¿Por qué escribo?

A veces es importante conocer un poquito a la persona que está tras las hojas del libro que tanto te está gustando, a esa que sigues en redes sociales y que además te has suscrito a su blog. Por eso, hoy quiero que me conozcas mejor contestando a una pregunta que me han trasmitido algunos lectores: ¿por qué escribo? Es una muy buena pregunta. ¿Por qué dedicar mi vida a escribir y no a hacer cosas productivas económicamente? Es verdad, hay trabajos mejor remunerados, pero es que la escritura es como una droga.

¿Por qué escribo? Decía que es una buena pregunta, es más, es buenísima, porque tiene tantas respuestas que me va a dar para escribir el artículo de esta semana, pero tranquilo que no te las voy a contar todas.

La primera respuesta y principal es porque disfruto, me encanta, lo gozo. Escribiendo me siento libre, en mi hábitat, es mi zona de confort.

Aquí paso las horas, de este desorden coherente salen todas mis historias.

Vale, tienes razón si estás pensando en que, en ocasiones, es bueno salir de esa zona para poder crecer y avanzar. De acuerdo, no te lo voy a discutir porque lo hago también. Salgo y más veces de las que quizá me gustaría. Y, ¿qué hago entonces? ¿no escribo?

CLARO QUE SÍ.

Pero cuando abandono mi territorio, mi dominio, veo la tele. Anda, se te acaba de romper el mito. Y si te digo además que veo telebasura (para muchos, para otros no lo es y hay que ser respetuosos), entonces me borras de tus amigos virtuales, te vas del blog y hasta aquí ha llegado nuestra relación.

Lo que ocurre es que fuera de mi zona de confort hay un gran mundo de imágenes, por eso, cuando no escribo leo, observo, anoto lo que me gusta, las ideas que me provoca un paseo bajo el frío que hace ya en Madrid y descubro, por ejemplo, que soy una viejuna verbal. La verdad es que para eso, mejor me hubiera quedado en casa.

Por ahora vamos a dejar aquí el tema de la edad y de los gustos discutibles o no. Hay secretos confesables y otros no tanto.

Sin embargo, te voy a confesar hoy uno. Sí, ven, acerca el oído porque voy a susurrar: este artículo lo he escrito en un descanso de la redacción de mi nueva novela. Lo sé, llevo cien páginas y todavía no tiene título, sigue siendo “nueva novela”.

Tal que así está el título.

Estoy pensando en hacer un brainstorming para ver si entre todos la bautizamos.

Bien, después de este inciso, sigo con el secreto, ven, que vuelvo a susurrar: tengo visita en casa.

No te cuadra, ¿verdad? Con visita y escribiendo como si no hubiera un mañana. No, no seas mal pensado, no es mi suegra quien ha venido y por eso estoy intentando escaquearme con la escusa de la escritura. Me encanta que nos visite y también salir de compras juntas. Sí, ya lo sé, soy un poco raruna, pero me cae bien mi suegra, además es fiel seguidora de todo lo que escribo. Hala, segundo secreto del día. Se acabó, ya no hay más.

Claro, sé que no puedo dejarte con la duda, tranquilo. Esa visita tan especial que te decía se llama inspiración. Aquí discrepo de mi querido compañero y amigo tuitero David Generoso, para él, la inspiración es una trola y además muy gorda, dice.

Para mí, la inspiración existe. Yo la he visto. La conozco personalmente. Es mujer, es elegante y muy trabajadora. Ayuda, pero no obliga a darle a la tecla sin descanso. Aporta ideas y hasta te anima en los momentos de flaqueza.

Si eres mujer, escritora y madre, quizá te sientas identificada con lo que te voy a decir. Escribir con la inspiración sobre la mesa es como un parto. Es un momento en el que sientes solo la necesidad de empujar, en este caso, las letras, las palabras, las frases hasta parir el texto. Es igual, exactamente igual que un parto: primero la cabeza, luego los hombros y ya, expulsas a la criatura fuera de tu cuerpo. Ojalá fuera tan fácil, pero en esencia es algo así.

Y como ese ser indefenso es tu obra literaria porque dependerá de ti, de tu esfuerzo, de tu trabajo y dedicación para sobrevivir.

¿Por qué escribo? Está claro que por amor al arte y porque no soy de comer mucho, ya que las letras llenan bastante, pero alimentan bien poco.

Pero es como mejor expreso mis sentimientos. Con las palabras no siento vergüenza, ni miedo. Y, aunque me broten las lágrimas, encuentro los términos adecuados y no se quedan parados en el atasco de mi garganta. Porque no hay nada más bello que una palabra bonita adornada de los más lindos complementos, aunque estos sean lingüísticos.

Además, porque existen palabras mágicas que hay que descubrir a los más pequeños como gracias o por favor.

Y es que tengo tantas cosas que contar que no quiero llevarme al más allá.

Junto letras y palabras porque hay gente como tú que se divierte o entretiene con mis textos.

Lo hago porque la escritura es el mejor regalo que hemos recibido y la mayor independencia, porque si sabes escribir sabes pensar.

¿Por qué escribo?

Porque soy feliz haciéndolo.

Si te ha gustado, ya sabes que agradezco que compartas. Y recuerda que el mejor que regalo que puedes hacer es un libro, yo te recomiendo dos En los ojos del rey y Los Martínez. Personas muy especiales con un apellido muy común.

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2 Comentarios

  1. Juan González Guagnino

    25/11/2019 at 20:57

    Vaya!
    Este artículo ha sido una confesión en toda regla y como tal, es digna de todo mi respeto, sobretodo por no haberte limitado a plasmar tus sentimientos en la intimidad de un diario y haberlos expuesto para que personas como yo, podamos opinar…eso demuestra valentía.
    Partiendo de este hecho y de que admiro a quienes son fieles a si mismos, te animo a que continúes haciendo lo que te gusta.
    Somos dueños de nuestra vida (aunque la compartamos con otras personas ) y eso nos permite decidir si queremos cambiarla, mejorarla o simplemente dejarla tal cual está…
    Ser felices puede ser un buen objetivo vital, así que te invito a que sigas haciendo aquello con lo que te identificas porque solo así harás felices a quienes te rodean…
    Por cierto! Mira que ver telebasura…ja ja ja!
    Como siempre, un placer leerte y darte mi opinión y gracias por permitirme hacerlo…

    • Me alegra mucho descubrir a fieles lectores. Es lo más bonito e importante para un escritor, así que me siento muy afortunada de leer todos los comentarios en el blog y por privado en redes sociales y correo. Esta semana ha sido especial porque habéis sido muchos los que me habéis escrito.
      Juan, gracias por tus palabras y, sobre todo, por dedicar un ratito para leerme formando parte de la gran familia de este blog.
      Por cierto, no soy partidaria de los diarios. Imagina que algún día soy famosa y alguien lo vende, jajajajajaja.

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