Siempre he dicho que en mi otra vida fui tiara y si en alguna época sería capaz de encontrarme cómoda como tiara en cabeza regia, sin duda sería en los dorados años 20. Por cierto, ¿habías reparado en la relación existente entre las tiaras y la fidelidad en la casa Borbón?

Hoy me siento feliz de dar la bienvenida a los nuevos años 20, los de mi siglo, los de tu época. Pero volviendo a los que ya han hecho historia, no puedo dejar de sentirme fascinada por el auge cultural y literario, por la explosión de glamour y charlestón, de diademas de plumas y vestidos de flecos, de los pequeños bolsitos de plata y malla que hoy tendrían tanto que contar de sus dueñas.

Collares de doble vuelta y pelo a lo garçon.

Quizá solo me sobraría el tabaco, aunque hasta ese veneno era elegante con sus largas boquillas y pitilleras de plata.

Claro, mis series favoritas también están ambientadas en esta época y, como ya sabes, desde que comencé la aventura de la pluma y tecla, mis libros están centrados en los años 20. De hecho, te diré que parte de la nueva novela (sí, esa que aún no tiene título) también transcurre en este período de entreguerras.

Ahora, un siglo después, vuelven los años 20, pero esta vez con todos nosotros como protagonistas. Somos los encargados de escribir la historia que nuevas generaciones leerán y estudiarán; también, quizá como yo, añoren vivir. De nosotros dependerá que los nuestros sean dorados o simplemente, y con suerte, bañados en oro.

Si nos centramos en grandes artes como la pintura y la literatura, comprobamos que el cambio es sustancial, principalmente en pintura y poesía donde el arte de algunos resulta discutible, sin embargo, podemos hablar de grandes artistas y escritores en ambas décadas, eso es innegable.

Por el contrario, otras cosas no han cambiado mucho, me refiero a la historia que va de la mano de la política, nos guste o no. Espera, no te vayas aún, déjame que te exponga la historia tal y como sucedió, sin colores ni simpatías.

Hace 100 años, en diciembre de 1920 se celebraron unas elecciones generales en las que, curiosamente, se presentaba un Pablo Iglesias que nada tiene que ver con el actual (al menos, eso creo). Estas elecciones estuvieron marcadas por la debilidad política y los disturbios en Barcelona. ¿Sabes qué? Estas elecciones venían precedidas de dos más, sí. De 1918 a 1920 vivieron un caos político que llevó a celebrar tres elecciones en años consecutivos. ¿Te suena?

Me inquieto al constatar los paralelismos entre ambas décadas. Clic para tuitear

Entonces reinaba también un Borbón, Alfonso XIII, bisabuelo de nuestro rey Felipe VI.

Probablemente, la evolución política ha llevado el mismo desarrollo y evolución que la educación y un siglo no sea suficiente para el avance.

¿Recuerdas lo que vino después?

El rey exiliado (puedes conocer su historia de primera mano leyendo la novela En los ojos del Rey). Y se proclamó la II República que terminó con una guerra civil que desembocó en la larga Dictadura (40 años) para volver a la Democracia con la casa Borbón nuevamente. Todo es cíclico parece.

Todo es cíclico.

1920 fue un año de transición en las grandes potencias europeas, un año que supuso el empuje necesario para poder brillar a lo largo de la época. Un siglo después, recibimos a los años 20 con optimismo. Es más que necesario si miramos a la cara y de frente a nuestra situación política. Claro que esto es probable que lo empecemos a hacer a partir del día 7, porque ahora estamos de lleno en unas vacaciones en las que con comer, beber y gastar tenemos suficiente. Pero, sobre todo, este 2020 lo afrontamos con una gran diferencia con respecto al del siglo pasado, porque el nuestro no es de entreguerras.

¿Cómo ves tú nuestra década? ¿Eres un enamorado de los años 20?

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