain.
El señor Samuel era un navegante cuyo trabajo consistía en observar y anotar la profundidad de los ríos con el objetivo de saber si eran o no navegables. Anotar en inglés es to mark mientras que en el argot marinero wain quiere decir río con dos brazadas.
 
En otras ocasiones, se trata de una estrategia de las editoriales. Llevados por aquella idea de que lo foráneo vende o atrae más que lo patrio, no es lo mismo llamarse Josefa la cerda que Peppa Pig, ¿verdad? Bien, hay autores que han preferido o les han aconsejado, jugar con sus apellidos españoles para crear uno inglés, por eso, Ángel Torres Quesada firma como A. Thorkent. ¡Y eso que tiene unos apellidos bonitos y poco comunes!
 
Hay un caso que me ha sorprendido: J. K. Rowling. Ella firmó toda la saga de Harry Potter con su verdadera identidad, sin embargo, tras el éxito y fama decidió emplear un seudónimo para lanzar su primera novela para adultos. Se trató solo de un ejercicio de marketing para huir de la fama primera y no quedarse encasillada en un género. Su novela «La llamada del cuco» está firmada como Robert Galbraith.
 
Es posible que muchos autores decidan ocultar su verdadera identidad como consecuencia de la inseguridad en los comienzos. El seudónimo se convierte en ese escudo protector para muchos noveles.
 
 
 
Hoy, en plena vorágine del mundo virtual, se hace complicado mantener tu verdadero tú, sobre todo, cuando tienes un nombre muy común y con tu mismo nombre hay una cantidad ingente de personas. Sí, este es mi caso, Sonia Martínez Martínez, ahí lo llevas. Solo por el hecho de evitar confusiones debería haberme inventado uno, pero me daba bastante pereza buscar un nombre con el que realmente me sintiera identificada en su plenitud. Como me conozco muy, pero que muy bien, querría cambiármelo al poco tiempo y eso ya no es serio. Así que aquí estoy con mi doble Martínez y ¿cuántas somos? Prefiero no saberlo. Lo que sé es que yo soy yo, me ha costado un trabajo importante lo que he hecho y sigo haciendo, así que llámalo orgullo, ambición, o lo que más te guste, pero no quiero seudónimos, sin embargo, considero que es mucho más atractivo y despierta más curiosidad que el nombre real.
 
Y tú, ¿eres de seudónimos? ¿Cuál es tu opinión?
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