Los desgraciados hijos de Alfonso XIII

Los desgraciados hijos de Alfonso XIII

Las desgracias familiares son como las meigas y haberlas haylas. Cualquier familia puede ser víctima de una o varias vidas desgraciadas, sin embargo, hoy haremos referencia a aquellas que tocan a la familia real española: los desgraciados hijos de Alfonso XIII.

Siempre digo que la monarquía de no existir, habría que inventarla, porque da mucho juego literario. De ahí que este artículo se lo dedique a aquellos príncipes que fueron unos desgraciados.

Pertenecer a una familia real, de siempre, ha constituido una desgracia. No es ningún chollo, lo sabemos.

Me dirás que viven mucho más acomodados que cualquiera de los que estamos leyendo este artículo, que nos cuestan dinero, que tal y cual. Es verdad, no te lo voy a rebatir, pero yo no me cambio por ninguno de ellos. Creo que tú tampoco.

Ya hablamos de la mala suerte que trae consigo el nombre de Alfonso en esta dinastía. Los alfonsos de la rama Borbón han sido los más desgraciados de la historia, como si una maldición hubiera recaído sobre el nombre. Pero con independencia del nombre, la existencia de los hijos varones nacidos dentro del matrimonio de Alfonso XIII y Victoria Eugenia ha sido penosa.

De los siete hijos que tuvo el matrimonio, cuatro fueron los varones que vivieron una vida nada envidiable y uno, Fernando, murió al nacer. Las dos mujeres fueron portadoras de la hemofilia que la reina trajo consigo a la casa real española.

Alfonso, Príncipe de Asturias y Gonzalo, el benjamín, eran hemofílicos. Jaime y Juan consiguieron librarse de la enfermedad, sin embargo, la vida tenía preparadas para ellos otras desgracias.

Estos fueron los desgraciados hijos de Alfonso XIII.

(…) nació Jaime, libre de la enfermedad, pero no supuso ninguna alegría por mi parte. La tensa y rancia relación familiar en la que nos habíamos introducido desde el terrible descubrimiento, no se vio un ápice suavizada. Yo solo acudía a tener encuentros íntimos con la reina con la única finalidad de procrear y así de esta manera, casi cada año teníamos un hijo. Tras Alfonsito y Jaime vinieron Beatriz, Fernando que nació muerto, Mª Cristina, Juan y finalmente Gonzalo.

Sentía que había fracasado. Tras el nacimiento de Alfonsito, no experimenté ya ilusión alguna por ningún otro nacimiento; por un lado, como consecuencia de mi voluble carácter, por otro, debido al enorme temor a dar la bienvenida a otro hijo doliente.

Y no erraba en mi desasosiego, de los siete hijos que tuvimos dentro del matrimonio real; uno nació muerto, dos hemofílicos, uno sordomudo y dos hijas que probablemente fueran portadoras de la hemofilia. Únicamente Juanito estaba sano. Y con él mi relación fue irregular.


En los ojos del rey, capítulo 7.

Alfonso de Borbón y Battenberg nació en 1907 para llenar de felicidad a los entonces enamorados reyes, pero lo que realmente hizo fue truncar para siempre el amor que entre ellos pudiera existir.

Alfonso de Borbón y Battenberg

Pronto, descubrieron que el pequeño príncipe había heredado más que un trono. Su primera herencia fue materna: la hemofilia.

Sucedió todo muy rápido. Pasamos de la alegría a la pena más absoluta en un breve espacio de tiempo. A los pocos días de su nacimiento y siguiendo la tradición de circuncisión, se descubrió que era hemofílico. El grito de la reina aún lo tengo grabado a fuego en mi memoria y volvía a mis oídos cada vez que miraba a mi hijo. Fue un alarido tan desgarrador que mi madre acudió corriendo desde sus aposentos asustada y temiendo lo peor.

Ena cayó de rodillas abrazada a mis piernas mientras lloraba desconsoladamente y balbucía una retahíla de perdones en inglés mientras lágrimas del tamaño de puños, brotaban de sus ojos inyectados en sangre. No pude consolarla. Simplemente la aparté de un manotazo dejándola tirada en la nurssery donde los doctores acababan de frenar la primera hemorragia de nuestro hijo, de mi heredero. Y allí quedó tirada en el suelo, llorando con una amargura estremecedora mientras yo abandonaba la sala a paso rápido y seguido por mi madre hasta mi despacho. Fue entonces cuando me derrumbé rompiendo a llorar como un niño tirado en el suelo, mientras mi madre me consolaba abrazándome con un suave balanceo en un gesto muy maternal.

—No puedo resignarme a que mi heredero haya contraído una enfermedad que traía la familia de mi mujer. Sé que soy injusto, lo reconozco, pero no puedo pensar de otra manera.

En los ojos del rey, capítulo 7.

