Hoy os traigo un regalo. Quiero compartir con todos los lectores, mi última novela, «Diario de un amor confinado». Una novela romántica que se gestó de la manera más imprevista y nació tras un periodo tan complicado como atípico.

¿Te has planteado cómo ha sido el amor entre parejas que no conviven y han respetado el confinamiento? ¿Qué papel han desempeñado las nuevas tecnologías? Quizá hayas sido una de ellas y te sientas identificado con alguna de las protagonistas de la novela.

Valery, Mara, Silvia, Paz y Raquel, cinco mujeres y cinco maneras distintas de entender el amor en un momento difícil que pasará a la historia.

El año 2020 nunca lo olvidaremos, estará marcado en los calendarios de todo el mundo. En mayor o menor medida será un hito en la historia de la humanidad.

Por desgracia, dejará huella solo en una parte de la población, porque la otra tiende al olvido con facilidad. Más pronto que tarde, con el buen tiempo y las vacaciones, muchos serán los que entierren estos meses en el baúl de los recuerdos olvidados.

Este no es un libro para juzgar a nadie, sí para desenterrar alguna sonrisa entre tantas lágrimas vertidas. ¿Cómo? Mostrando los diferentes tipos de amor entre parejas que no conviven. Todo ello, dentro de un momento tan atípico como complicado.

El amor en época de confinamiento.

Prólogo

Soy Valeria, aunque mis amigas me conocen como Valery por la típica tontería adolescente.

Como periodista me encanta escribir, pero no soy una escritora de éxito como tantas compañeras de mi generación, tampoco escribo reportajes para periódicos relevantes ni mucho menos tengo un programa diario. Desde hace algo más de cinco años escribo para una revista de moda y decoración un artículo semanal, además tengo una sección una vez por semana en el canal «Cosas de hogar». Como dice mi mejor amiga, Paz, soy la chica de la semana.

Desde mi primer día en la facultad acostumbro a escribir un diario. Cada noche, antes de acostarme, plasmo por escrito las impresiones del día, las anécdotas o las desgracias. Últimamente mi vida no es muy interesante.

Es importante que te hable de Rafa. Nos conocimos en la universidad y nos hicimos inseparables. Bueno, inseparables no es la palabra adecuada, porque ahora estamos separados. No llegamos a casarnos porque no creo en las bodas de cuento de hadas y mucho menos en el matrimonio, pero en cuanto terminamos la carrera nos fuimos a vivir juntos. Tras seis años de convivencia el amor se desgastó, se rompió de tanto usarlo, qué sé yo. En realidad, sí lo sé. Me coronó como a una reina. Lo peor es que lo hizo con una joven colaboradora de un programa de corazón del que era director.

Cuando creía que mi mundo no se podía desmoronar más y no podría sentirme más sola, empezaron a llegar noticias inquietantes de un extraño virus que tenía su origen en China y que comenzaba a hacer acto de presencia en Europa: el Covid-19. Cada vez se escuchaban más y más datos de posibles reacciones por parte de nuestro Gobierno, pero no se llegaban a materializar. No sé si por mi condición de periodista, por miedo, por curiosidad o por simple aburrimiento —te recuerdo que no tenía nada mejor que hacer— cada noche leía todas las noticias que se publicaban sobre Italia, que iba a la cabeza de Europa en contagios, para contrastar datos. Estaba segura de que España viviría una trayectoria muy parecida a la de nuestros amigos italianos. No entendía cuál era el motivo por el que no estábamos actuando ya.

Al final, ocurrieron cosas, de hecho, una cantidad ingente. No solo al país, sino también a mí. Viví situaciones que jamás hubiera imaginado. Mis amigas también sufrieron un cambio radical en sus vidas.

Me encantaría salir de este anonimato periodístico en el que me encuentro. No hace falta que te diga que mi sueño sería ser famosa, que me conocieran por la calle por mi profesión. Hubo un momento de mi vida en el que me hubiera conformado hasta con ser colaboradora de un programa de corazón. Es por este motivo por el que me atrevo a compartir con todos vosotros mi historia y también la de las personas que más quiero y que nunca me han fallado: mis mejores amigas. Gracias a ellas es posible que, algún día, este diario lo veas convertido en libro. Al fin y al cabo, está de moda vender la vida personal.

Viernes 13 de marzo de 2020

Primero fueron los niños. Se cerraron los colegios. Dicen que los niños son los principales focos de expansión del virus. Hoy ya es oficial, los rumores se hacen realidad. El Gobierno declara el estado de alarma. Y mi alarma interna se dispara entonces. Esto parece más grave de lo que nos quieren hacer ver. ¿Nos estarán diciendo la verdad? Siento miedo, mucho. No tengo claro qué puedo hacer y qué no. He llamado a Paz. Ella también vive sola, me refiero a que no comparte casa con su pareja, porque sí que vive con las dos hijas que tuvo con su ex marido. Su motivo es diferente al mío, en su caso ha sido ella quien ha decidido que cada uno tenga su lugar. No soporta compartir espacio con un tío, según sus palabras.

—Hola, guapérrima. ¿Qué te cuentas?

—Hola, Paz. ¿Lo has visto? Estamos en estado de alarma. Qué fuerte.

—Ya te digo. Tarde me parece, no te creas.

—Estoy un poco asustada y esto me desestabiliza. Vuelvo a echar de menos a Rafa.

—Joder, nena, que lo estabas superando. No retrocedas. Es un cabrón, olvídate de él, sabes que te mereces algo mejor que al rey de la pasión.

—Lo sé, lo sé, pero es que me siento perdida sin él después de tanto tiempo juntos —intenté justificarme.

Llamar a Paz era la clave, porque siempre sabía qué tecla tocar. Al final, terminamos las dos riendo a carcajadas mientras tomábamos una copa online.

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