Género o sexo

Yo soy mujer, no tengo género. Yo tengo sexo.

Él es hombre, tampoco tiene género. Él también tiene sexo.

Las palabras tienen género y las personas sexo. Clic para tuitear

Si tenemos clara la diferencia entre género y sexo, ¿por qué políticos, entre ellos la ministra Irene Montero, se empeñan en hablar en femenino cambiando las normas de la gramática? Porque solo se trata de eso, de una cuestión gramatical y así lo ha manifestado la RAE «institución con personalidad jurídica propia que tiene como misión principal velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico«.

Pero supongamos ahora que dicha institución acepta tal petición y cambia todas las normas gramaticales de la lengua española en favor de esta corriente feminista. ¡Conseguido! Volvamos al grito de guerra ¡Sí, se puede! Todas las televisiones interrumpen sus programaciones para dar la noticia; la ministra de igualdad ofrece una rueda de prensa; los telediarios abren con la gran noticia. Es más, se consigue que todos, absolutamente todos y todas los españoles y las españolas hablemos a trompicones usando ambos géneros. Por cierto, pregunto yo ¿dónde quedó la economía lingüística? Ah, es verdad, la economía importa poco pudiendo dedicar nuestros esfuerzos a cambiar lo que menos importa: las palabras.

Vamos a hablar en femenino que así la mujer se siente incluida, valorada o tenida en cuenta. Es una cuestión lingüística. Lo demás está de más. Clic para tuitear

Vale, ¿visualizas la idea? Ahora, con total sinceridad dime que vivirías mejor. Quien escribe estas líneas no, la verdad. Porque seguiré luchando igual por conciliar la vida familiar y laboral, me enrabietaré cuando vea que una chica es violada por una manada cuestionándose además si se trata o no de violación, lloraré cada día que haya una menos, me romperé la cabeza pensando en la pensión futura. Mi vida seguirá igual, no habrá cambiado nada. Claro, pero esto lo pienso yo que soy algo raruna.

Fíjate lo retorcida que soy que veo la defensa de la mujer en el cambio, pero en el que siento, en el que percibo y vivo. Solo hay un problema, ¿sabes cuál es? Que lleva mucho trabajo, mucha dedicación y esfuerzo. Yo pido que, en mi nombre, el de una mujer, cambien las leyes y se hagan cumplir, pido que se luche por conseguir esa conciliación familiar que todos deseamos. Porque ya que estamos, vamos a ser sinceros, en España hoy si eres un gran profesional no puedes ser un gran padre y viceversa. Es sencillo, no somos máquinas y no podemos abarcar todo a la perfección, no podemos estar en todos los sitios todo el tiempo que se nos requiere. Si eres de los que crees que sí, enhorabuena.

Pero vamos a seguir con el tema que nos ha traído aquí, que al final me voy por los Pirineos de la izquierda como decía un profesor mío. Ese tema no es otro que la lengua y su género, insisto, nada que ver con el sexo.

Lo más probable es que consideres todo esto una perogrullada, pero hoy, en los años veinte del siglo XXI, algunas cosas que se suponían evidentes no lo son. Hay un gran desconocimiento de nuestra gramática. O no, como muchas veces he dicho, creo que empleamos la lengua como vehículo para hacer demagogia.

Yo no solo soy mujer, no, ante todo soy una persona y como tal, como un ser humano con independencia de mi sexo tengo opinión y también necesidades, miedos e incluso deseos.

Además, de ser humano femenino, también tengo una profesión; soy filóloga. Quizá se deba a esta condición que, al escuchar a la nueva ministra, Irene Montero, en su discurso en la posesión de su cartera como ministra de igualdad, los ojos se me hayan abierto hasta casi salir de sus órbitas y mis orejas crecieron pareciéndose a las del lobo de caperucita. Supongo que no fui la única que sintió con sus palabras como el frenazo de un tren de mercancías viejo. Si hablamos del Ministerio de Igualdad, ¿cómo es que la ministra dice que va a ser un ministerio de la mujer y feminista? El término igualdad al que hace referencia quiere decir lo siguiente: “principio que reconoce la equiparación de todos los ciudadanos en derechos y obligaciones”.

Cuidado con caer en el hembrismo. La solución no está en quítate tú que me pongo yo. Clic para tuitear

No voy a entrar en si me parece bien o mal lo que vaya a hacer con dicho ministerio, antes hablaría de si son o no necesarios 22 ministerios que pagamos todos, pero sí quiero defender la lengua porque fundamentalmente me apetece. Señora ministra, si usted quiere un ministerio de mujeres y para mujeres, créelo, total uno más que menos no se va a notar, pero no utilice mal su denominación. Llámelo ministerio de la mujer, feminista, arriba la Esteban o como le plazca. Está claro que no tiene muy clara la función del ministerio que pasa a presidir, esto también me preocupa.

