Dos efemérides históricas

Dos efemérides históricas

Hemos empezado la semana celebrando el día de la mujer y vamos a terminarla destacando dos efemérides históricas que tienen mucho que ver con la mujer.

El 8 de marzo celebramos nuestro día, aunque más que una celebración deberíamos hablar de reivindicación y ante todo lo que hay que reivindicar es la dignidad. Bajo ningún concepto, la mujer tendría que ser cosificada, ninguneada, maltratada o, lo que es peor, asesinada.

En realidad, con este día ocurre lo mismo que con San Valentín. Sí, no debería ser necesaria la celebración de un único día, porque todos los días tienen que ser el día de la mujer, sin que sea necesario salir a la calle para repetir letanías que nos enseñan minutos antes de la marcha. El feminismo comienza en casa, en la familia.

Cada una de nosotras tenemos que educar a nuestros hijos en el respeto, porque así tendremos ganado ya un gran porcentaje de la lucha. A partir de ahí, viene lo demás.

No nos equivoquemos, aún queda mucho camino y en él tenemos un papel importantísimo las mujeres. Todas y cada una de nosotras tenemos la obligación de ser una parte destacada en la labor feminista. Entiendo el feminismo como la lucha por la igualdad, pero sobre todo, por el respeto. Nada que ver con ministerios y políticas sensacionalistas.

Y esa misión es educar en valores, respeto e igualdad a nuestros hijos. No soy amiga del desdoble de género, por eso quiero matizar que cuando digo hijos me estoy refiriendo a ambos géneros siempre.

Nuestra misión como mujeres es enseñar a las siguientes generaciones el valor y la importancia del respeto. A veces olvidamos que es uno de los pilares de la vida.

A las mujeres hay que hacerles entender desde la cuna su valía. Soñemos a lo grande. Sepamos que valemos igual que un hombre, que podemos hacer lo que nos propongamos. Porque si de verdad quieres, puedes.

Los hombres tienen que saber que la mujer no es una cosa con la que pasar el rato, que no estamos para servir ni para ir un paso por detrás.

La mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos es una educación en valores, en igualdad. Aunque todos estamos capacitados para hacer las mismas cosas, siempre es importante el detalle.

Todos los hombres deben tratar a las mujeres como tratan a sus madres, hermanas, abuelas, en definitiva a aquellas mujeres a las que quieren y respetan. Pero no olvidemos que son ellas las que tienen que dejar como herencia los valores fundamentales: hombre y mujeres somos iguales ante el respeto.

Todos merecemos ser respetados, es que es el germen de la vida.

Dicho esto y aprovechando, como decía, que esta semana hemos celebrado el día de la mujer, quería compartir con vosotros dos efemérides relacionadas con la mujer.

Fue el 8 de marzo de 1910 cuando el rey Alfonso XIII firma el decreto de autorización para que las mujeres puedan estudiar en la universidad. Desde aquella fecha, las mujeres hemos podido estudiar legalmente, porque hasta ese momento, las mujeres solo podían acudir de forma privada y con permisos especiales.

Un día después, La Gaceta de Madrid lo publicaba en su número 68:

«Ilmo. Sr: la Real orden de 11 de junio de 1888 dispone que las mujeres sean admitidas a los estudios dependientes de este Ministerio como alumnas de enseñanza privada, y que cuando alguna solicite matrícula oficial se consulte a la Superioridad para que esta resuelva según el caso y las circunstancias de la interesada.

Considerando que estas consultas, si no implican limitación de derecho, por lo menos producen dificultades y retrasos de tramitación, cuando el sentido general de la legislación de Instrucción pública es no hacer distinción por razón de sexos, autorizando por igual la matrícula de alumnos y alumnas.

