Así murió Alfonso XIII

Así murió Alfonso XIII

Este domingo, 28 de febrero, hará ochenta años que murió Alfonso XIII no siendo ya rey y estando en el exilio. En concreto, hacía diez años que vivía en la frontera.

Así murió Alfonso XIII, bisabuelo del rey Felipe VI y abuelo del emérito, Juan Carlos I y lo hace en el temido exilio. Eso sí, en la suite del Gran Hotel de Roma.

Teniendo en cuenta la edad y precaria salud de nuestro emérito, no puedo evitar que mi mente viaje al futuro para comparar una vez más la vida y también la muerte de ambos monarcas.

Si la parca llegara a visitar a Juan Carlos en breve, Dios no lo quiera, diría adiós a este mundo desde un lugar paradisíaco, pero lo haría en la soledad más absoluta, pese a estar rodeado de emires, hermanos árabes y demás familia. Sin embargo, la familia de sangre pudiera no llegar.

El rey llevaba esta cinta de la bandera de España en la mano cuando murió.

Cuando el 28 de febrero de 1941 Alfonso XIII se despidió de este mundo, no lo hizo solo. Con él estaban sus hijos vivos y también sus cónyuges. Los reyes de Italia lo velaban en el salón de la suite real y en una habitación cercana, la que fuera su mujer, la reina Victoria Eugenia, acudió para despedirse. Es probable que lo hiciera para sentirse superior a él por una vez, verlo agonizar debía ser una manera de ajustar cuentas; sin embargo, él le hizo el último desplante y con un hilo de voz, pidió que no la dejaran entrar. No quiso verla ni que lo viera.

No imagino a Sofía acudiendo a Abu Dabi para despedirse de su marido. Quizá sí, y empleara el ya famoso aguantoformo por última vez. Es impredecible.

Alfonso XIII no murió solo, no. Allí, junto a su cama estaba su hijo Juan, el heredero y en quien había abdicado solo un mes antes viendo que se acercaba el final.

Así decía en su manifiesto de abdicación el 15 de enero de 1941: «Ofrezco a mi Patria la renuncia de mis derechos para que por ley histórica de sucesión a la Corona quede automáticamente designado, sin discusión posible en cuanto a la legitimidad, mi hijo el Príncipe Don Juan, que encarna en su persona la institución monárquica y que será el día de mañana, cuando España lo juzgue oportuno, el Rey de todos los españoles».

España no lo consideró oportuno y se saltó un turno como ya sabemos.

Antes de expirar, tomándole la mano a su hijo, pronunció sus últimas palabras: «Majestad, sobre todo, España».

Así murió Alfonso XIII.

También le hizo prometer que haría lo imposible por devolver sus restos mortales a España.

En un principio, el rey recibió cristiana sepultura en la capilla de San Diego de Alcalá en el templo español de Santiago y Montserrat, en Roma, donde estuvo durante 39 años.

Foto de ABC.

A mí me cuesta imaginar al rey Felipe despidiendo a su padre exiliado y acompañado de la reina Letizia, pero todo puede ser. Vale, esto último, lo de la reina, lo dudo muchísimo.

En realidad, lo más probable es que el rey vuelva a España para morir. Si es que da tiempo y no le ocurre nada que acabe con su vida en el momento. Pero de estar enfermo, volverá pronto porque no está exiliado. Puedes leer este artículo donde te lo explico.

¿De qué murió Alfonso XIII?

Una afección cardíaca, angina de pecho, fue la causante de la muerte del rey.

Sí, pero motivada por problema dentales.

Alcohol, tabaco, sexo y poca higiene (la higiene bucal en la época no se llevaba mucho) hicieron que el rey tuviera desde muy pronto problemas dentales.

Acabando la década de los años 20, durante unas vacaciones en Inglaterra y mientras disputaba un partido de polo con el Príncipe de Gales, sufrí un desmayo. Con presteza, me examinaron los médicos del Príncipe, concretamente el doctor Smart, a quien nunca olvidaré, diagnosticándome infección en cinco piezas dentales. Su juicio fue tan claro y demoledor como su cura: extirpación de las cinco. Como es de suponer me negué en rotundo y quise que, a mi vuelta a España, fuera tratado por el doctor Florestán Aguilar quien también me propuso extraer las piezas infectadas y sustituirlas por removibles. ¿Te imaginas? Ahora no solo sería un rey exiliado sino también sin dientes. ¡Menudo despropósito!

En los ojos del rey. Capítulo 3.

El doctor Florestán pudo salvar de alguna manera aquellas piezas afectadas, pero el daño en su corazón ya estaba hecho.

El rey prefirió obviar este incidente, no se lo contó a nadie y continuó con su vida sin llevar a cabo ningún cambio en sus hábitos.

De ahí que su salud se viera mermada desde muy joven.

Este diagnóstico decidí obviarlo siguiendo con mi usual tipo de vida. Tampoco se lo mencioné a nadie. Pensaba que, olvidando el incidente de Inglaterra y con las piezas curadas, el problema desaparecería.

Por desgracia, el daño ya estaba hecho resultando irremediable; a mis cincuenta y tres años me siento anciano y estoy avejentado. Las cacerías las he tenido que abandonar pues me agotan tremendamente las largas jornadas de caminatas e incluso el peso de la escopeta sobre mi hombro me parece terrorífico.

En los ojos del rey. Capítulo 3.

Finalmente, Alfonso XIII volvió a España, a su patria, en 1980 cuando su nieto, Juan Carlos I, mandó que fuera enterrado en El Escorial junto a los demás reyes de España. Ese día, Don Juan se cuadró ante su hijo, el rey Juan Carlos I, y le dijo: «Majestad, misión cumplida».

Foto de ABC. «Majestad, misión cumplida».

Así murió Alfonso XIII.

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