Categoría: Lengua

Lengua, ortografía, léxico, gramática…

Palabras y virus

Un virus que, entre muchas otras cosas, nos trae palabras nuevas.

Los últimos días del año —sí, ya estoy pensando en el mes de diciembre— siempre aparece la palabra que más se ha usado, la que se denomina «palabra del año». Creo que este año, la ganadora será coronavirus porque, además, es la palabra más repetida en el mundo entero; sin embargo, en España podría competir con resistiré. Aunque muchos se han rendido ya, han dejado de resistir, bien porque han pasado como se dice coloquialmente a mejor vida, bien porque ya estaban cansados de resistir encerrados y se han lanzado a la calle y bares como si les fuera la vida en ello.

Pero vamos a volver a las palabras que al final me voy por donde no quiero.

Bien, lingüísticamente hablando, el coronavirus nos ha traído una gran variedad léxica que la RAE tendrá que estudiar si la incluye en el diccionario o no, también otras palabras que quizá nunca habías usado o lo habías hecho poco han empezado a formar parte de nuestro día a día.

Para empezar, llegó a nuestras vidas el nombre de un virus: covid-19 y aprendimos que pertenece a la familia de los coronavirus.

Todos hablábamos del covid o coronavirus en masculino, hasta que de repente, empezamos a escuchar en las noticias que se habla de la covid en femenino. Debo reconocer que pensé que también íbamos a implementar en esto el lenguaje inclusivo, pero algo no me cuadraba. No sé si te has fijado que solo se habla en femenino en situaciones que no implican negatividad. Me explico: “españoles y españolas entramos todos y todas en esta crisis y saldremos juntos y juntas”, sin embargo, “el número de contagiados y fallecidos ha aumentado” ¿Cómo? ¿solo en masculino? ¿solo se contagian y mueren hombres?

Vale, sigo, que este no es el tema. Ya sabes que me gusta mucho la RAE, por eso recurrí a ella para saber qué motivo hay para hablar en femenino. Y he aquí la explicación. COVID-19 es el acrónimo de “COronaVIrus Disease” que da el nombre a la enfermedad que provoca este virus. Por tanto, teniendo en cuenta que hace referencia a la enfermedad, lo correcto es el empleo del artículo femenino. Ahora bien, si hacemos referencia a la palabra coronavirus como un virus, entonces empleamos el masculino.

Género aparte, nos hemos convertido en estos dos meses en unos entendidos en los PCR y EPI.

Una palabra que es el pan nuestro cada día y con la que nos hemos familiarizado es sin duda, confinamiento.

Confinar: recluir dentro de unos límites.

En consecuencia, dentro de esta situación de confinamiento, hemos empezado a practicar el teletrabajo para intentar por todos los medios no entrar en el ERTE que casi todas las empresas están aplicando.

Gracias al cielo y a los ingenieros, contamos con medios de telecomunicación para poder relacionarnos con nuestro círculo de amigos y familiares a través de las videollamadas. Las aplicaciones Zoom y Teams se han convertido en las grandes salvadoras de las reuniones empresariales y docentes. Gracias a ellas, los peques pueden continuar su aprendizaje desde casa y los padres trabajar como buenamente pueden mientras explican mates, arreglan la conexión interrumpida o solucionan un conflicto entre hermanos.

Muchas son las palabras que han nacido con el virus. Otras, que aunque no son nuevas, se convierten en virales. Clic para tuitear

Tras dos meses de confinamiento llega el momento de comenzar a salir de manera ordenada para no colapsar otra vez los hospitales. De esta manera, nos encontramos con una batería de palabras como: colapsar, respiradores, hospitales, UCI, médicos o sanitarios.

Lo dicho, que hay que empezar a volver a la normalidad, mejor aún, a la nueva normalidad. Y aquí me derrapa el cerebro, si algo es nuevo no puede ser normal, porque lo nuevo aún necesita un tiempo para que llegue a ser considerado normal. ¿Estás de acuerdo?

Por otro lado, si lo que estamos es confinados y no hemos escalado ninguna montaña, ¡qué más hubiéramos querido!, ¿por qué hablamos de desescalada? Deberemos empezar un desconfinamiento, no una desescalada. ¿Estás de acuerdo?

Por supuesto, no podemos olvidarnos de los hashtag #YoMeQuedoEnCasa, #LoEstamosConsiguiendo, #yoelijoserresponsable.

