Ciudad de portada

Ciudad de portada

Si no conoces Cartagena, este debe ser tu próximo destino, porque es una ciudad de portada. Una ciudad con tanta historia como la novela En los ojos del rey.

Uno de mis lugares favoritos de Cartagena es el Faro de Navidad o, como popularmente se le conoce, el faro rojo. Si existe un lugar especial en la ciudad que me vio nacer, sin duda, es ese. Por este motivo, la historia más bonita de mi primera novela «En los ojos del rey» tiene este escenario como lugar destacado. Cartagena, una ciudad de portada.

Por ser un enclave único y mágico, en este otro artículo te explicaba por qué es tan especial para mí, no solo aparece a lo largo de la novela, sino que ese faro ilustra la portada.

Acuarela de Antonio Martínez Cendán y portada de En los ojos del rey.

A la derecha de la bocana del puerto, en Poniente, encontramos nuestro faro. Este descansa sobre sus once metros erguido junto a un fuerte de estilo neoclásico, una edificación que comenzó en el siglo XVII en el que podemos diferenciar dos partes; en el lado izquierdo, el edificio tiene dos plantas donde están las piezas de artillería y el polvorín. Se trata de ocho casamatas comunicadas por un pasillo. Aquí, tiene lugar una de las conversaciones del Alfonso XIII de la novela con Juanito.

Cuando leo una novela, me gusta buscar en Internet imágenes de los principales lugares que se describen, por eso, me he animado a escribir este artículo. Quiero que conozcas un poquito mejor la ciudad en la que nací y uno de los escenarios más relevantes de la novela.

El Fuerte de Navidad de Cartagena.

—¿Cómo está la situación por Madrid? —me preguntó sin rodeos—. Aquí son muchas las largas noches de guardia que pasan los oficiales y hablan. Hablan mucho porque son muchas las dudas y los temores ante la política y problemas que se están viviendo en toda la Península. Desde mi torre de oro, entienda que oír oigo un poco de todo.

—Desde el comienzo de mi reinado han sido tantos los momentos convulsos que creo no recordar los tranquilos. Ahora dudo de que los haya tenido, pero en peores plazas hemos toreado, Juanito. No hay nada que temer, pese a las revueltas sociales e inestabilidad política, todo está ordenado.

—Y el corazón, don Alfonso, ¿está ordenado?

Yo me revolví en la casamata sobre la que me había apoyado y encendí un nuevo cigarrillo con una sonrisa de medio lado, de esas nerviosas.

—Probé muchas mujeres, patrias y foráneas, salté de lecho en lecho, artistas, aristócratas, de la realeza, de la pobreza, me casé y odié. Pero, al final, puedo decir que he encontrado al amor de mi vida. Carmela me tiene preso de su cuerpo, embrujado el sentido. Mis intenciones si pudiera, ¡ay, si yo pudiera! La hacía reina, reina de España, reina de mi vida y de mi corazón. Es el gran amor de mi vida.

En los ojos del rey. Extracto del capítulo 13.

Estas casamatas son de piedra y ladrillo. En el centro se encuentra el polvorín sin abertura al exterior y con dos zonas: una de trabajo y otra de almacén.

En el lado de la derecha están la cocina, la despensa y las letrinas.

A esta cocina fue invitado por los artilleros de guardia a guarecerse del frío el rey Alfonso XIII.

A principios de 1903, en cuanto tuve oportunidad, organicé mi primer viaje privado a Cartagena y una fría y lluviosa mañana de enero me presenté en el fuerte de Navidad para conocer al farero.

—Majestad, es una grata sorpresa su presencia. Nos complace enormemente, esta, su primera visita a este fuerte. ¿En qué le podemos servir? —dijo uno de los oficiales de guardia que iba ataviado con la guerrera bien abotonada y cubierto con una capa que hacía las funciones de manta para protegerse de la terrible humedad de la zona.

—Vengo en visita privada. Deseo conocer a la persona que guarda el faro.

—Disculpe, Majestad, ¿se refiere al farero?

—¿No es usted español? Creo que me he expresado con claridad —le contesté.

—Disculpe, discúlpeme. Ahora mismo… ¡cabo Aranda! Rápido. Que baje Juanito. ¡Ya! —Articuló con nerviosismo y sin saber que más nervioso me sentía yo que él. Noté un culebreo por mi espalda que hizo que me estremeciera. Había dicho Juanito. Ahí estaba mi J.

—Señor, el día no acompaña, no deja de llover y hay mucha humedad. Por favor, acompáñeme a las cocinas y tome algo caliente.

Mientras caminábamos por el patio que nos conducía a una pedregosa cuesta que llegaba a las cocinas, todo el regimiento de infantería de marina me saludaba acercando sus manos a la frente y estupefactos por mi presencia.

No me habían terminado de servir el café cuando Juanito ya estaba cuadrado ante mí, haciendo una torpe reverencia con su gorra en la mano derecha a la vez que me decía —Majestad, me han dicho que me buscaba. A su servicio siempre. Usted dirá en qué puedo ayudarlo.

Yo le tendí la mano para saludarlo y noté el frío de su cuerpo. Sus manos estaban ásperas y rugosas, eran anchas y más grandes que las mías.

—He venido hasta aquí porque necesito hablar con usted. Es un asunto personal, por tanto, debe ser en privado.

En los ojos del rey. Extracto del capítulo 18.

La lectura de la novela con estas fotos y reseñas, será más visual todavía. Si vas a Cartagena, ya sabes que esta es una visita obligatoria porque, además, es toda una experiencia realizar la visita llegando en el barco turístico de la ciudad.

La experiencia es doblemente gratificante si antes has leído «En los ojos del rey» que puedes comprar pinchando aquí. Si lo quieres firmado y con marcapáginas de regalo, pincha aquí.

Cartagena, una ciudad de novela, una ciudad de portada.

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