Historia del ligoteo

Historia del ligoteo

¿Cómo ha evolucionado el amor a lo largo de la historia? La historia del ligoteo va muy unida a la del amor. Claro que la intención es que de uno salga el otro. O no.

Las relaciones sociales, como todo, han ido cambiando al compás del mundo. Esto es evidente. La forma de vida que hoy conocemos en poco se parece a la que vivieron nuestros abuelos, por ejemplo.

Hoy me voy a centrar en la evolución del amor a lo largo de la historia hasta llegar a nuestros días. O lo que es lo mismo o viene antes: la historia del ligoteo.

Aunque me referiré al amor, en ocasiones, querré decir sexo. Hay veces que ambos términos están íntimamente unidos y solo depende de cada cual. Puedes darle la interpretación que quieras.

Vamos a empezar el viaje desde la Edad Media porque es suficiente para ilustrar la diferencia.

Los encuentros amorosos, no hace falta que yo te lo diga, durante la Edad Media y Siglos de Oro, no eran tan fáciles como en la actualidad. Pese a ello, se producían de manera clandestina.

Si pensamos en los noviazgos, estos eran pactados por las familias y en el mejor de los casos, los novios se conocían a través de familiares. En el caso de pertenecer a una familia de clase alta, lo más probable es que tu matrimonio no fuera por amor, sino por intereses diversos y esto se elevaba a la máxima potencia en la realeza. Si eras de clase media baja, quizá tuvieras más suerte y el matrimonio fuera por amor.

De ahí que las relaciones extramatrimoniales o adúlteras estuvieran a la orden del día.

Pero no había teléfonos ni Internet ni medios de comunicación posibles. ¿Cómo concertaban citas o quedaban? ¿Dónde ligaban? ¿Cuál era el Tinder de la época?

¿Lo adivinas?

Exacto. La clave está en las iglesias.

Las iglesias dejaron de ser un lugar exclusivo de culto para convertirse en el sitio en el que los amantes se reunían para citarse y verse. Para ligar.

Ya te habían casado por obligación, ahora ya te encargabas tú de que el amante fuera de tu gusto.

A las iglesias iban a tontear y mirarse. Se pasaban notas en las que se citaban. Incluso fue necesario que hubiera hombres encargados de poner orden cuando se armaba mucho revuelo que además tenían la potestad de echarte como hoy de una discoteca.

Estos lugares sagrados sirvieron para que los galanes conquistasen a sus damas, en definitiva.

Incluso en el Concilio de Trento se tuvo que poner freno a las prácticas adúlteras en las iglesias.

Por ejemplo, en Madrid se llegó a prohibir que los hombres ofreciesen agua bendita a las mujeres porque aprovechaban el momento para citarse.

Durante el Siglo de Oro, las iglesias estaban con aforo completo, sin embargo, pocas de las personas que allí iban lo hacían para rezar.

Dice el historiador Juan Álvarez Colmenar que a principios del siglo XVIII las mujeres de la nobleza «van a la iglesia y hay quien oye doce misas al día. Pero muchas veces no van allí por Dios, sino en busca de citas y galanteos, y durante la misa hablan a sus galanes con los ojos, lenguaje que los españoles entienden de maravilla».

En el proceso del galanteo, ese en el que se busca el amor y no relaciones extramatrimoniales, al menos al principio, y cuando se quiere ser recatado siguiendo las normas de decoro de la época, se empleaba la tarjeta de escoltar.

Esta situación se extiende con pequeñas evoluciones hasta finales del siglo XIX, porque en el XX todo cambia.

Con la incipiente entrada de la mujer al mundo laboral, durante las primeras décadas del siglo, las parejas podían conocerse en el trabajo, pero sobre todo se conocían en bailes, tertulias y también por vínculos familiares.

La evolución de las relaciones amorosas sufre un frenazo durante la Dictadura, hecho que nos lleva a la explosión del amor a lo largo de la década de los años 80. Durante las dos últimas décadas del siglo XX, los lugares por excelencia para encontrar a la pareja ideal son los bares y discotecas, además del trabajo, claro.

Fundamentalmente, esta ha sido la nuestra. Sí, quienes rondan los cuarenta o más, saben de lo que hablo.

Es probable que conozcas la magia del flechazo, sepas lo que es ese encontronazo con alguien en un bar que hace que se te caiga medio vaso de tubo encima, pero no te importa, porque ya no olvidas esa cara.

