Alfonso XIII y los intelectuales

Alfonso XIII y los intelectuales

Turbulenta. Sí, así fue la relación de Alfonso XIII con los intelectuales. Bueno, en realidad, ese adjetivo bien podría emplearse para cualquiera de sus relaciones tanto en el plano político, personal o intelectual.

Esta semana nos tomamos el café hablando de la relación que el monarca tuvo con el mundo intelectual de la época.

Dentro de un marco de inestabilidad política y social, España entra en los años 20 de su época con paso inseguro.

Una época de guerras y un país marcado por los regionalismos con una obsoleta alternancia turnista en la política hacían de España un lugar de atmósfera irrespirable. Y dentro de este marco político y social, Alfonso XIII tuvo que gobernar con escasa ayuda y menor preparación. Lo que llevó a los intelectuales, ya revolucionarios por naturaleza, a alzar sus voces y plumas para poner de relieve los errores y frivolidades del reinado de Alfonso XIII.

La frivolidad en la corte alfonsina no pasaba desapercibida para los intelectuales de la época. Todos ellos, sin remedio alguno, fueron muy críticos con el rey y la situación política que vivían. Y es que tan proclives fueron a enfangarse en temas políticos que les costó sufrir las consecuencias de sus acciones.

En 1921, en una carta que Marañón le escribe a Unamuno le decía «el espectáculo es bochornoso» en referencia a esa afición generalizada al juego y grandes apuestas en las que el rey participaba fervientemente.

Gregorio Marañón, médico del rey y persona cercana a él y a la monarquía, pues fue gran amigo del duque de Alba, tuvo un papel destacado en la proclamación de la Segunda República.

Gregorio Marañón

Junto a Ortega y Gasset, Pérez de Ayala y Antonio Machado, fundó la Agrupación al Servicio de la República. Además, fue condenado a un año de prisión por combatir la dictadura de Primo de Rivera y finalmente, también descontento con esa República por la que había luchado, se exilió desde diciembre del 36 al 42, regresando ya a la España de Franco.

La relación del rey con Unamuno fue de mayor tensión. A Alfonso XIII no le molestaron tanto las críticas vertidas hacia su persona como las que dedicó a su madre.

La pluma incisiva y el carácter agrio y furioso que caracterizaban al escritor lo llevaron a expresar casi con grosería su opinión sobre la monarquía alfonsina.

Probablemente, Unamuno fue el intelectual más crítico con la realidad política del país en su época, pero de manera prepotente y engreída.

Una muestra de esa altivez unamuniana podemos apreciarla cuando el rey le concede la Gran Cruz de Alfonso XII.

Miguel de Unamuno

En el acto, el escritor afirma merecerla y el rey le responde con sorpresa que es la primera persona que así opina, porque los demás siempre le daban las gracias diciendo que no se consideraban merecedores de tal insignia.

A lo que Unamuno responde que no mentían, porque así era, no siendo este su caso, claro.

En la novela «En los ojos del rey», podemos leer este fragmento en el que queda patente esa relación tormentosa entre ambos.

—No puedes gustar a todos, Alfonso. Hay muchas voces en contra de la dictadura y cada vez son más las dudas que sobre la monarquía surgen al pueblo por el apoyo que le profesa. Fuera de tu Palacio, la gente sigue con los mismos problemas unos, otros, con más, y hablar no cuesta. Pero son solo habladurías. Más me preocupa la falta de apoyo de un sector tan importante como el intelectual o cultural. El destierro de Unamuno, no gustó en su momento y la sed de venganza sigue patente.

—¡Menudo deslenguado ese canalla! Lo único que de su pluma salían eran críticas mordaces hacia mi persona y mi regia madre. ¿No sabía escribir otra cosa? Tan relevante era que no destacaba en nada más.

 —Por Dios, Alfonso, no le des la razón tan gratuitamente. Unamuno no solo colaboraba en algunos diarios y revistas para criticar tu falta de cultura. Es un gran dramaturgo y novelista. Y en el gremio, su destierro ha sido visto como un ataque a la inteligencia. Así que, por favor, no te quedes en la crítica personal, que no comparto. Y no afirmes, al menos en público, que no es nadie porque, pese a su carácter ególatra, e incluso, lo maleducado que en determinadas ocasiones haya podido ser, tanto contigo como con sus semejantes, es un pilar fundamental de las letras de tu tan querida España. Con esa actitud tan regia que adoptas, por no llamarla censura —y pronunció estas últimas palabras en voz baja y mirando por la ventana, sin sostenerme la mirada— estás alejando cada vez más a un sector tan importante como el intelectual.

 —Carmela, te permito que me hables así por ser quién eres. Te recuerdo que por menos, otros están fuera de España.