También hemos aprendido geografía, porque supimos que en China hay una ciudad tan grande como toda España que se llama Wuhan.

Cómo cambian las cosas en tan poco tiempo. Hace unos meses te decía que era una viejuna hablando y hoy me encuentro empleando palabras nuevas, de plena actualidad.

Pero, fundamentalmente, me quedo con una palabra que no pasa de moda y que siempre estará con nosotros: GRACIAS.

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Género o sexo

Yo soy mujer, no tengo género. Yo tengo sexo.

Él es hombre, tampoco tiene género. Él también tiene sexo.

Las palabras tienen género y las personas sexo. Clic para tuitear

Si tenemos clara la diferencia entre género y sexo, ¿por qué políticos, entre ellos la ministra Irene Montero, se empeñan en hablar en femenino cambiando las normas de la gramática? Porque solo se trata de eso, de una cuestión gramatical y así lo ha manifestado la RAE «institución con personalidad jurídica propia que tiene como misión principal velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico«.

Pero supongamos ahora que dicha institución acepta tal petición y cambia todas las normas gramaticales de la lengua española en favor de esta corriente feminista. ¡Conseguido! Volvamos al grito de guerra ¡Sí, se puede! Todas las televisiones interrumpen sus programaciones para dar la noticia; la ministra de igualdad ofrece una rueda de prensa; los telediarios abren con la gran noticia. Es más, se consigue que todos, absolutamente todos y todas los españoles y las españolas hablemos a trompicones usando ambos géneros. Por cierto, pregunto yo ¿dónde quedó la economía lingüística? Ah, es verdad, la economía importa poco pudiendo dedicar nuestros esfuerzos a cambiar lo que menos importa: las palabras.

Vamos a hablar en femenino que así la mujer se siente incluida, valorada o tenida en cuenta. Es una cuestión lingüística. Lo demás está de más. Clic para tuitear

Vale, ¿visualizas la idea? Ahora, con total sinceridad dime que vivirías mejor. Quien escribe estas líneas no, la verdad. Porque seguiré luchando igual por conciliar la vida familiar y laboral, me enrabietaré cuando vea que una chica es violada por una manada cuestionándose además si se trata o no de violación, lloraré cada día que haya una menos, me romperé la cabeza pensando en la pensión futura. Mi vida seguirá igual, no habrá cambiado nada. Claro, pero esto lo pienso yo que soy algo raruna.

Fíjate lo retorcida que soy que veo la defensa de la mujer en el cambio, pero en el que siento, en el que percibo y vivo. Solo hay un problema, ¿sabes cuál es? Que lleva mucho trabajo, mucha dedicación y esfuerzo. Yo pido que, en mi nombre, el de una mujer, cambien las leyes y se hagan cumplir, pido que se luche por conseguir esa conciliación familiar que todos deseamos. Porque ya que estamos, vamos a ser sinceros, en España hoy si eres un gran profesional no puedes ser un gran padre y viceversa. Es sencillo, no somos máquinas y no podemos abarcar todo a la perfección, no podemos estar en todos los sitios todo el tiempo que se nos requiere. Si eres de los que crees que sí, enhorabuena.

Pero vamos a seguir con el tema que nos ha traído aquí, que al final me voy por los Pirineos de la izquierda como decía un profesor mío. Ese tema no es otro que la lengua y su género, insisto, nada que ver con el sexo.

Lo más probable es que consideres todo esto una perogrullada, pero hoy, en los años veinte del siglo XXI, algunas cosas que se suponían evidentes no lo son. Hay un gran desconocimiento de nuestra gramática. O no, como muchas veces he dicho, creo que empleamos la lengua como vehículo para hacer demagogia.

Yo no solo soy mujer, no, ante todo soy una persona y como tal, como un ser humano con independencia de mi sexo tengo opinión y también necesidades, miedos e incluso deseos.

Además, de ser humano femenino, también tengo una profesión; soy filóloga. Quizá se deba a esta condición que, al escuchar a la nueva ministra, Irene Montero, en su discurso en la posesión de su cartera como ministra de igualdad, los ojos se me hayan abierto hasta casi salir de sus órbitas y mis orejas crecieron pareciéndose a las del lobo de caperucita. Supongo que no fui la única que sintió con sus palabras como el frenazo de un tren de mercancías viejo. Si hablamos del Ministerio de Igualdad, ¿cómo es que la ministra dice que va a ser un ministerio de la mujer y feminista? El término igualdad al que hace referencia quiere decir lo siguiente: “principio que reconoce la equiparación de todos los ciudadanos en derechos y obligaciones”.

