Si te gusta leer, el tiempo no es una excusa. Hoy te voy a demostrar que, si de verdad te atraen los libros, son varios los lugares y momentos en los que puedes encontrar esa unión con la lectura.

 
Sí, ya lo sé. Cuando te apasiona leer, lo que necesitas es un momento especial para esta actividad. Habrá quien piense que es un sacrilegio como mínimo lo que voy a proponer, pero no nos engañemos, hay veces, días e incluso temporadas, en las que no disponemos de tiempo casi ni para realizar nuestras funciones vitales. Por eso, estarás de acuerdo conmigo en que hay que buscar ese momento.
Reconozco que la lectura es para mí una adición, un vicio como otro cualquiera. Es por este motivo que se convierte en una necesidad encontrar tiempo para leer. Vale, también hace que me concentro en los libros con mucha facilidad. Puede caer una bomba a mi lado y no enterarme.
 
Jugamos cada día con el tiempo en contra. Es una realidad que nos sucede a todos. Desearíamos que el día contase con unas horitas extras y poder llegar a todo. Por desgracia, o quizá, por fortuna, no es así. Cada día recibimos un regalo de 24 horas que debemos extender y aprovechar al máximo.
 
Por eso, en este post te voy a ayudar a encontrar esos momentos aprovechando los tiempos perdidos.
 
Para mí, el día cuenta con muchos pasillos. Sí, es un símil tonto, pero muy visual. Los pasillos de las casas son los momentos perdidos del día. Si lo piensas, ¿para qué sirven los pasillos? Para perder espacio, ¿verdad? Una buena organización de los metros haría innecesaria la presencia de estos espacios perdidos. Sólo hay que pensar un poco y distribuir mejor las estancias.
 
Con los días ocurre lo mismo que con las casas; tenemos demasiados pasillos, demasiados tiempos muertos.
 
 
Por eso, te invito a elegir una lectura que te lleve rondando tiempo, ese libro que compraste en la última feria del libro, esa novela que te han dejado los reyes, el libro de relatos que te regalaron por tu cumpleaños. ¿Estás listo? Pues vamos a encontrar todos esos pasillos que tiene el día para aprovecharlos al máximo.
   1- El primer pasillo es el transporte público. Todos los días vas a trabajar en bus o en metro. Vale, pues calcula el tiempo que tardas entre ir y volver, seguro que media hora te sale fácil y tirando por lo bajo. Normalmente empleas ese tiempo en pulir la huella dactilar de tus dedos de tanto acariciar la pantalla del móvil. Verás cuando te quedes sin ellas y en tardes una hora en renovarte el DNI porque no detecta el aparatejo tus huellas. Esto es verídico, vamos que a mí me ha pasado. Pero a lo que iba. Dedica ese tiempo a la lectura. Si vas leyendo, el trayecto se te hará más corto. Recuerdo que cuando yo iba a trabajar en metro, me inmiscuía tanto en la lectura que tenía que poner una alarma en el móvil para no pasarme de parada. Había calculado el tiempo que perdía de casa al trabajo y decidí emplearlo en bajar aquella montaña de lecturas pendientes.
 
 
     2- Por las tardes, soy madre. Esa es mi ocupación y preocupación desde que los niños salen del cole. Pero, además de filóloga, escritora y madre, soy una fabulosa gestora de tiempos. Sí, siento presumir así, pero es la realidad. Cuando quieres y/o tienes que hacer en el día más cosas de las que puedes, tienes dos opciones:
a)  Convertirte en un héroe de cómic y emplear tus ultra poderes para detener el tiempo, alargar las horas, hacerte invisible o simplemente desaparecer.
 
b)  Aprender a gestionar el tiempo y priorizar tareas.
 
En mi caso pertenezco al segundo grupo, aunque debo reconocer que me encantaría estar en el primero. Pero no me voy a desviar del tema. Las tardes son como las casas antiguas del centro de Madrid: grandes, largas y con muchos pasillos. Hay que gestionar ese tiempo y dedicarlo a las cosas que más te gustan y puedes hacer en esos tiempos muertos, por ejemplo, leer. Mientras espero en la puerta del colegio, siempre leo. Luego vienen las extraescolares con sus largos pasillos. La de libros de relatos que he devorado esperando en los entrenamientos… También aprendí a hacer punto. Mis hijos tienen, tejidos por mí, gorros y bufandas de todos los colores, pero eso no importa ahora.
 
Si tienes hijos, seguro que cuentas con muchos tiempos muertos, muchos pasillos, que puedes emplear en leer.
     Ya sé, tranquilo, te estoy oyendo. No tienes hijos y además vas al trabajo en coche. Muy bien. Entonces tú no tienes excusa. Eres el p*¤¢ amo de tu tiempo, majo. Organízate.
   3- Si no tienes hijos, lo más probable es que tengas las tardes libres. No te alteres, espera, deja que me explique. Verás, es el momento de aprender gestión de tiempo. Las tardes, cuando son para uso y disfrute propio (independientemente de las tareas laborales, el perro, la compra …) hay que gestionarlas. Se puede hacer de todo. Créeme, si quieres, puedes. Yo tengo marido, hijos, trabajo, la casa, hago deporte y he gestionado mi tiempo para poder hacer lo que me gusta: leer y escribir. Este último mes, por ejemplo, he leído 6 libros aprovechando esos pasillos o tiempos muertos.
   4- Si tienes hijos, puedes además aprovechar una tarde a la semana para hacer una lectura conjunta. Si te ven leer, ellos también leerán y es una de las mejores herencias que les puedes dejar: la pasión por la lectura, porque leer tiene múltiples beneficios y es muy divertido, aquí te lo cuento.
 
  5-También puedes sustituir un par de días a la semana la serie de la noche por un rato de lectura. O los fines de semana, leer media horita antes de la siesta, por ejemplo.
Si quieres, estás viendo que momentos en el día puedes encontrar.
Y va uno más de regalo. ¿Qué me dices de los audio libros mientras haces deporte?
Como estoy generosa también te recomiendo enseñar a tus hijos a aprovechar aquellos pasillos, por ejemplo, ¿se lavan los dientes durante el tiempo recomendado? Haz un dos por uno descubriéndoles los cuentos cortos para lavarse los dientes de Abel Amutxategi. 
¿Te he convencido?, ¿has identificado tus pasillos? ¿Qué momentos son los que aprovechas tú para leer? Te invito a que me los cuentes en los comentarios.
 
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