Quiero hablarte de mis héroes

Quiero hablarte de mis héroes

Hoy quiero hablarte de mis héroes.

De los que no llevan capa ni antifaz, pero tampoco mascarilla. Esos que no tienen superpoderes ni son famosos, pero tienen algo mejor. Ellos disponen de un arma que no es secreta con la que consiguen alegrar el día. ¿Sabes cuál es? Exacto: la sonrisa.

Cada mañana desayuno con sus sonrisas.

La vida es lo más parecido a un plato de pimientos de Padrón. Es un disfrute comerlos, sin embargo, de pronto, ¡sorpresa! Ahí lo tienes, te toca uno que pica y te fastidia durante un tiempo. No sabes dónde meterte; lloras; buscas desconsoladamente la manera de acabar con ese picor que recorre todo tu cuerpo. Sin suerte, bebes y bebes, exhalas y respiras, incluso sientes que eres lo más parecido a un dragón y piensas que si abres la boca de ella saldrá fuego.

Así, disfrutábamos de todo casi sin aportar valor, porque era lo habitual, al igual que del plato de pimientos. No parábamos a pensar en que la vida va y viene y no se detiene. Qué se yo.

Todo iba bien. Vamos que los pimientos estaban buenos, alguno más picante que otro, pero en general, no nos quejábamos. O sí, no nos gustaba la rapidez con la que los comíamos, pero ese es un tema del que hablaré otro día.

La petición más repetida por la humanidad era coral: tiempo. «Me falta tiempo», «Necesitaría que los días fueran más largos», «No tengo tiempo para nada», «No me da la vida» o mi frase estrella que llegó a ser mi carta de reyes de hace un par de años «Tengo todo lo que quiero. Solo necesito tiempo para disfrutar de las cosas que tengo y de quienes quiero». Y voilá. Los deseos a veces se cumplen, aunque no de la manera en la que los pides.

El tiempo en tus manos.

Ahora me encuentro con todo el tiempo del mundo y tú también. Cada día recibimos un paquete con veinticuatro horas para distribuirlas según deseemos y esto será así durante un tiempo indeterminado. La vida, que es así de caprichosa.

Entonces, los superhéroes cambian: ya no son espectaculares seres a los que dan forma exuberantes actores. No, qué va. Son personas como tú y como yo en quienes no reparábamos en nuestro día a día y que ahora han demostrado ser quienes de verdad están solucionando el gran problema y nos están salvando la vida.

A todos ellos les agradecemos su labor cada día a las ocho de la tarde con calurosos y prolongados aplausos.

Sin embargo, yo quiero hablarte de mis héroes, para mí, son los verdaderos protagonistas de esta parte de la historia. Este es un homenaje a todos esos pequeños héroes que nunca habrían imaginado que vivirían una aventura así. Y, en especial, estas letras son un reconocimiento a mi heroína favorita y mi pequeño héroe.

Tras un mes y una semana de encierro, ellos son el motor de la casa, la alegría. Ellos la llenan y me llenan. Ellos y su eterna sonrisa. Esa por la que cada día mi persona favorita y yo luchamos. Esa sonrisa que me obsesiona que puedan perder.

De ellos aprendemos cada día. Nos están dando lecciones de convivencia, de unión, de paciencia y solidaridad.

Atrás quedaron las peleas de hermanos, los piques y las demandas de espacio. Lo que viene siendo habitual en la convivencia entre hermanos. Mis dos héroes de 11 y 6 años han dado la bienvenida al amor incondicional, a la paciencia, a la alegría, a la ayuda. Han decidido que quieren compartir estancia y no quieren oír hablar de habitaciones separadas. Mis héroes reman en la misma dirección, suman y jamás restan. A veces, multiplican también.

Ahora disponemos de tiempo de verdad para compartir y los estoy conociendo bien. Estoy descubriendo sus verdaderas identidades, porque están mostrando sus valores, lo que de verdad les importa, es decir, la esencia que aflora en los momentos difíciles. Sé cuáles son sus miedos e inquietudes con certeza, ya que se están abriendo sin prisas, de un modo natural. Hablan y hablan todo el rato.

Hoy quiero hablarte de mis héroes porque son todo corazón.

Jamás pierden la paciencia o la sonrisa y vienen a mí a cada momento para decirme «te quiero», «un beso para mamá», «un abrazo a cuatro».

Así, voy sumando días a mi cuarentena con sonrisas y carcajadas, con charlas y juegos.

Mis héroes llenan de color y alegría este encierro pintando sonrisas a su paso. Ellos ocupan cada rincón con su energía y vitalidad.

Mi héroe también se pone triste.

Pero como todo superhéroe, los míos también sufren. Veo sobre la alfombra a un pequeño de ojos tristes que no fija su mirada en nada particular. Está tumbado y me dice que no sabe lo que hacer, ni a qué jugar. Me siento a su lado, lo abrazo y no tarda en acurrucarse entre mis brazos. Los juguetes no son el problema, hay algo más importante, muchísimo más. Mi pequeño héroe echa de menos a los de su especie, a los otros héroes que, como él, están encerrados en sus casas sin poder compartir aventuras y travesuras.

