Categoría: Literatura (Página 1 de 7)

Literatura y libros

Diario de un amor confinado (IV)

Hoy última entrega de Diario de un amor confinado.

Puedes empezar a leer la novela pinchando en los siguientes enlaces:

Diario de un amor confinado (I)

Diario de un amor confinado (II)

Diario de un amor confinado (III)

Jueves 19 de marzo de 2020

Me he levantado temprano para buscar recetas de cocina saludable en internet. Mi desayuno de hoy: tostadas de pan integral con queso fresco y aguacate, zumo de naranja recién exprimido y café bien cargado.

Antes de que dieran las diez de la mañana y abrieran las puertas del Gastamenos, ya estaba yo haciendo cola. De pronto, mi corazón se aceleró por su presencia, el olor de su perfume invadió mi perímetro de seguridad. Ahí estaba él, con sus vaqueros perfectos y cazadora motera. Acababa de alegrarme el día.

Maldigo mi pereza. ¿Por qué no tendré yo un perro? Sería una excusa perfecta para vernos, porque Max cada día saca a Boli, su Beagle, de paseo y puede hacerlo hasta ¡tres veces al día!

Como todos los jueves hemos quedado las chicas para tomar unas cervezas y aunque no podemos salir, nos hemos arreglado. He estrenado un vestido blanco adquirido en mi última compra en una tienda física antes del confinamiento y me queda espectacular.

Los datos comienzan a ser preocupantes:169 fallecidos.

¿Cuántas personas habrán perdido hoy, día de San José, a su padre? Puedo imaginar cómo es vivir esa crudeza sin poder tomarlo de la mano, sin poder despedirte, darle el último beso y acompañarlo en su último aliento. Quienes hemos perdido a un padre podemos empatizar a la perfección con los que están viviendo esta pesadilla.

Viernes 20 de marzo de 2020

Ha sido una noche larga. No solo por lo tarde que se nos hizo ayer charlando y bebiendo en la distancia, lo cual no deja de ser llamativo, porque fue como si estuviéramos las cinco en la mesa del Money Peny un jueves cualquiera a.c. (nada que ver con el cristianismo que ni practico ni profeso. Con estas iniciales me refiero a antes del confinamiento). Cuando a las cuatro de la madrugada decidimos desconectarnos, me metí en la cama y no dejé de dar vueltas hasta esta mañana a las ocho que, cansada, me he levantado.

Si no he podido dormir ha sido porque mi mente ha estado velando a todos los padres que se marcharon ayer en su día y lo hicieron solos, en silencio, sin hacer ruido ni molestar. Quizá se fueron con miedo, con algo o mucho que decir a sus hijos, con la necesidad de expresar un último sentimiento, dar un consejo de última hora. Yo no soy creyente, pero sí lo son la mayor parte de los abuelos, esos que estos días se van de la manera más triste. Me pregunto si se habrán ido en paz, es decir, si habrán tenido a un cura cerca que les diera la extremaunción que, estoy segura, habrán ansiado.

También he acompañado mentalmente a todas esas familias, a esos hijos que no solo no han podido despedirse, sino que tampoco han tenido la oportunidad de recibir el consuelo de una madre, de un hermano, de un amigo. En consecuencia, no les ha sido posible darlo. Vivir todo este trago en la más absoluta soledad es duro, créeme, sé de lo que hablo.

Mis padres murieron en un accidente de coche hace ocho años. Tampoco yo pude despedirme de ellos, llegaron sin vida al hospital, pero sí les pude dar el último beso. Hoy tendrían setenta y cinco años, así que la parte positiva es que no tengo de quién preocuparme en esta crisis, porque hubieran pertenecido al colectivo más vulnerable. Además, mi padre era hipertenso y había sufrido dos infartos el año antes de morir. Él que pensaba que era más listo que la muerte, al final lo sorprendió en forma de joven borracho y drogado.

Hoy necesitaré café en vena. Tampoco veré a Max hasta el lunes. Día para borrar.

