Cada minuto que pasa, la dureza del momento se vuelve mayor. Ya es superlativa, pero crecerá más. ¿Cómo la definiremos? No lo sé. Tampoco importa.

Durante este periodo excepcional en el que nos hallamos inmersos, son muchas las voces que se alzan para ayudarnos a sobrellevar este tiempo. Las ideas son infinitas: lecturas, visitas virtuales a museos, teatro on line, televisión, música, radio… También surgen grandes ideas como escribir un diario en el que volquemos nuestros sentimientos, por otro lado, tan cambiantes como el tiempo en esta época. Escribir sana la mente, cura heridas, suaviza enfados, calma los nervios. Yo lo sé, doy fe. Por eso, intento escribir cada día, aunque sea un par de líneas (y no siempre lo consigo). En mi caso un diario resulta imposible y te explico por qué y es muy probable que alguno se identifique con estas palabras que lee. Por eso, me he decantado por un semanario de cuarentena.

En el momento de escribir estas líneas, en Madrid ya hemos cumplido los quince días de cuarentena, de encierro, de emociones contenidas, de miedo, de pena. Hemos visto cómo nuestros hospitales se han colapsado y los médicos lanzan mensajes de auxilio o recomendaciones que parece que nos fastidian. Los enfermos más afortunados se hospedan en hoteles medicalizados o en el gran hotel construído gracias a la UME en tiempo récord: IFEMA, o lo que es lo mismo, la feria de Madrid. Pero sí, esta es la verdad, nuestros hospitales no pueden aceptar un solo paciente más. Lo más triste y grave es que tan llenos están los hospitales como los cementerios. Madrid tiene una nueva morgue: el Palacio de Hielo. Ese lugar al que íbamos a patinar los domingos, ahora recoge los cuerpos de aquellos madrileños que esperan su turno para llegar al cielo.

La situación en la capital, esa ciudad que me acogió y de la que pronto me enamoré y en la que he formado mi familia se ha convertido en el escenario de una película de terror, de dramón épico. Y desearía aportar algo de positivismo a este semanario, pero es complicado.

Pongamos al mal tiempo buena cara, aunque nuestro corazón llore.

Esto ocurre de puertas para fuera. Porque de puertas para dentro, la vida sigue, confinados, pero continúa y con respecto a lo que a límites se refiere, te aconsejo leer este artículo de Marian Ruiz que debería leerse una vez al día.

Mi situación es la de una persona afortunada: tenemos salud y trabajo. Como siempre, formamos un buen equipo en casa, hemos distribuido tareas y todos tenemos una misión.

Mi persona favorita sigue trabajando (desde casa, eso sí) y encargándose de que no falte de nada. Yo he dejado un poco de lado la escritura y mis sueños para ser solo ama de casa y cuidar a los niños para que estén lo más entretenidos posible y esta situación les afecte lo mínimo. Ellos se están portando de manera tan excepcional como la situación. No puedo estar más orgullosa.

Todo fluye.

Pero, a veces, quisiera lanzar el teléfono por la ventana. No soporto un solo mensaje absurdo más de WhatsApp. Es más, odio el WhatsApp (¿recuerdas cuando dije que no odiaba? Pues hay una primera vez para todo), porque el 80% de los vídeos son chorradas o mentiras. Más mensajes de ánimo, de apoyo, llamadas a nuestros amigos o Skype con los abuelos.

Gracias a todos los españoles solidarios que se están preocupando y ocupando de nuestros médicos y sus necesidades. Clic para tuitear

En lo que respecta a ese tiempo libre que se suponía que íbamos a tener y con el que no sabríamos qué hacer, te puedo decir que, por mi parte, todavía no he visitado ni un solo museo. No he podido acabar de leer ningún libro, ni siquiera acabar una miniserie. Mi nueva novela que parece que por fin tiene nombre está en pausa. La primera, En los ojos del rey, que ya tiene editorial está en stand by. Con lo difícil que es conseguir entrar en una y todo se para. Me olvido de verla, por el momento, en librerías o ferias.

Y quiero gritar.

Quiero gritar como las gaviotas de mi tierra.

De pronto, me siento culpable. Qué importancia tiene hoy todo esto cuando hay personas jugándose la vida para salvar a otras que, en más ocasiones de las que nos gustaría, la pierden. Y me siento mal, muy mal. Entonces vuelve la Sonia que soy. Esa que ve el mundo en colores y no en blanco y negro. Quien es como un libro abierto con todos sus argumentos. La que tiene una canción para todo. La persona que, a veces, piensa más con el corazón que con la cabeza. Y dos palabras me asaltan todo el tiempo y quiero que formen parte de este semanario: solidaridad y generosidad.

Y vuelvo a sonreír y dar gracias a Dios por poder tener esta lluvia de sentimientos, por ver y saber que aquellos a quienes más quiero están bien. Doy gracias por ver a mi persona favorita y a nuestros hijos con salud y sonreír en momentos de seriedad.

Entonces me planteo cuánto tiempo más seguirá imponiéndose mi yo positiva, la que hasta ahora soy. Me da miedo que todo esto consiga cambiarme. Decido dejar de pensar. Ya no lo haré más, al menos, solo lo justo. Pensar solo en el presente, el futuro vendrá sin llamarlo y lo tendremos que aceptar.

Madrid, saldremos de esta y volverás a brillar como siempre y los madrileños contigo. Clic para tuitear

Estamos en un tiempo complicado, de dudas, de miedo. Vivimos en un estado de alarma que nos marcará para el resto de nuestras vidas. El mundo a partir de ahora será diferente a como lo conocíamos hasta entonces. Nosotros también hemos cambiado, estamos cambiando. Por tanto, todo este baile de sentimientos es normal. Hoy arriba y mañana abajo. Sin salir de casa vamos subidos en una montaña rusa: la de los sentimientos.

A mí me ayuda dar gracias cada día. Hay que dar gracias a Dios, al mundo, al universo, a la vida o quien tú quieras, pero darlas.

Ánimo, porque venceremos y pronto saldremos de esta. Por ahora, recuerda que tienes el tiempo en tus manos .

Una cuenta de Twitter para seguir durante la cuarentena y sin ella @David_Generoso_ Clic para tuitear

Ah, mira, una cosa que hago cada día es leer el microrrelato que mi compañero David Generoso publica en Instagram. A veces, me siento identificada, otras, me saca una sonrisa y otras muchas, comparto su frustración. También puedes aprovechar el tiempo, si eres de las personas afortunadas que tiene ese tan preciado bien, para leer sus libros de relatos cortos que te aconsejo con fervor, porque te harán reír en un momento en el que las risas están caras.

Un abrazo virtual a todos. Ánimo y fuerza.

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