Cuidado con caer en el hembrismo. La solución no está en quítate tú que me pongo yo. Clic para tuitear

No voy a entrar en si me parece bien o mal lo que vaya a hacer con dicho ministerio, antes hablaría de si son o no necesarios 22 ministerios que pagamos todos, pero sí quiero defender la lengua porque fundamentalmente me apetece. Señora ministra, si usted quiere un ministerio de mujeres y para mujeres, créelo, total uno más que menos no se va a notar, pero no utilice mal su denominación. Llámelo ministerio de la mujer, feminista, arriba la Esteban o como le plazca. Está claro que no tiene muy clara la función del ministerio que pasa a presidir, esto también me preocupa.

Ministerio de Igualdad: lucha por que la mujer tenga los mismos derechos, beneficios y obligaciones que el hombre.

No voy a ser yo como fémina, quien ponga palos a las ruedas del avance en defensa, visibilidad e incluso protección de la mujer. Tampoco voy a entrar en qué es el feminismo o cómo yo lo entiendo, porque esto último no le interesa a nadie más que a mí. Pero seguimos para bingo porque ahora tenemos “Consejo de Ministras” que la RAE ya se ha pronunciado para advertir de su incorrección. Vamos a dejar que cada especialista se ocupe de su materia y los políticos que se dediquen a hacer efectivos los cambios sociales necesarios desde las instituciones públicas que son su competencia.

La mujer tiene sexo femenino, su guitarra género femenino.

En serio, ¿a ninguna mujer más le chirría este tema? ¿Es más importante o tan importante la terminología que el hecho de provocar cambios reales que nos afecten en nuestra vida y en el día a día? No sé a ti, pero en mi caso, yo sigo con los mismos problemas al final del día con independencia de la «inclusión» lingüística. Bueno, con los mismos y uno más, porque termino enfadada cuando veo que nos tratan como a tontas (y lo digo en género (no sexo) femenino porque es solo a nosotras) o ¿alguna es más feliz y le resuelve la vida que una ministra se refiera al grupo en femenino?

De verdad, vamos a espabilar y dejar a un lado la demagogia, pidamos hechos, soluciones, cambios en las leyes, en definitiva, todo aquello que no está en nuestra mano y sí en la de los políticos porque es su trabajo.

Es innegable que hay una lucha y debe haberla para acabar con el machismo, creo que es algo en lo que todos estamos de acuerdo. Pero no nos engañemos, el verdadero machismo nada tiene que ver con la gramática o la lengua; sí con la cultura, la sociedad y, sobre todo, la educación.

En general, los ismos no son buenos y el movimiento en defensa de los derechos de las mujeres, el feminismo, hoy lo estamos convirtiendo en otro ismo aunque en origen y esencia sea positivo. Y es que se sitúa en el extremo opuesto del machismo y nos olvidamos de lo que de verdad estábamos defendiendo: la igualdad. Pero tengamos en cuenta una cosa: no somos iguales ni física, ni mental ni sentimental ni casi nada que termine en mente. Y este es el gran problema, ya no buscamos la igualdad que de verdad era viable (trabajo, labores domésticas, salarios…) ahora buscamos la supremacía empleando el término feminismo. Como resultado hemos conseguido que esto sea un quítate tú que me pongo yo.

Sin duda, la lengua es la mayor arma electoral porque a través de la palabra se hace la política. Pero las palabras se las lleva el viento y las acciones y hechos son los únicos que se quedan y pasan a la historia.

Finalmente creo que me he metido en más jardines de los que me hubiera gustado pisar. Respeto todas las opiniones y no voy a entrar a debatir con nadie, porque no es debatible, es así, yo no inventé la gramática. Lo demás, cada cual con sus ideas y colores. Por la lengua yo no mato, pero sí alzo la voz.

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Campaña de eufemismos

Que estamos en campaña, sí, ¡qué emoción! Otra vez a gastar dinero público, a contar mentiras tralará, a prometer, a discutir, a hablar mucho… vamos, lo que le gusta a cualquier español de a pie. ¡Ah! Que a ti no, bueno, no te preocupes porque también vas a aprender. Sí, yo estoy emocionada porque vamos a aprender una cantidad de eufemismos muy importante.