 —Alfonso, sabes que no solo te gusta esta sinceridad, sino que la necesitas. Soy tu vínculo con el pueblo, por mí tienes verdadero conocimiento de lo que ocurre de la Puerta del Príncipe para afuera. Yo jamás te mentiría ni te diría lo que quieres escuchar como la corte que te rodea, que te oculta información o maquilla la verdad con la finalidad de seguir bajo tu capa. Por ello, y si me permites un consejo más, deberías seguir adelante con el proyecto de la Ciudad Universitaria. Sería una bonita forma de reconciliarte con la cultura. O al menos, de acercarte a ella. Y qué mejor manera que hacerlo coincidir con las celebraciones de los veinticinco años de tu reinado. Utiliza a la prensa para ser el pueblo. Tu campechanía es tu mejor baza. Pide austeridad, que sea tu pueblo el que festeje.

Como ves, la relación entre Alfonso XIII y los intelectuales no fue un camino de rosas.

Por su parte, Galdós fue otro republicano reconocido.

Así anunciaba el alcalde de Madrid, Luis Garrido Juaristi, su muerte:

«Madrileños: ha muerto Galdós, el genio que llenó de gloria la literatura de su tiempo con las asombrosas creaciones de su pluma».

Benito Pérez Galdós

Pese a esa discrepancia en cuanto al sistema político que ambos, Alfonso y Benito, compartían, cuando el rey conoció la noticia firmó un decreto por el que el Estado correría con todos los gastos de la ceremonia y por el que se le concederían los mismos honores de Campoamor.

Años antes, el 7 de enero de 1914, los reyes habían acudido al estreno de la última obra de Galdós y una vez terminada la función, invitaron al escritor al palco real donde estuvo charlando con los monarcas y fumando un puro de esos que tanto gustaban al rey.

Galdós salió de aquel encuentro encantado con la cercanía del rey campechano, pero sobre todo lo que había cautivado al anciano escritor republicano fue el carácter de la reina.

Resulta curioso que ante la imposibilidad de otorgar un premio o salario por parte del Estado al gran escritor, el rey se implicara en la Junta Nacional Homenaje “Pro Galdós”. Esta junta fue presidida por Eduardo Dato y Alfonso XIII la inauguró aportando las primeras diez mil pesetas, tras él, el conde Romanones participó con cinco mil. De este modo, la cuestación nacional en homenaje a Galdós, alcanzó en junio de ese año las ciento trece mil pesetas.

Más tranquila fue la relación con Emilia Pardo Bazán. Los movimientos revolucionarios a los que esta escritora atendía eran los del amor. A ella le concedió el título de condesa de Pardo Bazán por su relevancia en el mundo literario. Como mujer estaba implicada en los temas feministas, además era hija del primer conde de Pardo Bazán.

Emilia Pardo Bazán

Y hasta aquí este breve repaso de la relación de Alfonso XIII con los intelectuales.

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3 thoughts on “Alfonso XIII y los intelectuales

  1. Sabido es que Miguel de Unamuno no tenía pelos en la lengua, permitame la expresión. Ya en 1918 es acusado de ” Injuria al Rey” y condenado por dos artículos en un periódico de Valencia a 18 años de cárcel y a pagar una fuerte multa. Pero toda la España intelectual se pone de su lado ( políticos, escritores, sindicatos, médicos, ateneos….) El Rey al final da carpetazo. Romaones dijo: ” Unamuno es mucho Unamuno! “. Más tarde acude a Palacio el 6 de abril de 1922 y dice: ” He ido por patriotismo y para explicarle al monarca la verdadera realidad del Reino que desconoce, porque sus lacayos se la ocultan y el reside en otra dimensión entregado a sus vicios favoritos “. En sus artículos escribe: ” O se acaba este régimen o se acaba España….
    El Rey se ha suicidado.. Ha llegado la hora de estar de estar con el Rey o contra el Rey….. Si el Rey está solo, más sola está España… Si el Rey no sabe que hacer con Cataluña que se lo pregunte a Cataluña. Por otra parte llama al Rey ” Archiduque de España ” degradándole de rango y en alusión a su madre a la que llama ” Regente” en vez de ex- regente. En 1924 el dictador Primo de Rivera lo destituye de su cargo de profesor y rector de la Universidad de Salamanca y lo exilia a la isla de Fuenteventura. Alli sufrirá por no ver a su familia pero disfrutará haciendo amistades con los lugareños, dará largos paseos, tomará el sol, montará en dromedario, jugará al ajedrez y escribirá. Será feliz.

  2. Tras 5 meses en la isla se le concede el indulto y se ” evade” en una goleta que el llamará ” Liberté”. Habrá palabra más bonita? Llegará a la Ciudad de las Luces para seguir escribiendo y pensando París su ítaca, su nuevo autoexilio. Un saludo

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