Felipe IV el Pasmado

Felipe IV el Pasmado

Felipe IV ha pasado a la historia como el pasmado o el rey planeta, pero ¿era de verdad así?

No, Felipe IV no era un pasmado. Tampoco un hombre viajado, pues no salió de España. Por tanto, tampoco le va bien lo de planeta.

Hemos tenido que esperar hasta el siglo XXI para que los historiadores se interesen por determinadas partes de la historia de nuestro país que hasta ahora no habían sido más que caricaturizadas.

Entre otros, como ya vimos con Carlos II (su hijo) en este artículo, esto es lo que ocurre con Felipe IV, uno de los Austrias menores. Otro de los tópicos que hay que romper, porque el calificativo ‘menor’ nos lleva a pensar en despectivo. ¿Por qué estudiar o dedicar nuestro tiempo a los menores si contamos con los mayores?

Es de agradecer a los historiadores que se hayan volcado en descubrir la realidad menos distorsionada de estos reyes con la finalidad de obtener una foto más verídica. Y es que la lacra de juzgar por el aspecto físico viene de lejos. En este caso concreto, del Siglo de Oro.

Esto no quiere decir que ahora vayamos a idealizar la figura del rey situándolo en el polo opuesto a lo que de él nos ha llegado, pero sí es de justicia darle su lugar y alejarlo de esa caricatura simplista tan del gusto de los españoles que nos dejó Torrente Ballester en su novela o Uribe con su película sobre Felipe IV.

Pocas cosas hay que guste más a un español que tomar como la verdad más absoluta la caricatura de un rey.

¿Tenía cara de pasmado Felipe IV? Sí, no era agraciado, igual que la mayoría de los Austrias, pero no es lo mismo parecer que ser. Y esa sutil diferencia, y muchas más por supuesto, es la que el historiador Alvar se ha encargado de señalar en su trabajo Felipe IV. El Grande.

No cabe la menor duda de que si por algo conocemos al rey es por su ajetreada vida sexual. ¡Lo que nos gusta este tema! ¿Qué más se conoce del rey Pasmado que tuvo aproximadamente treinta hijos ilegítimos? Normal, con esta presentación tenemos éxito asegurado para una película.

Pero este monarca fue algo más. Al final, la vida privada no es más que eso, privada, y para lo único que nos debe interesar es para entender la manera de actuar en determinadas ocasiones.

Hoy intento limpiar la imagen del rey, librarlo de las etiquetas despectivas, pero sobre todo, poner de relieve lo que dio de sí su reinado.

Si por algo se caracterizaba la España del Siglo de Oro era por el fatalismo, es decir, por la superstición que en muchas ocasiones iba unida a la religiosidad.

La muerte fue una constante en la vida de Felipe IV. De sus trece hijos legítimos vio morir a diez y también a su mujer Isabel de Borbón, a quien consideró siempre ‘la reina’ pese a que se volvió a casar tras su muerte.

Todas estas muertes lo condujeron a un estado depresivo que le valió el sobrenombre de Pasmado. Pero que levante la mano quien cree que no se quedaría algo afectado hasta rozar la tara tras vivir rodeado de tanta muerte en el núcleo familiar.

Por otro lado, y en este sentido recuerda al carácter del último de los zares de Rusia, sentía una fuerte religiosidad en la que encontraban explicación a sus males y problemas. Mientras que en ella se refugiaba el zar, a ella culpaba el rey, porque todo respondía a un castigo divino por sus pecados.

Muchas similitudes pese al gran abismo temporal que los separaba, Felipe IV reinó en el siglo XVII y Nicolás II en el XX.

Esta situación familiar y convencimiento religioso, no sólo marcó su reinado, sino que es lo que nos ha llegado pasando por alto lo verdaderamente importante que no es otra cosa que su labor como monarca de España.

Hoy en día, gracias a Internet, tenemos a nuestro alcance cualquier tipo de información, por lo que no te voy a aburrir contándote todo lo que ocurrió durante los cuarenta años en los que reinó este Felipe.

Sin embargo, sí quiero destacar que fue un hombre intelectual y cultivado, en palabras de Alvar: «Razonó sobre teoría de la historia; sobre educación de los príncipes; sobre moral, ética y política». Del mismo modo, como hablaba español, latín, francés e italiano, escribió entre otros textos la traducción al español de la Historia de Italia de Guicciardini.

Por otro lado, su labor como mecenas de arte resultó insondable. Bajo su protección vivió Velázquez, por lo que gracias al rey conservamos hoy la gran herencia pictórica que nos dejó el genio del pincel.

Teniendo en cuenta estos datos, no era ningún tonto al que se le pudiera manipular fácilmente. Aún voy más allá, era más espabilado que muchos de los que llegaron detrás.

Del mito a la realidad hay un gran abismo en ocasiones y este es el caso de Felipe IV.

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