Es lo que tiene la política española que, otra cosa no, pero la lengua la mueve que cómo la mueve. Qué placer de movimiento. Descubre tanto que desconocías que al final hasta lo gozas, porque cuando creías que no podría sorprenderte más, lo hace. Y vamos a dejarlo aquí para no ponernos sicalípticos con tanto movimiento y placer porque hoy he venido a hablarte de lengua española, pero en concreto de los eufemismos.

¿Qué es un eufemismo?

Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante.

Así define la RAE la palabra eufemismo.

Nuestros políticos que adoran la lengua española y no nos quieren hacer daño optan por su empleo en cada campaña, crisis o en cualquier momento, la verdad.

Como si cada español fuera un coche de carreras y España el circuito de Suzuka o de Mónaco (yo me pido ser Ferrari, tú puedes ser Mercedes si lo prefieres), de pronto, nos vemos sometidos a una desaceleración o frenazo, pero no crisis. Por ello, por la negación de la crisis, no hemos sufrido ningún recorte, simplemente hemos sido austeros. Vamos, que la austeridad ha salido de nosotros, una iniciativa personal.

Entre tanto, hemos visto cómo se producía una movilidad exterior por parte de millones de jóvenes altamente preparados porque lo de emigrar es de períodos de guerra o de los negritos de África, pero un español del siglo XXI no emigra. De todos modos ya nadie es emigrante o inmigrante. Como mucho es migrante, como los gallegos, uno no sabe si vienen o si van.

Por suerte, después de la tormenta siempre llega la calma, como diría Alejandro Sanz, y empezamos a ver brotes verdes (unos veían más que otros) y los mirábamos crecer día a día como asistimos al crecimiento de un hijo. Sin embargo, sus padres socialistas se marcharon (o los echaron, ya no me acuerdo), entonces dejaron la custodia de aquellos pequeños a unos tíos lejanos del PP y nació una pequeña flor de invernadero. Ya sabes, cuando adoptamos, sentimos la necesidad de poner el nombre que nos gusta.

Ahora lo importante es establecer cordones sanitarios (expresión que, por cierto, se gestó en la Guerra Civil rusa) que nos diferencien bien a unos de otros, porque hay líneas rojas que no vamos a cruzar. Entonces, yo que soy muy hipocondríaca, me hablas de médicos y cambio de canal. ¡Anda, Telecinco! Aquí no hay política ni noticias fuera de su horario, lo cual está bien, porque tiene que haber para todos los gustos. Y durante las tardes, Sálvame es el rey de la parrilla. Inamovible, fijo como los trabajos que hoy escasean, sin pelos en la lengua. Para, para, para, porque sí que tiene pelos en la lengua, una melena digna de la Pantoja.

Cuando la política y Sálvame tienen tanto en común. Clic para tuitear

Aquí también reinan los eufemismos. ¿El motivo? El horario protegido, pero no por respeto al menor, más bien por respeto al bolsillo. Si no se ajustan a ese horario, catapúm, toca pagar multa. ¿Ves? Ellos no nos engañan, son sinceros y si no fuera por el poderoso caballero que es don dinero, seguirían con Sálvame sin acompañamiento de ninguna fruta.

Así que cuando escuchas que el famoso en cuestión es desleal a su señora esposa y la adorna con elementos floridos con una princesa, no es otra cosa que le ha sido infiel y le ha puesto los cuernos con una puta.

Lo que no saben en el cortijo de Jorge Javier es que la palabra puta (del latín putta), antaño, fue un eufemismo de “mujer pública”. Esto lo explica muy bien el lingüista Bolinger a través de la teoría del dominó, según la cual, algunas palabras que sustituyen a otras porque suenan mal tienen una vida limitada, ya que son depuestas al absorber la fuerza peyorativa de la anterior.

Espero que me inviten algún día a un agua con misterio para agradecerme la aportación que les acabo de hacer.

Volviendo al tema más candente de la actualidad (actualidad que se está alargando demasiado en el tiempo ¿cuántas veces hemos dicho ya lo que queremos?) Pues eso, ¿sabes ya a quien vas a votar?

Yo lo tengo claro, al que más eufemismos emplee esta campaña. O igual no voto y me quedo viendo Sálvame porque hay una diferencia importante entre reírte de alguien y que se rían de ti.

