Me voy de vacaciones

Me voy de vacaciones

Después de un año duro y de pocos momentos de descanso, me voy de vacaciones.

Pero antes quiero proponerte tres destinos especiales para este verano, los tres lugares que aparecen en mi novela Diario de un amor confinado.

Verás, me preguntáis a menudo cuánto hay de autobiográfico en esta novela y yo siempre os respondo que nada y mucho. Voy a aprovechar que me voy de vacaciones para contarte lo que hay de mí en la novela.

Si algo hay de mí es la geografía española que aparece en la novela. Mugardos y el Mar Menor son dos lugares muy vinculados a mi vida. También he elegido Málaga como zona importante, porque es una ciudad fabulosa que me transporta a algunos veranos de mi infancia en las playas de Torremolinos.

Y otro dato que tiene mucho de Sonia son los corchos de vino que Valery va guardando para contar con Max las botellas que se bebieron juntos durante el confinamiento. Los protagonistas se toman los mismos vinos que mi persona favorita y yo durante esos meses. Esto está muy en consonancia con Galicia, ya que uno de los vinos estrella durante los meses que duró el encierro fue A Coroa, gran caldo gallego que nada tiene que ver con la comida.

Aquí una muestra de la realidad

Extracto de un capítulo de la novela:

—Pues mira, eso no lo sabía. Para mí, es el número mágico de la literatura y la vida: los siete días de la semana, los siete cabritillos del cuento o los siete pecados capitales —le dije riendo—. ¿Sabes una cosa? Estoy guardando los corchos de todas las botellas de vino que nos estamos bebiendo juntos. Cuando acabe el confinamiento, contaremos cuántas hemos compartido —dije sonriendo.

A lo que iba, hoy me ha llegado una caja de botellas de vino, cortesía del alcalde de Mugardos, primo de Javier. Les ha enviado una a Mara y a su primo y ha tenido la deferencia de enviarnos otra a Raquel y a mí. Seis botellas de vino blanco gallego A Coroa. Una delicia. He pensado abrir solo una y guardar las demás para compartirlas con Max.

Hay quien me ha preguntado si existe Mugardos. ¡Claro que sí!

Hace un par de años, fuimos Raquel y yo de vacaciones a Mugardos, un pequeño pueblecito marinero y pizpireto cerca de Ferrol con Mara y Javier. El matrimonio iba bien por entonces, al menos no mal de cara a la galería como se dice vulgarmente. O quizá, ahora que lo pienso, es probable que Mara no quisiera ir sola a aquel viaje donde estaría toda la familia de Javier, por eso lo organizó todo para que también fuéramos nosotras.

Mugardos es un bello pueblo marinero, lugar de marisqueo y pesca de bajura que está enfrente de Ferrol. Su ría, la de Mugardos, es navegable y si el tiempo lo permite hay que llegar hasta allí en las tradicionales lanchas que salen del puerto de Ferrol.

En este pueblo no puedes dejar de disfrutar de las taciñas de ribeiro y del pulpo a la mugardesa. Sin duda un destino para desconectar, disfrutar de sus entrañables playas y su gastronomía. Un lugar en el que me perdería para escribir una novela.

Pero si hay un trozo de tierra y mar importante en mi vida, ese es el Mar Menor. El mar que me vio nacer y me enseñó a crecer. Allí he vivido los veranos más bonitos de mi vida, esos que nunca podré olvidar. Allí he conocido a mi mejor amiga, la que siempre está y sé que estará, porque somos amigas de «cubos y palas» como ella dice. Una persona que me hace reír y que conoce lo mejor de mí y también lo peor. Esa a la que la vida hace que ahora vea poco.

No puedo olvidarme de las noches de fiesta o de las que pasábamos en la terraza de su casa estudiando cuando íbamos a la universidad. Porque sí, estudiábamos, pero también era el momento de las confesiones. Las noches de sushi o mejicanadas. Las tardes de mus con nuestras personas favoritas.

Hoy amaneciendo en mi Mar Menor

Por ejemplo, desde que conocemos a Mara y de eso hace ya más de una década, nuestra semana de vacaciones conjunta en verano, ¿dónde es? Al Mar Menor, ¿verdad? Y ¿qué está ocurriendo con este enclave tan especial y único? Lleva años pidiendo auxilio a gritos sin que nadie haga nada por ayudarlo.

La novela nació como necesidad, porque no quería olvidar ni un solo sentimiento de lo que vivimos durante casi cien días. Pero también es un homenaje a mis amigas. Las cinco amigas de Diario de un amor confinado están inspiradas en las vidas de algunas de las mías. Por eso, es normal que te veas reflejada en alguna de las protagonistas, porque son mujeres reales, de carne y hueso. Tú puedes ser cualquiera de ellas.

Por mi parte, me voy de vacaciones, me esperan el Mar Menor y mi primera amiga.

¡Nos vemos en septiembre! Feliz verano.

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