Acabas de descubrir a un nuevo escritor o bien lees todo lo que publica tu favorito. Felicidades, porque, aunque parezca increíble, cuatro de cada diez de los españoles no tienen tiempo para leer. Sí, sí, como lo estás leyendo tú que eres un privilegiado y gozas de ese bien tan preciado: el tiempo.
Este dato lo he extraído de un trabajo de campo que he podido realizar tras mi experiencia en las diferentes ferias a las que he tenido el gusto de ir a firmar. Ay, el tiempo, el tiempo que nos lleva a todos de cabeza, pero es como las meigas y haberlo haylo y aquí te lo demuestro
Bien, dicho esto, (expresión que emplean hasta la saciedad los tertulianos de la tele en los últimos tiempos) hoy te voy a contar qué nos hace felices a los escritores-, sí, a ese que tanto te gusta, también. ¿Sabes una cosa? Nos conformamos con muy poquito, verás:
1. Ver compartidas nuestras publicaciones en las redes sociales. Y es que compartir es bonito, es un gesto que nos honra, por eso, a los escritores se nos pone carita de bobos cuando vemos las notificaciones de nuestras redes cargaditas de retuits, me gusta o compartidos. Pero te voy a contar un secreto: si le haces un comentario, entonces te convertirás en su lector favorito.
2. Cuando regalan nuestra obra. Los libros, por regla general, suelen ser un bien comunitario. Lo compras y se lo pasas a tu madre, a tu abuela, a la vecina incluso te ves capaz de prestárselo a la señora que cada día se sienta a tu lado en el metro. Pero un libro que te haya gustado puede ser el regalo perfecto para un cumpleaños, el día de la madre o un aniversario. No lo olvides.

3. Hablar con los lectores. No hay cosa que más nos guste a los escritores de verdad, a los que lo hacemos por amor al arte, con pasión, los que seguimos escribiendo pese a que no podamos vivir de la literatura, que dedicar un rato a hablar con nuestros lectores o futuros lectores. Si recibimos un mail, un mensaje en alguna de las redes sociales, el mundo se detiene, suena música de serie americana de los 90 y tras unos cuantos pasos de baile frente al ordenador, contestas. Y lo haces sin prisa, con toda tu atención y agradecimiento.
Esta semana leía en el Instagram de Federico Moccia a propósito de su asistencia en la feria del libro «Poneros caras es una de las partes que más me reconfortan de mi profesión».
4. Escribir pensando en el lector. Aquí voy a hablar de mí, porque soy yo la que está escribiendo. Y ahora tú estarás pensando que acabo de contar una mentira del tamaño del Quijote, ¿verdad? Pues deja que te explique porque yo no miento (a veces lo hago, pero de manera muy sibilina). Verás, los escritores que lo somos por vocación y devoción, escribimos por necesidad, porque es imprescindible para nosotros volcar todas las historias que tenemos dentro. En este sentido, es puro placer personal, sin embargo, no todos, pero sí la mayoría, poseemos algo muy valioso: respeto al lector. Y esto lo profeso como una religión, porque si hay respeto, todo fluye. Soy consciente de que no puedo gustar a todos, eso es normal, pero sí puedo decir que respeto profundamente a todos los lectores. Por tanto, cuando escribo algo que publico, siempre en mi cabeza está el receptor de mis letras, tú, lector.
5. Recomendar a otros escritores. Cuando descubrimos algo bueno, nos gusta compartirlo (otra vez aparece este maravilloso verbo). Los escritores que amamos la literatura y escribir recomendamos a nuestros amigos, a otros escritores y fundamentalmente a los lectores, otras obras de aquellos compañeros de letras que nos gustan.

Escritores, ¿qué opináis?, ¿añadiríais algo más? Seguro que tú, como escritor, tienes otro parecer, ¿me lo cuentas?

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