Sábado 21 de marzo de 2020

Anoche dormí a pierna suelta, el cansancio pudo conmigo. Como es sábado, hemos vuelto a quedar las chicas menos Mara que está de guardia. Son las tres de la mañana, pero no me dormiré hasta que no termine de escribir la última palabra de nuestra conversación. Ya sabes, sábado sabadete…

—Chicas, a ver, no me voy a andar con rodeos, así que voy directa al grano. Vamos a hacer un brainstorming sobre nuestras prácticas sexuales. Todas estamos haciendo algo, eso es evidente, solo hay que vernos las caras que tenemos y lo bien que estamos llevando este encierro —soltó sin más saludo Raquel.

Las risas pudieron oírse en Murcia.

—Esperad, vamos a terminar esa botella de vino que nos abrimos ayer. Esta noche promete —dijo Paz—. Nenas, brindemos por el sexo.

Nos acercamos a la pantalla de los teléfonos cada una con nuestra copa.

—Está bien —dijo Paz—. Para empezar, os diré que el sexo está sobrevalorado.

—Venga allá, no digas tonterías tía —la cortó Silvia—. El sexo es lo más importante en una relación, si eso no funciona, no lo hará nada.

—El cerebro es la primera herramienta sexual. Todo está en tu cabeza. Claro que es importante, pero hay más cosas y, sobre todo, podemos encontrar mucho más placer si usamos bien nuestro cerebro —replicó Paz.

—Yo estoy flipando con el sexting —irrumpió Raquel en la batalla dialéctica entre Silvia y Paz —. Nunca pensé que me haría fotos y vídeos con el móvil y me excitara enviarlos, la verdad.

—¿A quién se los envías, tía? —pregunté sorprendida. Debo reconocer que estaba descubriendo cosas que en mi vida había oído y ni mucho menos hecho.

—Pues a Juan, ¿a quién va a ser? El chico al que conocí en el Money el sábado a.c. motivo por el cual no hemos llegado nunca a acostarnos, porque a intimar te digo que intimas con esta práctica. Conozco ya cada lunar de su cuerpo.

—Chata, ten cuidado. No lo conoces y no sabes dónde puede acabar ese material. Mira lo que le pasó a la tipa esa, la concejala —dijo Paz.

—No soy tonta, quedamos a través de los chats privados de Telegram. Son canales con un cifrado especial que no nos permite hacer capturas, tampoco reenviar mensajes. Y lo mejor es que se autodestruyen. ¿Qué os parece?

—Raquelita, tienes mucho que aprender, querida —dijo Silvia—. Deberías tomar nota de la reina de las redes sociales de contactos.

—Pues estarás a dos velas ahora, maja —dije yo.

—¡Qué ingenua mi dulce Valery! Me lo estoy pasando mejor que nunca, tía. Estoy descubriendo unas cosas alucinantes y explorando nuevos campos.

—No estarás quedando con ningún tío, ¿no? Me preocupas —dije.

—Lo que a mí me tiene preocupada es mi banquillo de Tinder. Con lo que me ha costado tener a mis seleccionados y que se hagan a mí. Claro que no estoy quedando físicamente con nadie —protestó Silvia.

—Tienes cuarenta y cinco años, ¿no te apetece formalizar una relación? —pregunté.

—A ver, Valery, no todas somos como tú. Yo me casé, soy madre y tengo pareja, pero cada uno en su casa es más sano. Así, las parejas funcionan mejor —dijo Paz.

—Yo odio a los niños y adoro a los hombres. ¿Por qué quedarme solo con uno? —rio divertida Silvia—. Bueno, dejad que os cuente porque he empezado a practicar el telesexo, ¡flipad! He probado con Matías, el titular de mi lista, unos juguetes eróticos que son lo más. Uno se activa mediante un mando a distancia y el otro con una aplicación en el móvil.

Silvia siempre se supera. Es capaz de captar mi atención y escandalizarme a partes iguales.

Para saber qué ocurre con la historia de Valery y Max tendrás que esperar a septiembre. Si quieres recibir cada semana en tu correo un nuevo artículo, estar informado sobre mis novelas y conocer la fecha exacta de publicación de Diario de un amor confinado, no olvides suscribirte.

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Si te gusta la novela histórica y quieres descubrir los entresijos y orígenes más cercanos de los Borbones, te doy la bienvenida al reinado de Alfonso XIII. La novela En los ojos del rey la tienes disponible en tu librería habitual, también puedes adquirirla pinchando en el enlace del título.