Ahora bien: ¡cuidado! porque ligar cara a cara está en peligro de extinción.

Llega el siglo XXI y con él un tsunami en el tema del amor. Entramos en la postmodernidad amorosa. Lo moderno se nos queda corto, necesitamos más.

Y me viene a la cabeza la canción de Tam Tam Go Atrapados en la red en la que hace un guiño a este tipo de relaciones forjadas ya no por las flechas de cupido sino por las cookies de Internet.

Aparecen las aplicaciones de móviles para todas las tendencias sexuales y encuentras a tu media naranja o una relación de una noche o tarde por Internet. Tú eliges.

Quiero creer que los jóvenes siguen en la línea del pasado, la tradicional, porque todos están en el mismo saco, en la misma onda o en las mismas condiciones, es decir, todos los individuos con las hormonas efervesciendo cuando ven a su objetivo del mismo modo que un frenadol al contacto con el agua. Es lo que define a la juventud, ¿no?. Y es que el cara a cara tiene algo especial.

Sin duda, estas aplicaciones son útiles teniendo en cuenta el ritmo de vida que llevamos y los problemas con los que llegados a un punto de nuestra vida mucha gente encuentra si no tiene pareja: grupos de amigos con parejas estables o con familia, mismos compañeros de trabajo, qué sé yo.

También para los tímidos o quienes carecen de tiempo. Quizá la pereza o la necesidad de ir a tiro fijo las hacen más atractivas.

Y cuando nos estábamos familiarizando con esta nueva forma de relacionarnos, la vida decide poner a prueba un poquito más nuestra imaginativa. ¿Cómo? Encerrándonos durante tres meses.

Entonces es ahí cuando me planteo qué ocurre con aquellas parejas que por el motivo que sea no conviven o con las personas que han decidido ligar a través de las aplicaciones de móviles.

Investigando y hablando con diversas mujeres descubro que, en este sentido, ha habido dos vertientes:

Por un lado, la imaginativa humana no conoce límites y me sorprendo por ejemplo, cuando me dicen que se celebraron orgías mascaradas por Zoom. No seguí preguntando. Lo siento, pero no puedo darte más información al respecto. También, las ventas de los juguetes sexuales con manejo remoto se dispararon y las videollamadas de whatsapp fueron otro imprescindible.

Por otro lado, para los más románticos y amantes de la modernidad amorosa, para aquellos a los que una mirada les sirve para conseguir una cita, acudieron a los supermercados.

Exacto. En plena pandemia del siglo XXI, hemos cambiado las iglesias por los supermercados para ligar.

¿Cuántos amores habrán surgido entre estos pasillos?

¡La de amores que habrán surgido entre los estantes de papel higiénico y levadura! Y esos ojos, que por otro lado es lo único que se nos ve con las mascarillas, no se olvidan nunca.

Desde el mismo día que comencé a escribir «Diario de un amor confinado» he dicho que es una novela romántica hoy, pero que será histórica algún día. ¿Por qué? Por dos motivos fundamentales: por un lado, porque a pesar de tener el tinte romántico, no deja de ser una nueva forma de encontrar el amor y esto va evolucionando como ya hemos dicho. Por otro, está el imperante deseo de ver el final de la maldita pandemia y que sea ya parte de nuestra historia.

Valery y Max, los protagonistas de la novela, son los representantes de todas aquellas personas que han descubierto lo que es un supermercado durante el confinamiento, gracias a que iban por salir y conocer o encontrarse con gente. Muchos, más de los que imaginamos, han encontrado así el amor.

—Os basta con el nombre. Prometí que me enteraría y lo he hecho. Lo importante es que desde que lo vi no he vuelto a pensar en Rafa. Max ha cerrado una etapa de mi vida. Y mañana hemos quedado en la panadería del Gastamenos.

—No me lo puedo creer. Vuestra primera cita será entre panes recién horneados y tartas congeladas de Winnie de Pooh —rio Silvia.

Miércoles 18 de marzo de 2020

¿A quién no le viene ahora a la mente la canción de Alaska y los Pegamoides Horror en el hipermercado? porque, fíjate como es la vida, vuelve a ser actualidad.

Y esta es la historia del ligoteo. La evolución del amor.

Enlaces de interés:

Canción de Tam Tam Go.

Canción Alaska y los Pegamoides.

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