Si has llegado hasta estas líneas, te ha gustado lo que te he contado. No seas avaricioso y comparte para que otras personas también puedan disfrutar de este maravilloso artículo 😉 y de la campaña de los eufemismos. Y no olvides suscribirte:

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Lenguaje de abuela

—Por favor, mamá, no hables como una abuela —me dijo mi niña bonita (once años) con sus ojos bien abiertos expresando una mezcla de asombro y vergüenza.

Ojiplática, perpleja, pasmada, petrificada, sin saber qué contestar me quedé. Mi último deseo era volver a emplear un lenguaje de abuela, abuelil, como ella lo definió.

¿Qué dije para provocar tal asombro? No te lo vas a creer, nada. Nada especial. Solo utilicé el verbo caminar en lugar de andar, que es el que su pequeña cabeza esperaba escuchar por ser el “verbo popular” y más propio de la zagalería, parece ser.

Disfrutamos debatiendo

Aceptado tengo que se encuentra en una edad en la que ya dejo de ser lo más para ella y que pronto tendrá un pavo en lo alto de la cabeza picándole todo el día. Por experiencia sé que no es la situación ideal e intento empatizar con ella a cada paso que da, pero en cuanto a léxico se refiere, me brota la guerrera que llevo dentro y disfruto debatiendo, porque (deformación profesional) me apasionan las palabras y reivindico el empleo y vuelta de las que se han quedado obsoletas. En el fondo sé que a ella también, es una lectora empedernida y siempre ha tenido un vocabulario rico, pero, claro, la edad no perdona. Hay que ser moderno.

Olvidada esta conversación, días después, haciendo limpieza de juguetes, su padre se sorprende de que haya dos peluches iguales.

—Sí, cada uno tiene el suyo, si no habría problemas —le contesté.

—Pero yo diferencio el mío porque aún tiene su etiqueta (tres años después). No le quité nada para que quedara igual que en la tienda —respondió tan orgullosa mi niña bonita.

—Sí, hija, no lo vayas a mancillar. —Me salió, así, sin pensarlo. Aquel verbo salió de mi boca como una bala. Para qué queremos más, las carcajadas se escucharon en toda la urbanización y la jarana duró una semana.

Había vuelto el lenguaje de abuela.

—¡Qué abuelil! —Y acompañó la frase de una carcajada.

Por suerte no soy la única en casa con un lenguaje poco acorde al gusto de la niña, porque cuando al subir al coche mi persona favorita, su adorado padre, le pidió que se abrochara el cinturón de seguridad ¡horror!

—¿Has dicho cinturón de seguridad? Papá, por favor, di el cintu, pero ¿cinturón de seguridad?

Qué abuelil. No sé cómo decirlo ya…

Madre de la lengua hermosa. El gran problema es que nos hacemos mayores, esa es la conclusión a la que llego. «No, quizá es que, por su edad, está en otra onda, su lenguaje ahora dista del tuyo» piensa mi yo interior.

Sí, creo que es eso, si me paro a recordar cómo hablaba en los 90 me meto debajo de una piedra y no vuelvo a salir nunca, porque fue la década más nefasta que recuerdo: ropa, música, lenguaje… Lo peor, que ciertas muletillas se quedaron y no creo que desaparezcan nunca, ¿no estás de acuerdo? Pues si rondas mi edad, seguro que tus amigos son más tíos que colegas, las cosas son guays y tu grupo de música mola (quizá) mazo.

Cuando nuestros hijos determinan nuestra juventud por las palabras que empleamos. Clic para tuitear

Pero ya no nos acordamos de nuestros once y en mi caso me encuentro sorprendida y escribiendo sobre los de mi hija, cuando podría hacer un tratado de mi adolescencia.

No te rías, seguro que tus hijos también opinan que tienes un lenguaje de abuela, el famoso lenguaje abuelil. Si no te lo han dicho, te envidio, pero no cantes victoria antes de tiempo, porque aún puedes convertirte en una víctima más del lenguaje de la época. Si lo piensas, unas veces somos víctimas de ese lenguaje de forma activa (empleando vocablos de moda, anglicismos…) y otras de forma pasiva (no entendiendo el lenguaje de los más jóvenes o siendo acusados de viejunos, porque sí, me he sentido viejuna verbal).

Si tú también te sientes identificado, bienvenido al club. ¿Qué palabras usan tus hijos o te recriminan por usar? Cuéntamelo en los comentarios y no olvides suscribirte al blog.