Diario de un amor confinado (III)

Dicen que la realidad supera en ocasiones a la imaginación. Podemos constatar que así es tras vivir tres meses completamente encerrados para protegernos de un virus al que ni vemos ni queremos ver.

Diario de un amor confinado es una novela romántica donde tanto el contexto como los diferentes tipos de amor y relaciones personales se ajustan a la más estricta realidad.

Aquí puedes leer las dos entradas anteriores:

Diario de un amor confinado (I)

Diario de un amor confinado (II)

Lunes 16 de marzo de 2020

Hoy he vuelto al supermercado. Confieso que no necesitaba nada porque el otro día compré más cosas de las que podré comer en toda la cuarentena. Reconozco que la presión me influyó. La gente arrasaba las estanterías de manera enfermiza llenando los carros de ¡rollos de papel higiénico! ¿Para qué? Quizá sea un repelente del virus, si llenas tu casa de papel, el virus no podrá entrar.

¿Para qué he ido entonces a ese lugar que hasta el sábado me repelía? No puedo escribir un diario, que en principio solo leeré yo, mintiendo. Quizá algún día alguien más se asome por él porque me atreva a publicarlo. Mejor aún, quizá, me lo pida una editorial importante o revista y no pueda negarme. Bueno que me desvío y no me respondo. Sí, fui al supermercado para ver al chico sin nombre de momento.

No estaba. Lo he buscado en cada pasillo: carne, pescado, lácteos, pastas, perfumería. ¡Hasta he probado cuatro colonias por si aparecía! He estado a medio minuto de que el tipo de seguridad me echara por permanecer más tiempo del debido en el establecimiento.

Hoy día de mierda. No lo conozco, pero tengo necesidad de verlo.

Lo único bueno ha sido la cerveza virtual que hemos tomado las chicas.

Mañana volveré y si me lo encuentro, le daré mi teléfono.

Ah, y descubriré su nombre.

Fallecidos por covid-19: 21.

Martes 17 de marzo de 2020

Hoy he pasado todo el día escribiendo el artículo del viernes para la revista y he comido con Mara y Silvia. Mientras veíamos las desalentadoras noticias con los terribles datos que han terminado dejándonos mal cuerpo.

Por la tarde he bajado a la farmacia a comprar paracetamol y mascarillas. Misión imposible esto último: agotadas. No hay ni en el mercado negro.

Sigo pensando en él, no puedo olvidarme de esa sonrisa perfecta. Seguro que se ha hecho un blanqueamiento de dientes como el de Mara del verano pasado. ¿Cómo se llamaba? Ah sí, Zoom, como la aplicación.

Fallecidos: 182.

Miércoles 18 de marzo de 2020

Esta casa se me va a caer encima un día. Mis pesadillas se harán realidad. No soporto la soledad.

Voy a ducharme y bajaré al súper. Quizá haya suerte y me encuentre con el chico sin nombre de momento. Empiezo a sospechar que no es amor sino obsesión. Claro que no puede ser amor, el amor es mucho más fuerte, sobre todo, aparece cuando hay una persona o incluso animal que recibe y da. Lo sé, me estoy volviendo loca.

He vuelto del súper. Necesito escribirlo. Estoy feliz, muy feliz. Max, se llama Max.

—He vuelto a verlo —les dije a las chicas en cuando nos conectamos las cinco a la videollamada.

—Uhhhh, tu vida amorosa es un parque de atracciones, ¿eh? —dijo Silvia.

—Sí, pero la parte infantil —añadió Paz y todas reímos.

—Max, el chico sin nombre de momento se llama Max —dije del tirón, sin respirar y apretando los ojos cerrados.

—No jodas, tía. ¿Le has preguntado cómo se llama? Por favor, cuenta cómo ha sido. Esto es muy fuerte, todos confinados y tú ligando en el súper —dijo Raquel riendo con fuerza.

—Os basta con el nombre. Prometí que me enteraría y lo he hecho. Lo importante es que desde que lo vi no he vuelto a pensar en Rafa. Max ha cerrado una etapa de mi vida. Y mañana hemos quedado en la panadería del Gastamenos.