Ministerio de Igualdad: lucha por que la mujer tenga los mismos derechos, beneficios y obligaciones que el hombre.

No voy a ser yo como fémina, quien ponga palos a las ruedas del avance en defensa, visibilidad e incluso protección de la mujer. Tampoco voy a entrar en qué es el feminismo o cómo yo lo entiendo, porque esto último no le interesa a nadie más que a mí. Pero seguimos para bingo porque ahora tenemos “Consejo de Ministras” que la RAE ya se ha pronunciado para advertir de su incorrección. Vamos a dejar que cada especialista se ocupe de su materia y los políticos que se dediquen a hacer efectivos los cambios sociales necesarios desde las instituciones públicas que son su competencia.

La mujer tiene sexo femenino, su guitarra género femenino.

En serio, ¿a ninguna mujer más le chirría este tema? ¿Es más importante o tan importante la terminología que el hecho de provocar cambios reales que nos afecten en nuestra vida y en el día a día? No sé a ti, pero en mi caso, yo sigo con los mismos problemas al final del día con independencia de la «inclusión» lingüística. Bueno, con los mismos y uno más, porque termino enfadada cuando veo que nos tratan como a tontas (y lo digo en género (no sexo) femenino porque es solo a nosotras) o ¿alguna es más feliz y le resuelve la vida que una ministra se refiera al grupo en femenino?

De verdad, vamos a espabilar y dejar a un lado la demagogia, pidamos hechos, soluciones, cambios en las leyes, en definitiva, todo aquello que no está en nuestra mano y sí en la de los políticos porque es su trabajo.

Es innegable que hay una lucha y debe haberla para acabar con el machismo, creo que es algo en lo que todos estamos de acuerdo. Pero no nos engañemos, el verdadero machismo nada tiene que ver con la gramática o la lengua; sí con la cultura, la sociedad y, sobre todo, la educación.

En general, los ismos no son buenos y el movimiento en defensa de los derechos de las mujeres, el feminismo, hoy lo estamos convirtiendo en otro ismo aunque en origen y esencia sea positivo. Y es que se sitúa en el extremo opuesto del machismo y nos olvidamos de lo que de verdad estábamos defendiendo: la igualdad. Pero tengamos en cuenta una cosa: no somos iguales ni física, ni mental ni sentimental ni casi nada que termine en mente. Y este es el gran problema, ya no buscamos la igualdad que de verdad era viable (trabajo, labores domésticas, salarios…) ahora buscamos la supremacía empleando el término feminismo. Como resultado hemos conseguido que esto sea un quítate tú que me pongo yo.

Sin duda, la lengua es la mayor arma electoral porque a través de la palabra se hace la política. Pero las palabras se las lleva el viento y las acciones y hechos son los únicos que se quedan y pasan a la historia.

Finalmente creo que me he metido en más jardines de los que me hubiera gustado pisar. Respeto todas las opiniones y no voy a entrar a debatir con nadie, porque no es debatible, es así, yo no inventé la gramática. Lo demás, cada cual con sus ideas y colores. Por la lengua yo no mato, pero sí alzo la voz.

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16 Comentarios

  1. 👏👏👏👏👏👏 la mejora articula que has escrita. Te mereces ir en la próxima cabalgata de paja reala. Y también de presidenta, y portavoza, o mejor, ser una importanta CARGA PÚBLICA

  2. Si es que no puedo estar más de acuerdo contigo, Sonia. Opino igual. Y no se trata de ideología si no de llamar a cada cosa por su nombre y no confundir el género de la palabra con el sexo de la persona a la que hace referencia. Así es. Yo soy economista y mis colegas hombres también. A nadie se le ocurre llamarle economisto. Lo mismo con el ministerio, si es de igualdad que sea de igualdad. Lo demás es discriminatorio. Gracias por ponerlo por escrito.

  3. Lo has clavado. Esto parece de chiste y yo me reiría si no fuera algo tan serio. La lucha, totalmente legítima y necesaria por la igualdad de derechos y obligaciones se ha convertido en una guerra sepremacista y para ello se utiliza cualquier herramienta que tengamos a mano. En este caso la lengua. PATETICO.
    Soy mujer, trabajadora, madre, pero ante todo soy persona y me abochorma y me subleva esta persecución al los hombres y este enfangamiento del idioma.
    Paso. En mi nombre no.
    Gastemos nuestras fuerzas y nuestros recursos en lo que realmente nos preocupa, no en las mamarrachadas de unos políticos que, con estas memeces, solo tratan de confundirnos y liarnos para,que no les exijamos que hagan su trabajo.

