8 cosas que odio de los libros

Empiezo bien. Estamos en plena época de amor, felicidad y buen rollo y vengo a hablarte del odio. Además, una escritora que odia, en concreto, 8 cosas de los libros. Mal, voy mal, pensarás. Pero también te cuento cosas muy bonitas, pincha aquí. ¿Ves?

Vale, vayamos por partes para tratar el tema de hoy.

Odio el verbo odiar. El odio es una emoción primaria que parece estar presente en nuestras vidas, en nosotros mismos. Hasta hay canciones dedicadas al odio, también muchos libros.

A mí no me agrada este verbo, mucho menos la emoción. Creo que odio odiar y esto es lo único que odio. Prefiero otros términos como desagrado, disgusto, incomodidad, pero el verbo odiar me parece muy grande. Además, si atiendo a su definición, hasta me siento mal de poseer ese sentimiento.

Siempre hay algo en el mundo de los libros que no te agrada, quizá hasta lo odies. Clic para tuitear

Así que, te confieso que en el título aparece este odioso verbo por cuestiones de SEO (posicionamiento en internet). Que me interesa, vamos.

No al odio.

Como ya sabes lo que opino sobre este verbo, vuelvo a escribir el título diciendo: 8 cosas de los libros que no me gustan, sigue leyendo que quizá estamos de acuerdo. Aquí están:

1. Las sobrecubiertas o fajas. ¿Por qué existen? Estoy convencida de que la única finalidad que tienen es fastidiar a la gente ordenada y escrupulosamente cuidadosa con los libros como yo. Por este motivo, no puedo soportar que se arruguen o estropeen estos malditos papelitos, por lo que siempre busco una edición limpia (así las llamo yo), es decir, sin nada. En caso de no encontrarla, le quito el abriguito al libro, lo guardo y cuando me lo termino, se lo devuelvo para ponerlo en su lugar de la biblioteca.

2. En la misma línea está el tema de los títulos engañosos. Si escribes una novela basada en el amor homosexual no correspondido entre dos mujeres de Cincinnati, no titules la novela “Aventuras en un restaurante de París” porque es el lugar en el que se conocieron. Después se marcharon de la ciudad y nunca más volvieron. Error. ¿Por qué? Porque la idea primera que al lector le viene a la cabeza es la de una novela en la que la cocina o restauración son las protagonistas. No sé, yo me imagino a Ratatouille.

3. La desconexión entre la portada y el contenido. Cuando veo una portada me gusta imaginar el texto, por qué el autor ha elegido esa y su función en la obra. Por eso, me decepciona si no tienen nada que ver con el contenido.

4. Cuando la sinopsis te chafa el libro. Ya sea por no tener mucho que ver con la trama, o porque te aporta más datos de los que son necesarios.

5. Descripciones superfluas, en exceso, costumbristas. A mí, me hacen perder el hilo y el interés. Esto es muy personal. Una manía como otra cualquiera pero que me lleva a la siguiente.

6. El alargamiento innecesario de los capítulos y por ende del libro. Si puedes describir en diez palabras una acción, no emplees veinte. ¿Sabes por qué? A quienes disfrutamos del libro en papel y tenemos problemas de manos, brazos o espalda, los libros voluminosos no nos hacen ningún bien.

7. No puedo con un libro que pese. Lo siento, aunque sea una obra maestra. Si un libro es voluminoso y pesado, pero merece la pena, lo leeré en digital, aunque me lo compre en papel. En caso de ser simple literatura de consumo, pierde mi interés, directamente.

8. Soy miope, así que los libros con letra pequeña no son lo mío. Leo muchísimo, menos de lo que me gustaría, también es verdad. Es por eso que me resulta imposible la lectura de letras liliputienses y cada vez me decanto más por el digital (amplio la letra todo lo que quiero).

Seguro que tú también tienes una lista de lo que no te gusta de los libros o quizá odies. Porque una cosa está clara, el verbo odiar existe, ahí lo tenemos para usarlo y sentirlo.

¿Me das tu opinión?

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2 comentarios

  1. Antonio

    Estoy de acuerdo con tu diagnóstico, Sonia. Si acaso añadiría que aborrezco los libros en que el autor parece que se recrea en lo «bien» que escribe, olvidando que es el lector quien debe recrearse en la lectura… Y, sí, odio vehementemente a aquellos escritores que llenan páginas y páginas sin decir nada interesante.

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