—No me lo puedo creer. Vuestra primera cita será entre panes recién horneados y tartas congeladas de Winnie de Pooh —rio Silvia.

Decidí que no les contaría, al menos por el momento, cómo descubrí su nombre y le di mi teléfono. Bastantes risas les había regalado ya hoy.

Por fin Valery ha descubierto que el chico sin nombre de momento se llama Max. Lo que todavía no sabe es que les va a cambiar la vida más de lo que jamás pudieron imaginar. Si quieres saber cómo continúa Diario de un amor confinado, suscríbete al blog para recibir en tu correo la siguiente entrega el próximo viernes. Mientras, puedes leer mi novela En los ojos del rey y descubrir los entresijos de la vida y reinado del bisabuelo de nuestro rey. Si pensabas que la monarquía está protagonizando su papel más escandaloso, estás muy equivocado.

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Diario de un amor confinado (II)

Esta semana, puedes seguir leyendo mi nueva novela en el blog. Pincha aquí para leer el principio.

Sábado 14 de marzo de 2020

Mi frigorífico hace eco. Soy muy poco mañosa en la cocina. Rafa, sin embargo, cocinaba fenomenal, por eso, cuando nos dividimos las tareas domésticas al comenzar la convivencia, decidió que lo lógico sería que también se encargara de hacer la compra.

Esto tiene que cambiar, no puedo pasar toda la vida lamentándome, las chicas tienen razón. Rafa es pasado. Yo soy joven y no estoy mal, aunque hace tiempo que dejé de ir al gimnasio, tanto que no recuerdo si llegué a ir, y no ayudo mucho con la alimentación. Hace exactamente seis meses y tres días que solo consumo comida basura y, además, sin horarios.

Pero ya está bien. Hoy comienza mi nueva vida y voy a empezar por la alimentación. Ahora mismo bajaré al súper para hacer una gran compra. Total, es a lo único que puedo salir y me ahoga demasiado esta casa sin su presencia.

Domingo 15 de marzo de 2020

—Pero qué horas son estas de llamar, tía. —No podía esperar un saludo más efusivo de Paz a esas horas. Yo lo sabía—. Pero si solo son las siete de la mañana. Espera, ¿has intentado suicidarte? —preguntó sobresaltada. Es como si la viera, seguro que habría pegado un salto de la cama y estaría dando vueltas por la habitación asustada mientras esperaba que yo pronunciara alguna palabra que la pudiera tranquilizar. Ah, esta pregunta tiene una explicación de peso y es que la última vez que la llamé a horas que ella define como indecentes (lo que sucedía bastante a menudo desde que se hizo oficial mi separación), me hizo prometerle que jamás de los jamases la llamaría antes de las diez de la mañana. Solo había una excepción, que hubiera intentado quitarme la vida y en el último momento me hubiera arrepentido. Entonces sí podía llamarla, que para algo era mi mejor amiga.

—Tranquila, estoy bien. Pero es importante lo que tengo que decirte. Espera, que te hago una videollamada.

También añadí a la conversación a Mara, diminutivo de Maravillas, otra que también se unió a la moda del cambio de nombre durante la adolescencia, a Silvia y a Raquel.

—Bueno, chicas, ahora que estamos todas tengo que daros una noticia. Ayer decidí que daba el pistoletazo de salida a mi nueva vida y fui al supermercado a hacer una compra en condiciones, nada de procesados y comida basura —comencé.

—Sí que es una gran noticia, una primicia diría. Pero por tu bien, dime que hay alguna una razón relevante para que os esté intuyendo la cara tras las legañas —pidió Raquel.

—He conocido a un chico —dije pronunciando cada palabra del tirón, sin respirar y apretando los ojos cerrados.

—¿Dónde?

—¿Cuándo?

—¿Cómo se llama?

—En el Gastamenos. Ayer haciendo la compra de la que os he hablado y no sé su nombre.

—Vale, confirmado. Estás fatal. La separación te está afectando más de lo que creía —dijo Mara.