Mis héroes llenan de color y alegría este encierro pintando sonrisas a su paso. Clic para tuitear

Eso no puedo cambiarlo. Entonces soy yo la que se frustra. No está en mi mano darle lo que necesita, pero sí intentar llenar ese vacío con otras cosas para que la tristeza se borre de esos ojitos tan vivos. Jugamos, contamos cosas graciosas y nos damos fuertes y reconfortantes abrazos. Y rápido se recompone.

Los dos nos hacen la convivencia fácil, pese a tratarse de energía pura. Son los seres más inteligentes del planeta; se saben adaptar a la perfección a todas las circunstancias. A veces, más de las que debiéramos, los subestimamos.

Antes de escribir estas letras, he hablado con varias amigas que también son mamás para que me cuenten cómo están viviendo esta situación sus héroes. Todas coinciden en lo mismo: nos están dando una lección. Lo llevan muy bien, mejor que nosotros.

Sin duda, puedo asegurar que son más las voces de adultos que se alzan pidiendo, asegurando e incluso justificando que los pequeños héroes deben salir a la calle. Es necesario para su crecimiento, salud mental y para que no se queden marcados de por vida. Como si permanecer en casa fuera sinónimo de condena, como si el encierro los marcara en la espalda al más puro estilo vacuno.

Yo animo a los padres a que vuelvan a ser niños, que piensen, jueguen y sientan como sus hijos. Todo es más fácil y natural de lo que queremos o pensamos. La vida es tan bonita como tú la quieras ver, por eso, maquillemos ante sus ojos la parte negativa, porque a los pequeños héroes les gusta imitar y copiar las actitudes y palabras que ven y escuchan en casa. Cuidado con esto; ellos no oyen, escuchan. Y, lo hacen con más atención de lo que imaginamos.

A mí me han demostrado que son:

©Generosos con los más débiles, porque han entendido a la perfección la importancia de quedarse en casa. Nunca se lo cuestionan.

©Pacientes, porque rara vez se quejan por no poder salir o porque las vacaciones no son como están acostumbrados. Saben que lo más seguro para todos es no salir.

©Inteligentes, porque entienden mejor que nadie la gravedad del problema.

©Responsables, porque hacen sus tareas del cole en casa de manera ordenada y creando rutina.

©Solidarios, porque cuidan de los héroes mayores, sus abuelos. De ellos han aprendido todos estos valores que hoy están demostrando poseer. A ellos los echan de menos muchísimo, pero por amor, respeto y responsabilidad los están cuidando de la manera en la que deben: sin verlos, sin abrazarlos, sin besarlos, ni jugar con ellos.

Así, no olvides que si vives el confinamiento en tu casa con todas tus comodidades, eres una persona afortunada.

No estamos en una cárcel, ni en un campo de concentración. Tampoco se trata de un monasterio de piedra sobrio y sereno.

Estamos encerrados en nuestro hogar, en nuestro refugio, con todas nuestras cosas, juguetes, comida, televisión y lo más importante, sanos. Todo pasará.

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2 thoughts on “Quiero hablarte de mis héroes

  1. Me encanta Sonia!!

    Yo no estoy compartiendo este momento con mi pequeña heroina como tu dices, porqué cuando empezó esta locura decidí llevarla a ella y a su abuela a la casa que tenemos en Toledo, allí tiene algo de terreno donde puede saltar y correr, tiene un columpio, incluso una cama elástica, un pequeño huerto donde riega las lechugas de su tatá (como ella le llama), pero las cosas que pueda tener son lo de menos, para mi primaba que pudiese salir de entre 4 paredes y respirar un aire puro que ahora mismo en Madrid no tenemos, aunque también pensé que esta situación no se iba a alargar tanto, nadie éramos conscientes de la magnitud de esta pandemia.

    Y si, ya se que el post de hoy es para aprender de estos pequeños héroes y las lecciones diarias que nos dan (en este caso os dan), aunque sin ella y con todo lo que eso supone, he aprendido a encontrarme y llevar esta situación de la mejor manera posible, sin agobiarme cada día y sin renegar, sino valorando lo primero de todo que estamos sanos y que ahora con todo el tiempo del mundo podemos distribuirlo a nuestro antojo.

    Hice bien o no llevándolas, no lo sé, quiero pensar que si y que mi madre y la peque allí están alejadas y a salvo de este bicho ca…, la echo muchísimo de menos y sobre todo lo que me mata es la incertidumbre de no saber cuando voy a poder ir a darle el mayor y más sentido abrazo que se le puede dar a un hijo y a una madre.

    Cómo madre el sentimiento de culpa está ahí y ese me cuesta un poco más quitármelo, el de dejar a mi madre con esa responsabilidad, pero también sé que no puede estar en mejores manos, y que de una u otra manera, a ella el estar con la peque le está ayudando también a llevar «mejor» toda esta locura, creo que vivir sola estos momentos no es bueno para nadie o al menos para nuestros mayores que más que nunca necesitan de esa compañía que el ser humano tanto anhela.

    Un abrazo y un beso enorme para los cuatro.

    1. Muchas gracias por compartir tus sentimientos en el blog.
      Yo no tengo duda, cada uno decide lo que es lo mejor para sus hijos y, desde luego, no es cuestionable. Aunque para ti es más duro, les has hecho un favor a las dos y ellas estarán fenomenal. La peque lo verá como unas vacaciones y pronto podrás darles ese beso y abrazo que tantas ganas tienes.
      El instinto de protección manda sobre el corazón, por tanto, hiciste lo correcto.
      Un fuerte abrazo.

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