Los Romanov: los primos rusos de los Borbones

La historia es siempre sorprendente. ¿Sabías que los Romanov fueron los primos rusos de los Borbones? Hoy te voy a mostrar los paralelismos que marcaron la vida de dos princesas, una Borbón y una Romanov, primas hermanas, que hicieron historia. Sigue leyendo, verás.

La vida es así: es sorprendente, caprichosa, bonita, dura. Todo depende de la persona, de la época, de la condición social, de los ojos con los que se mire.

Muchas son las niñas que juegan a ser princesas durante su infancia porque el mundo idealizado de los cuentos de hadas sigue estando de moda, sin embargo, cuando van creciendo, comprueban que ni los príncipes son azules ni existen los castillos ni la vida despreocupada. Es verdad que el universo de los reality y determinados programas (que, si te digo la verdad, no sé calificar) son lo más próximo a esa vida que he llamado despreocupada: dinero fácil y rápido a cambio de… eso lo dejo a tu criterio.

Lo que hoy nos ocupa es vida de dos princesas, nietas de la reina de reinas, Victoria de Inglaterra, y la estrecha relación entre ambas. Ellas son Victoria Eugenia de Battemberg y Alix de Hesse.

Victoria Eugenia ya sabes que fue reina consorte de España, como ahora lo es Letizia. Ella fue la esposa del rey Alfonso XIII, bisabuelo de Felipe VI.

Alix de Hesse la conocerás mejor si te digo que cambió su nombre al de Alejandra Fiodorovna Romanova cuando se convirtió a la iglesia ortodoxa rusa. Alejandra fue la última emperatriz Romanov.

Sí, sus vidas transcurrieron en paralelo. Quizá más de lo que pudieron imaginar cuando eran pequeñas y jugaban despreocupadas a ser princesas, lo que en realidad eran. Sin embargo, estuvieron marcadas por una diferencia que marcaría el devenir de la historia y que no es otro que el amor.

Los Romanov y los Borbones, vidas paralelas. Clic para tuitear

Cinco nietas de la reina Victoria, cinco reinas.

Nos centraremos en dos: Ena, como llamaban familiarmente a Victoria Eugenia y Sunny, como la llamaba su amado esposo, el zar Nicolás.

A pesar de que estas dos nietas de la reina Victoria llegaron a reinar, carecieron de un final feliz. Mientras que Ena terminó su vida en el exilio, sola, Alejandra murió asesinada junto al resto de su familia.

Dicen que el amor y el trono son incompatibles. Si el matrimonio real es por amor, mal vamos, porque el trono se fastidiará o viceversa. En el caso español, más viceversa que todo lo contrario y así llevamos varias generaciones ya. Las tiaras no han sido en la historia de España compatibles con la fidelidad.

Nicky y Sunny (últimos zares de Rusia) se casaron completamente enamorados y su amor fue creciendo con el paso de los años hasta que los sorprendió la muerte una noche de verano. Todo muy épico.

Ena, por su parte, se casó también enamorada, pero a su manera, al igual que Alfonso XIII. Claro, es que él era un Borbón y eso, ya sabes… Poco duró el amor, ¡qué te voy a decir!

Y ese amor, correspondido en una y en otra no, se convierte en el hilo conductor de sus vidas; todo lo que viven, su manera de reinar, su estilo de vida familiar y, sobre todo, de comprender las necesidades del país están marcados por el amor.

Ambas llegaron a sus países de adopción con una desgracia bajo el brazo.

Alejandra Romanov no era querida en absoluto por su familia política y, por ende, por el pueblo ruso que era profundamente supersticioso. Su llegada a Rusia coincidió con la muerte del zar Alejandro III, su suegro, quien dio su beneplácito para que se produjera la unión de los jóvenes enamorados porque se moría.

No hace falta que te recuerde que la entrada de Victoria Eugenia en la familia real española vino marcada por la sangre. El día de su boda, fueron víctimas de un atentado.

No nos olvidemos de que hemos dicho que son descendientes de la reina que introdujo la hemofilia en toda una estirpe y ambas eran portadoras de esta enfermedad (la transmitían las mujeres y la padecían los hombres).

Nuevamente, el amor marca diferencias. El zarevich heredó la hemofilia materna al igual que el príncipe de Asturias. El dolor era el mismo, las dos primas padecieron la enfermedad de sus hijos sintiéndose culpables, pero mientras que la zarina siempre tuvo el apoyo y amor de su marido, Victoria Eugenia padeció sola, culpada por el rey quien se alejó más de ella.

Alix y Ena, Ena y Alix. Dos vidas en paralelo marcadas por la desgracia. ¿Está el trono maldito? ¿Qué opinas?

Puedes tener una visión más amplia y desde la perspectiva del rey Alfonso XIII en mi novela En los ojos del Rey.

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