—No lo entendéis, me he enamorado de ese chico. Pensaba que no podría volver a enamorarme. Es más, creí que jamás podría sentir nada parecido por otro hombre que no fuera Rafa. Y desde que lo he visto ya no se me va de la cabeza. Nunca me había mirado así un tío —insistí.

—A ver, Valery, cariño, ¿cómo te lo digo? De las cinco, tú eres la idealista, la abanderada del amor cortés, la monógama. Estamos de acuerdo, pero esto ya es demasiado —dijo Silvia.

—No me crees, vale. Está bien. Os demostraré que me he enamorado y a ese chico sin nombre de momento, yo le he gustado —dije.

—A ese chico sin nombre de momento lo que le ha gustado son esas tetas que te regaló Rafa. Sube el teléfono, por favor, que las veo más a ellas que a ti en la pantalla —me pidió Paz.

Todas reímos y terminamos desayunando juntas, aunque cada una desde su casa. Esta modalidad tenía toda la pinta de que se iba a convertir ya en una costumbre.

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Diario de un amor confinado (I)

Hoy os traigo un regalo. Quiero compartir con todos los lectores, mi última novela, «Diario de un amor confinado». Una novela romántica que se gestó de la manera más imprevista y nació tras un periodo tan complicado como atípico.

¿Te has planteado cómo ha sido el amor entre parejas que no conviven y han respetado el confinamiento? ¿Qué papel han desempeñado las nuevas tecnologías? Quizá hayas sido una de ellas y te sientas identificado con alguna de las protagonistas de la novela.

Valery, Mara, Silvia, Paz y Raquel, cinco mujeres y cinco maneras distintas de entender el amor en un momento difícil que pasará a la historia.

El año 2020 nunca lo olvidaremos, estará marcado en los calendarios de todo el mundo. En mayor o menor medida será un hito en la historia de la humanidad.

Por desgracia, dejará huella solo en una parte de la población, porque la otra tiende al olvido con facilidad. Más pronto que tarde, con el buen tiempo y las vacaciones, muchos serán los que entierren estos meses en el baúl de los recuerdos olvidados.

Este no es un libro para juzgar a nadie, sí para desenterrar alguna sonrisa entre tantas lágrimas vertidas. ¿Cómo? Mostrando los diferentes tipos de amor entre parejas que no conviven. Todo ello, dentro de un momento tan atípico como complicado.

El amor en época de confinamiento.

Prólogo

Soy Valeria, aunque mis amigas me conocen como Valery por la típica tontería adolescente.

Como periodista me encanta escribir, pero no soy una escritora de éxito como tantas compañeras de mi generación, tampoco escribo reportajes para periódicos relevantes ni mucho menos tengo un programa diario. Desde hace algo más de cinco años escribo para una revista de moda y decoración un artículo semanal, además tengo una sección una vez por semana en el canal «Cosas de hogar». Como dice mi mejor amiga, Paz, soy la chica de la semana.

Desde mi primer día en la facultad acostumbro a escribir un diario. Cada noche, antes de acostarme, plasmo por escrito las impresiones del día, las anécdotas o las desgracias. Últimamente mi vida no es muy interesante.

Es importante que te hable de Rafa. Nos conocimos en la universidad y nos hicimos inseparables. Bueno, inseparables no es la palabra adecuada, porque ahora estamos separados. No llegamos a casarnos porque no creo en las bodas de cuento de hadas y mucho menos en el matrimonio, pero en cuanto terminamos la carrera nos fuimos a vivir juntos. Tras seis años de convivencia el amor se desgastó, se rompió de tanto usarlo, qué sé yo. En realidad, sí lo sé. Me coronó como a una reina. Lo peor es que lo hizo con una joven colaboradora de un programa de corazón del que era director.

Cuando creía que mi mundo no se podía desmoronar más y no podría sentirme más sola, empezaron a llegar noticias inquietantes de un extraño virus que tenía su origen en China y que comenzaba a hacer acto de presencia en Europa: el Covid-19. Cada vez se escuchaban más y más datos de posibles reacciones por parte de nuestro Gobierno, pero no se llegaban a materializar. No sé si por mi condición de periodista, por miedo, por curiosidad o por simple aburrimiento —te recuerdo que no tenía nada mejor que hacer— cada noche leía todas las noticias que se publicaban sobre Italia, que iba a la cabeza de Europa en contagios, para contrastar datos. Estaba segura de que España viviría una trayectoria muy parecida a la de nuestros amigos italianos. No entendía cuál era el motivo por el que no estábamos actuando ya.

