Comer a cuerpo de rey

Comer a cuerpo de rey

Hoy vamos a comer a cuerpo de rey.

Con las vacaciones a la vuelta de la esquina o ya sumidos en ellas, uno de los placeres a los que más nos entregamos en estos días es a la comida.

En ocasiones, la pereza supera a la gula y cocinar con el calor que hace no apetece, pero por suerte contamos con la dieta mediterránea tan rica en gazpachos y ensaladas fáciles y rápidas de preparar.

A mí que me encanta cocinar; sin embargo, cuando el calor aprieta, solo quiero mantenerme lo más alejada posible de la cocina. Entonces siempre me pregunto cómo y qué comerían los reyes. Sí, vale, en realidad, cualquier persona con cocinero en casa, pero a mí me atrae la monarquía, ese mundo palaciego tan de novela. Ya sabes.

Por eso, hoy vamos a comer a cuerpo de rey haciendo un recorrido por las mesas de algunos reyes que ha tenido España.

De los Austrias sabemos que fueron bastante glotones. Carlos I y Felipe II probaban una media de veinte platos por comida, sin embargo, bebían poco. Ellos preferían el agua con canela, la limonada o la cerveza que enfriaban con nieve. En la época era la manera de conservar en frío, por lo que no es de extrañar que fuera un bien muy demandado con el que incluso se traficaba. Por supuesto, también eran adictos al dulce como el arroz con leche, las cuajadas, los buñuelos y, cómo no, al chocolate.

Felipe II en el banquete de los monarcas. Sánchez Coello

Felipe II degustaba carnes asadas, aves o panes. Se decía que podía comer hasta dos kilos de carne en una sola comida. Incluso consiguió un permiso papal para comer carne en Viernes Santo. Esto es curioso, pues de algún modo se le permitía la gula, uno de los siete pecados capitales.

Felipe III introdujo el pescado a su dieta, algo que no probaba el segundo.

Carlos I era aficionado a la cerveza alemana, le gustaban las ostras, salmones, truchas o salchichas picantes. Un rey con obsesión por la comida, siempre queriendo probar platos nuevos. Pasaba largas temporadas sin comer y otras en las que se atiborraba, en cambio no variaba de peso, lo que llevó a los médicos a pensar que padecía bulimia. En la actualidad dudo de que este fuera el diagnóstico.

En general, eran de carnes, carne de cordero asada rodeada de tocino. Todo bien grasiento. También degustaban caza, afición a la que se abandonaban con frecuencia.

En definitiva, comida de ricos, aquella a la que el pueblo no podía acceder. Así era comer a cuerpo de rey en los siglos XVI y XVII.

Con la llegada de las reinas extranjeras, sobre todo de las italianas, a la comida francesa, que era la preferida, se unían las pastas. Los macarrones entraron a formar parte del menú de la corte.

Fue tras el ascenso al trono de la dinastía Borbón, con Felipe V, recuerda que el primer Borbón era francés, cuando se impone la cocina francesa refinada y cosmopolita.

Pero este rey ya sabes que era algo inestable con tendencia a la melancolía o depresión, lo que influía en la alimentación. Según el estado de ánimo comía más o menos.

Curiosamente, pese a esa preferencia culinaria tan alejada de lo castizo, eran fieles a la olla podrida, un plato típico español que en el reinado de Felipe V se comía los domingos.

Por su parte, Isabel de Farnesio era de comer poco, pero bien. Una pija, vamos. A ella le gustaba tener una larga lista de platos para elegir.

Carlos III destacó por su sencillez y sobriedad. Desde que se quedó viudo comía siempre solo, pero como era costumbre en la época, rodeado de la corte que lo observaba mientras degustaba los platos que le habían preparado. Frente a la moderación de este monarca llama la atención que la mesa respondiera al poder y pompa de la corona.

Carlos III comiendo con la corte. Museo del Prado

Isabel II era de cocidos, de comida castiza. Una mujer de buen comer, aunque quizá no tan glotona ni con tanta tendencia a la gula como nos han hecho llegar.

A Alfonso XIII, su nieto, lo criaron en la abundancia en el más amplio sentido de la palabra, por lo que en cada comida el exceso era superlativo. Esto y las comidas grasientas era lo que más detestaba su esposa Victoria Eugenia.

En este artículo te cuento cómo fue la última cena de Nochevieja que se celebró en el palacio Real de Madrid para estos últimos reyes que en él habitaron.

En la actualidad, Felipe VI carece de manías culinarias mientras que comer con Letizia debe ser al menos incómodo si te gusta la variedad y pecar alguna que otra vez. Es de esas personas que llevan lo saludable al extremo y puede hacer que te siente mal la cena con su discurso tan estudiado sobre los alimentos.

Hoy, comer a cuerpo de rey difiere mucho de comer a cuerpo de reina.

Como ves, el paso del tiempo ha mitigado los excesos. De la gula se ha pasado al extremo casi contrario, porque sentarse hoy a la mesa de los reyes actuales debe ser tan agónico como en antaño; unos por exceso y otros por tortura cerebral. Al parecer Letizia martiriza con lo sano cual predicadora y probablemente tenga razón. Así que me quedo con el reinado de Juan Carlos I, que es de buen comer y beber, porque no hay que fiarse de las personas que no beben vino.

Y tú, ¿eres de comer a cuerpo de rey?

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4 thoughts on “Comer a cuerpo de rey

  1. Me encanta lo de no hay que fiarse de quien no bebe vino 😂😂😂😂.
    Menos mal que Felipe, como buen Borbón, se hace sus escapadas, porque sino la Leti le tendría en lis huesos

  2. Me encanta lo que escribes , como lo haces, los temas a que te refieres y la informacion que nos regalas, de camino a por tú libro !!
    Muchas gracias.

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