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Nos ahogan los anglicismos

Nos ahogan los anglicismos y lo sabes, pero no haces nada. Nos ahogamos en vocablos ingleses.

Tranquilo, todos somos igual de culpables. No nos movemos para frenar esta locura lingüística.

Otra vez la misma historia, vaya rollo, ¿verdad? Sí, en español contamos con nuestras palabras, sin embargo, no son tan cool como las inglesas. En realidad, es una moda, dirás. Una moda que viene para quedarse, te digo. Un boom.

¿Por qué esa obsesión por adoptar palabras en inglés cuando nuestra lengua tiene las mismas y más bonitas? Clic para tuitear

Todo lo que suponga un enriquecimiento es bienvenido siempre, si carezco de algo y me lo aportas, te doy las gracias y me lo apropio. El problema está en el complejo de oveja que tenemos los españoles. Sí, somos un poco ovejas, lo siento. Tú y yo y toda persona en la que figure en su DNI la nacionalidad española. ¿Por qué digo esto? Verás, somos como Fuenteovejuna, vamos todos a una. Ahora todos sabemos lo que es el spoiler, pero reconoce que la primera vez que lo escuchaste, te pasó una de estas dos opciones y pensaste:

“¿Qué piiiiiiiii es eso?”

“¡Cómo mola! Me gusta cómo suena spoiler”

Rápidamente te la has apropiado. Ha pasado a formar parte de tu día a día, de tu vocabulario.

Somos un poco ovejas porque nos dejamos llevar. Nos ahogan los anglicismos y continuamos siguiendo a la masa.

El otro motivo por el que somos como las ovejas es porque intentamos pasar desapercibidos entre el rebaño, en nuestro caso, entre el mar de personas por el que navegamos cada día. ¡No voy a ser yo quien defienda nuestra lengua! O ¡Yo no seré la antigua, si esta palabra la emplea todo Twitter, habrá que usarla!

Una pregunta, ¿por qué entonces nos cuesta tanto a los españoles hablar inglés?

No me contestes, esto da para otro post. Lo importante ahora es que nos ahogan los anglicismos.

Entramos ahora en el mundo de las redes sociales. ¡Menudo peligro tienen las condenadas!

Además de los miles de inconvenientes que tienen, sí, lo siento, soy anti redes sociales, cuando eres escritor, te encuentras sometido a ellas. Te guste o no.

Soy escritora indie, por lo que además de escribir y calentarme la cabeza con la storytelling, me veo obligada a aprender sobre el Marketing que hasta hace unos años desconocía (y sigo descubriendo cada día un poco) porque a mi carrera literaria he incorporado un blog en el que haciendo click en el link te suscribes y recibes por mail una newsletters. Algo muy molón y que solo recibes tú por ser vip. Además, vivo pendiente de los likes, tuits, retuits y nunca me olvido de poner los hashtags para llegar a más gente. ¿Mi sueño? Ya lo sabes, convertirme en trending topic o ¿era vender más libros?  🤔

Pero estoy feliz porque mi fanpage crece rápido y tengo una web que es la bomba gracias a mi community manager que es un crack.

Espero muchos Feedback y que todos leáis mi novela En los ojos del Rey porque tiene unos flashbacks que os van a encantar. Aunque a mí lo que realmente me encanta es la cantidad de analepsis que empleo, pero no te quiero hacer ningún spoiler porque no soy una destripadora ni me gusta reventar nada. Solo te diré que es la primera y ¿única? novela traducida a memes, lo que ha hecho que muchos millennials hayan conocido parte de nuestra historia interesándose por la llamativa vida del rey Alfonso XIII.

Hay escritores indies como yo que recurren a las campañas de crowdfunding para publicar sus obras frente a otros que son todos unos influencer de las letras y no lo necesitan.

Necesito un break en el que voy a aprovechar para ver mis emails en el Smartphone.

Lo dicho, si te ha gustado este post, dame un like, retuitea y, por favor, comparte. Claro que me gustaría un follower nuevo, eso no se pregunta, hombre. Confieso que temo los unfollowers.

Este artículo tiene 685 palabras, de las cuales, 36 no son españolas. No es ninguna tontería y Álex Grijelmo lo explicó muy bien: “En apenas medio siglo, el inglés ha colocado tantas palabras en la boca de los hispanohablantes como el árabe en ocho centurias”. Nos ahogan los anglicismos…

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