Al final, ocurrieron cosas, de hecho, una cantidad ingente. No solo al país, sino también a mí. Viví situaciones que jamás hubiera imaginado. Mis amigas también sufrieron un cambio radical en sus vidas.

Me encantaría salir de este anonimato periodístico en el que me encuentro. No hace falta que te diga que mi sueño sería ser famosa, que me conocieran por la calle por mi profesión. Hubo un momento de mi vida en el que me hubiera conformado hasta con ser colaboradora de un programa de corazón. Es por este motivo por el que me atrevo a compartir con todos vosotros mi historia y también la de las personas que más quiero y que nunca me han fallado: mis mejores amigas. Gracias a ellas es posible que, algún día, este diario lo veas convertido en libro. Al fin y al cabo, está de moda vender la vida personal.

Viernes 13 de marzo de 2020

Primero fueron los niños. Se cerraron los colegios. Dicen que los niños son los principales focos de expansión del virus. Hoy ya es oficial, los rumores se hacen realidad. El Gobierno declara el estado de alarma. Y mi alarma interna se dispara entonces. Esto parece más grave de lo que nos quieren hacer ver. ¿Nos estarán diciendo la verdad? Siento miedo, mucho. No tengo claro qué puedo hacer y qué no. He llamado a Paz. Ella también vive sola, me refiero a que no comparte casa con su pareja, porque sí que vive con las dos hijas que tuvo con su ex marido. Su motivo es diferente al mío, en su caso ha sido ella quien ha decidido que cada uno tenga su lugar. No soporta compartir espacio con un tío, según sus palabras.

—Hola, guapérrima. ¿Qué te cuentas?

—Hola, Paz. ¿Lo has visto? Estamos en estado de alarma. Qué fuerte.

—Ya te digo. Tarde me parece, no te creas.

—Estoy un poco asustada y esto me desestabiliza. Vuelvo a echar de menos a Rafa.

—Joder, nena, que lo estabas superando. No retrocedas. Es un cabrón, olvídate de él, sabes que te mereces algo mejor que al rey de la pasión.

—Lo sé, lo sé, pero es que me siento perdida sin él después de tanto tiempo juntos —intenté justificarme.

Llamar a Paz era la clave, porque siempre sabía qué tecla tocar. Al final, terminamos las dos riendo a carcajadas mientras tomábamos una copa online.

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Si prefieres la novela histórica, una buena opción es En los ojos del rey.

Ciudad de portada

Uno de mis lugares favoritos de Cartagena es el Faro de Navidad o, como popularmente se le conoce, el faro rojo. Si existe un lugar especial en la ciudad que me vio nacer, sin duda, es ese. Por este motivo, la historia más bonita de mi primera novela «En los ojos del rey» tiene este escenario como lugar destacado. Cartagena, una ciudad de portada.

Por ser un enclave único y mágico, en este otro artículo te explicaba por qué es tan especial para mí, no solo aparece a lo largo de la novela, sino que ese faro ilustra la portada.

Acuarela de Antonio Martínez Cendán y portada de En los ojos del rey.

A la derecha de la bocana del puerto, en Poniente, encontramos nuestro faro. Este descansa sobre sus once metros erguido junto a un fuerte de estilo neoclásico, una edificación que comenzó en el siglo XVII en el que podemos diferenciar dos partes; en el lado izquierdo, el edificio tiene dos plantas donde están las piezas de artillería y el polvorín. Se trata de ocho casamatas comunicadas por un pasillo. Aquí, tiene lugar una de las conversaciones del Alfonso XIII de la novela con Juanito.

Cuando leo una novela, me gusta buscar en Internet imágenes de los principales lugares que se describen, por eso, me he animado a escribir este artículo. Quiero que conozcas un poquito mejor la ciudad en la que nací y uno de los escenarios más relevantes de la novela.

El Fuerte de Navidad de Cartagena.