S.M. el Rey (q.D.g.) se ha servido disponer que se considere derogada la citada Real Orden de 1888, y que por los jefes de los Establecimientos docentes se concedan, sin necesidad de consultar a la Superioridad, las inscripciones de matrícula en enseñanza oficial y no oficial solicitadas por las mujeres, siempre que se ajusten a las condiciones y reglas establecidas para cada clase y grupo de estudios.

De Real orden lo digo a V.I. para su conocimiento y demás efectos. Dios guarde a V.I. muchos años. Madrid, 8 de marzo de 1910.

ROMANONES.

Señor Subsecretario de este Ministerio»

Por otro lado, un día antes, el 7 de marzo pero del año 1906, la princesa Victoria Eugenia de Battenberg se convertía al catolicismo en España para poder contraer matrimonio con Alfonso XIII, sí, el rey que unos años después nos permitió estudiar en la universidad.

¿Y qué tiene que ver esto con el tema que nos ocupa?

Pues que esta reina fue objeto de vejaciones, ninguneo y desprecios diversos por parte de un hombre: su propio marido, el rey. Como tantas antes y después.

Aquí te dejo un fragmento de lo que sufrió con dicha conversión por él y orquestado por una mujer, su suegra:

En el Palacio de Miramar de San Sebastián, ese lugar tan idílico para mí y que tantos buenos recuerdos traía a mi mente, abjuró de la Iglesia calvinista para abrazar la religión católica y así poder contraer matrimonio conmigo.

Días más tarde, y cuando pudo hablar de ello sin llorar con amargura por el dolor físico, moral y vergüenza que sintió y aún entonces padecía, me hizo saber lo denigrante y ofensivo que para ella supuso tal acto. Bien es verdad que podría haberse resuelto de otra manera; por un lado, realizándose de forma privada y no ante más de un centenar de invitados ajenos a ella. Destacada resultó la ausencia de su familia, por no ser católica y que, o bien la juzgaron por traidora o bien no creyeron en la fe de su nuevo bautismo. Por otro, sin el empleo de cilicios que marcaron su fina piel y cuyos surcos se podían apreciar años después. Sin duda, fue una venganza de mi madre, porque la mujer que yo había elegido no era la princesa católica y austriaca que ella hubiera deseado. Nunca me perdonó este matrimonio y cayó sobre la serena y tímida Ena la ira que, en realidad, debía ir dirigida a mí.

En los ojos del rey, capítulo 5.

Lo que este rey daba por un lado, lo quitaba por otro.

Si alguien cosificaba a las mujeres fue él. No olvidemos que fue el Borbón más lujurioso e introductor de la sicalipsis, en este artículo te lo cuento, en nuestro país. Las primeras películas pornográficas en España fueron producidas por él.

Sin embargo, creo que sería justo también que las mujeres entonáramos el mea culpa, porque seguimos siendo las mayores críticas de las propias mujeres, algo que no deja de sorprender en pleno siglo XXI. Nos criticamos unas a las otras casi de manera inconsciente, porque es lo que hasta ahora estaba normalizado.

Piénsalo, lo más seguro es que, en algún momento, hayas hecho algún comentario ofensivo hacia la mujer.

En este sentido, sobre todo, a principios del s. XIX, la reina también fue víctima de esas críticas por parte de las mujeres más cercanas a ella, las de su corte y también del pueblo.

Fue criticada por fumar, por cómo se vestía, porque le gustaban las joyas, porque no hablaba bien nuestra lengua. Y pregunto yo ¿no os suena esta historia en plena lucha feminista? Las mujeres somos nuestro peor enemigo muchas veces.

(…) ¿sabes cómo me llaman por emplear vestidos coloridos? Peacock[1].

En los ojos del rey, capítulo 11.

Hasta aquí, dos efemérides históricas relacionadas con la mujer.

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[1] Su gran afición a vestir de colores llamativos que tan en discordancia estaban con la vestimenta de la reina Mª Cristina, quien siempre vestía de colores oscuros por el período de luto y la rigidez vienesa, hizo que la apodaran la Pava Real.

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