    • Exacto, Julia, emplean determinados recursos a la mano de todos como cortina de humo y eso, como mujer, me irrita. ¿Dejaremos de estar de acuerdo en que es necesario un cambio y un progreso? Pero desde luego, uno que de verdad sea útil,como por ejemplo lo fueron el voto de la mujer, la entrada al mundo laboral, la presencia femenina en altos cargos… Esos sí fueron avances y progresos, pero ¿la nomenclatura?, ¿de verdad?. En fin, ahí queda, a pocos nos importa o apreciamos la realidad. Gracias por leerme y comentar.

  4. María Beso

    23/01/2020 at 23:32

    Pocos lo hubieran explicado mejor… Me declaro refollower… que en inglés hay menos problema con el género…

  5. Tienes toda la razón Sonia, es un absoluto disparate todo… Un abrazo

  6. Tenemos un problema, porque a veces lo que no se nombra no existe. Si digo «en la habitación hay cinco niños» surge una pregunta: ¿hay alguna niña en la habitación? Y no olvidemos la importancia de las palabras: «al principio fue el Verbo».
    ¿Todos los «ismos» son malos? ¿También el cristianismo y el humanismo? Y por cierto, el significado de «feminismo» está muy claro: «Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre». Lo dice el DRAE.

    • Muchas gracias por tu comentario, Antonio.
      En la pregunta que pones de ejemplo de los niños, no es relevante saber el sexo de las pequeñas personas que hay en la habitación, de serlo, entonces se pregunta en femenino. Pero si lo que quiero es saber la cantidad para regalar caramelos, da igual si son todo niños, niñas o hay un solo niño o una sola niña. En cuanto a los ismos, creo que digo que en general son malos, no absolutamente todos.¿El cristianismo es malo? Pues depende de a quién preguntes. Todo es relativo.
      Finalmente, la definición de feminismo efectivamente es esa, pero el problema es que nos estamos desviando de ella virando al hembrismo. Tú lo has escrito muy bien «igualdad entre la mujer y el hombre», sin embargo, tendemos en los últimos tiempos a la superioridad, además la lingüística. Lo que para mí no dejará de ser absurdo porque yo lucho, pido y hasta suplico que los derechos de la mujer y su libertad (la de salir de copas sin preocuparse de una violación, por ejemplo) sean tenidos en cuenta. El palabrerío me sobra, cortina de humo.
      Un saludo.

  7. Hola, Sonia, el llamado lenguaje inclusivo pretende dar visibilidad a las mujeres, cuya presencia queda con frecuencia oculta por el uso del masculino genérico. La intención es loable y aunque ya sabemos que el camino del Infierno está empedrado de buenas intenciones, utilizar la burla o el desprecio para descalificarlo, como hacen algunos, me parece propio de gente corta de miras. Hay que evitar caer en la extravagancia y el ridículo, pero se trata de una tendencia imparable. Y no solo en España. En los países anglosajones cada vez se usan más expresiones como “chairperson” en vez de “chairman”, precisamente para evitar la «invisibilización» a la que me refiero.
    Lo que enlaza con la corrección política, en la que también se puede ir demasiado lejos, pero eso no debe hacernos olvidar que esta actitud se manifiesta como una forma de respeto hacia nuestros semejantes, por lo que en todo caso más vale pasarse en corrección política que quedarse corto. Y por ello cuando oigo a alguien anunciar que va a decir algo políticamente incorrecto suelo pensar: a ver qué barbaridad suelta este.
    En cuanto al feminismo, creo que es uno de los impulsos más importantes de nuestro tiempo, decisivo para avanzar en la igualdad de las personas. Es absurdo decir, como dicen algunos, que es lo contrario del machismo. Tal afirmación demuestra una ignorancia supina, ya que esa característica correspondería al hembrismo; pero en fin, todo aquello que facilita la emancipación de colectivos tradicionalmente sometidos despierta el rechazo de los que creen que van a perder privilegios y, sorprendentemente, también de miembros del propio grupo discriminado (hubo esclavos partidarios del esclavismo).
    El sufijo ismo, como bien sabes, designa a corrientes de pensamiento (krausismo, agnosticismo), movimientos políticos (socialismo, liberalismo), teorías científicas o pseudocientíficas (evolucionismo, creacionismo) y también se usa en el ámbito deportivo (piragüismo, ciclismo) y en otros muchos. Por lo tanto, dada la amplísima panoplia de significados, no deja de sorprenderme que digas que te disgustan los “ismos”, muchos de los cuales me merecen el mayor de los respetos.
    Un saludo

    • Antonio, muchísimmas gracias por tus comentarios. De verdad, me alegra que participes en el blog y que me leas.
      Mi postura creo que quedó clara y ya dije que no iba a debatir con nadie. No solo me parece bien tu opinión, me parece perfecta. Nunca he dicho que todos los ismos sean malos, algunos sí. Ahí tenemos el machismo o el terrorismo.
      En mi nombre, el de una mujer, no se hace demagogia barata. Siento que discrepemos, pero eso es lo bonito.
      Un saludo.

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