—¿Cómo está la situación por Madrid? —me preguntó sin rodeos—. Aquí son muchas las largas noches de guardia que pasan los oficiales y hablan. Hablan mucho porque son muchas las dudas y los temores ante la política y problemas que se están viviendo en toda la Península. Desde mi torre de oro, entienda que oír oigo un poco de todo.

—Desde el comienzo de mi reinado han sido tantos los momentos convulsos que creo no recordar los tranquilos. Ahora dudo de que los haya tenido, pero en peores plazas hemos toreado, Juanito. No hay nada que temer, pese a las revueltas sociales e inestabilidad política, todo está ordenado.

—Y el corazón, don Alfonso, ¿está ordenado?

Yo me revolví en la casamata sobre la que me había apoyado y encendí un nuevo cigarrillo con una sonrisa de medio lado, de esas nerviosas.

—Probé muchas mujeres, patrias y foráneas, salté de lecho en lecho, artistas, aristócratas, de la realeza, de la pobreza, me casé y odié. Pero, al final, puedo decir que he encontrado al amor de mi vida. Carmela me tiene preso de su cuerpo, embrujado el sentido. Mis intenciones si pudiera, ¡ay, si yo pudiera! La hacía reina, reina de España, reina de mi vida y de mi corazón. Es el gran amor de mi vida.

En los ojos del rey. Extracto del capítulo 13.

Estas casamatas son de piedra y ladrillo. En el centro se encuentra el polvorín sin abertura al exterior y con dos zonas: una de trabajo y otra de almacén.

En el lado de la derecha están la cocina, la despensa y las letrinas.

A esta cocina fue invitado por los artilleros de guardia a guarecerse del frío el rey Alfonso XIII.

A principios de 1903, en cuanto tuve oportunidad, organicé mi primer viaje privado a Cartagena y una fría y lluviosa mañana de enero me presenté en el fuerte de Navidad para conocer al farero.

—Majestad, es una grata sorpresa su presencia. Nos complace enormemente, esta, su primera visita a este fuerte. ¿En qué le podemos servir? —dijo uno de los oficiales de guardia que iba ataviado con la guerrera bien abotonada y cubierto con una capa que hacía las funciones de manta para protegerse de la terrible humedad de la zona.

—Vengo en visita privada. Deseo conocer a la persona que guarda el faro.

—Disculpe, Majestad, ¿se refiere al farero?

—¿No es usted español? Creo que me he expresado con claridad —le contesté.

—Disculpe, discúlpeme. Ahora mismo… ¡cabo Aranda! Rápido. Que baje Juanito. ¡Ya! —Articuló con nerviosismo y sin saber que más nervioso me sentía yo que él. Noté un culebreo por mi espalda que hizo que me estremeciera. Había dicho Juanito. Ahí estaba mi J.

—Señor, el día no acompaña, no deja de llover y hay mucha humedad. Por favor, acompáñeme a las cocinas y tome algo caliente.

Mientras caminábamos por el patio que nos conducía a una pedregosa cuesta que llegaba a las cocinas, todo el regimiento de infantería de marina me saludaba acercando sus manos a la frente y estupefactos por mi presencia.

No me habían terminado de servir el café cuando Juanito ya estaba cuadrado ante mí, haciendo una torpe reverencia con su gorra en la mano derecha a la vez que me decía —Majestad, me han dicho que me buscaba. A su servicio siempre. Usted dirá en qué puedo ayudarlo.

Yo le tendí la mano para saludarlo y noté el frío de su cuerpo. Sus manos estaban ásperas y rugosas, eran anchas y más grandes que las mías.

—He venido hasta aquí porque necesito hablar con usted. Es un asunto personal, por tanto, debe ser en privado.

En los ojos del rey. Extracto del capítulo 18.

La lectura de la novela con estas fotos y reseñas, será más visual todavía. Si vas a Cartagena, ya sabes que esta es una visita obligatoria porque, además, es toda una experiencia realizar la visita llegando en el barco turístico de la ciudad.

La experiencia es doblemente gratificante si antes has leído «En los ojos del rey» que puedes comprar pinchando aquí. Si lo quieres firmado y con marcapáginas de regalo, pincha aquí.

Cartagena, una ciudad de novela, una ciudad de portada.

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