Blas de Lezo

Blas de Lezo

En el olvido quedan ya los días de playa o montaña, las tardes de siestas y las noches de farra. Cada uno de esos días de verano los recordaremos según los vivimos, pero solo tendrán importancia para cada uno de nosotros.

La historia de nuestra vida nos pertenece, la de España, no. Los españoles debemos reconciliarnos con nuestra historia y mirarla con los ojos del pasado sin intentar entenderla o juzgarla con la mente del presente.

Aun a riesgo de resultar pesada, repetitiva o cansina vuelvo a incidir una vez más en el desconocimiento más absoluto que los españoles tenemos de nuestra historia.

Claro, que peor que desconocerla es no ponerla en valor, obviarla o ningunearla.

Hoy abro la sección «personajes de la historia» con Blas de Lezo.

Tenía un ojo tuerto y una pata de palo, también le faltaba un brazo y nada más cumplir los veinticinco era conocido como el medio hombre.

Blas de Lezo fue un héroe español caído en el olvido, como tantos otros personajes que bien merecerían un buen capítulo en nuestros libros de historia.

Este vasco iba perdiendo partes de su anatomía por donde pasaba y batallaba: en Málaga una pierna, luchando con un corsario francés, el ojo y en Barcelona perdió un brazo. A esto lo llamo yo dejar huella.

Pero a Blas no lo frenaba mutilación alguna, que para algo tenemos dos de cada una de las partes que perdió.

Patapalo, como muchos lo llamaban, debió de jubilarse tras tanto tiro encajado y tantas batallas ganadas, también perdidas. Sin embargo, no era hombre de permanecer en la corte, de quedarse viviendo del cuento.

Él era un marino que llevaba el deber en la sangre y además se sentía fuera de lugar en esa corte felipista donde una pandilla de hombres y mujeres tan completos como sin oficio pasaban el rato entre lujos e intrigas palaciegas. Por otro lado, bien es cierto que era un tipo incómodo para el rey, por eso lo envió a Cartagena de Indias. Y aquí es donde nace la leyenda, el mito del medio hombre.

En Cartagena de Indias es donde escribe una de las páginas más gloriosas de nuestra historia. Ingleses y españoles andaban sumidos en conflictos bélicos, concretamente en la Guerra de Asedio para los españoles, también conocida como la de la oreja de Jenkins para los ingleses. Al final era lo mismo.

Lo que pasó es que el guardacostas español en el Caribe abordó el barco inglés del corsario Jenkins y descubrió que la carga que llevaba era mayor que la declarada, vamos, que era de contrabando. El capitán español no solo le requisó la mercancía sino que le cortó una oreja al tal Jenkins como escarmiento. Como la mutilación le pareció poco cosa, le hizo llevar un mensaje al rey «Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve».

Con la oreja en la mano, eso sí, en un bote con alcohol para mantenerla, regresó a su tierra con el mensaje bajo el brazo.

¿Qué pasó? Sencillamente, lo que todos esperaban. El rey Jorge II declaró la guerra a los españoles. Y como nuestro rey, Felipe V, no se achicaba ni tampoco pensaba, eso de organizar y decidir una estrategia no iba con él, pues envió al molesto almirante Blas de Lezo a luchar contra los ingleses que estaban encabezados por el almirante Vernon.

Una vez más, los españoles, esta vez enviados por Felipe V, se vieron abocados a una guerra de desigualdades tanto de medios como de hombres.

Nuestros reyes siempre se han movido por poder y orgullo, pero ni pensaban ni se dejaban guiar. Lo que ocurrió es que, a diferencia de lo pasó durante el reinado de Felipe II con la Armada Invencible, el Felipe que precedió al nuestro tuvo más suerte pues contó con la pericia y maña de Blas de Lezo quien llegó a tumbar a la gran flota inglesa, que, por otro lado, no era tan inmensa como nos han hecho creer.

Finalmente, el ingenio venció a la cantidad y los españoles nos apuntamos el tanto de Cartagena de Indias.

Curiosamente, fue el momento estelar del almirante, pero también su final, ya que unos días después murió a causa de una infección.

Si te interesa este personaje de la historia, puedes visitar la exposición del vasco Blas de Lezo en el Museo Naval de Madrid.

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Os leo en los comentarios.

Estas son mis novelas.

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