Su vida estuvo marcada por esa mezcla entre la enfermedad y la actitud borbónica. De ahí, que el rey sintiera pena de su hijo llegando a compadecerse de él en infinidad de ocasiones.

Esa noche tras el anuncio de las elecciones, cené junto a toda mi familia en las habitaciones del Príncipe de Asturias, quien se encontraba encamado tras la última cacería a la que asistió. Su salud era débil y su aspecto mortecino. Pero a eso ya nos hallábamos acostumbrados. Al entrar en la habitación y encontrarlo haciendo un esfuerzo sobrehumano para desplazarse de la cama a la mesa donde ya se encontraban sus hermanos, me derrumbé. Un joven, que debería tener la fortaleza de un roble, se veía avejentado apoyando su peso en su mayordomo que, por edad, bien podría ser su padre.

En los ojos del rey, capítulo 26.

Una boda morganática, exiliada la familia lejos de una patria que no abogaba en absoluto por la vuelta de un rey, se vio obligado a renunciar a sus derechos sucesorios a favor de su hermano Jaime. Es probable que esta boda fuera la excusa perfecta para el joven heredero para decir adiós al trono de manera fácil. Muy consciente de su enfermedad, que padeció cada día de su vida, y de la situación política en su país de nacimiento, no veía ninguna probabilidad de ocupar el trono para el que había nacido.

Tras dos matrimonios fallidos, Alfonso murió en la más absoluta soledad a causa de la hemofilia tras un accidente de coche. Cuando su madre llegó a Miami, donde residía el príncipe, ya había muerto. Su padre, Alfonso XIII, no quiso ir.

El siguiente hermano, Jaime, había nacido sano, pero la desgracia llamó a su puerta pronto. Jaime de Borbón y Bttenberg pertenece a la rama más trágica de los Borbones: siempre ignorado y considerado un incordio. Incluso él mismo haría mención a la “mala estrella” que iluminó su vida.

Jaime de Borbón y Battenberg

Jaime, el segundo vástago real, siempre fue un niño alegre que intentó infructuosamente llamar nuestra atención centrada en un hijo enfermo que podía perder la vida en cualquier momento.

Por desgracia, el destino, la mala suerte o la maldición que nos persigue quiso que nuestro hijo sano enfermara de lo que parecía un simple resfriado. Sin embargo, este, lejos de dar signos de desaparecer, iba en aumento, hasta el punto de que sus médicos en Madrid nos aconsejaron llevarlo a un sanatorio de Suiza. Con cuatro años regresó a España porque empezaba a estar recuperado, pero en el avión de vuelta comenzó a sangrar por los oídos y nariz, lo que hizo que tuviera que ser operado de urgencia. Le realizaron una trepanación con ruptura de huesos auditivos por una doble mastoiditis para poder salvarle la vida. Y así, de esta manera, nuestro querido hijo, el sano, quedó sordomudo.

En los ojos del rey, capítulo 7.

En 1933, su hermano Alfonso renuncia al trono y se convierte sin esperarlo en el Príncipe de Asturias, por tanto, en el heredero al trono de su padre. Sin embargo, Jaime no era del gusto de los monárquicos, que encabezados por Calvo Sotelo y dirigidos por su propio padre, Alfonso XIII, lo convencen para renunciar a la corona en favor de su hermano Juan.

Primero le dan el caramelo, después se lo quitan.

En general, su existencia fue tan penosa como triste.

Juan de Borbón y Battenberg, que se encontraba por ahí surcando los mares, debió de recibir su título con más desgana que gana.

Juan de Borbón y Battenberg

En realidad, el patriotismo de los vástagos debió de estar bien escondido, ya que la mayor parte de sus vidas la pasaron lejos de la patria querida.

Bien, Juan, como en realidad cualquiera de ellos, no estaba preparado para reinar. Al principio tampoco dispuesto: él era marinero, pero acató su destino.

Desde mi punto de vista y esto es mi opinión solo, Juan de Borbón no se sintió bendecido por el nuevo título. Su vida acomodada y bohemia como militar, en este sentido fue el más parecido a su padre, se veía en peligro.

Era el nuevo heredero, pero su padre no quería ceder esa corona imaginaria y es que Juan tuvo una relación irregular con el rey. Chocaban bastante.

Como si supiera el rey que los días se le agotaban, el 15 de enero, abdicó sus derechos a la Corona de España en su hijo Juan, que se había convertido en Príncipe de Asturias tras la renuncia en su momento de Alfonso y también de Jaime.

En los ojos del rey, epílogo.

Pese a todos sus esfuerzos, cuando más cerca se veía del trono, su propio hijo le levanta, como se dice vulgarmente, el reinado. De modo que, aunque no murió joven ni padeció enfermedades crónicas que le impedían hacer su vida, jamás llegó a reinar. No pudo llevar a cabo el cometido que su padre le encargó en el lecho de muerte y para él fue más una obsesión que un deseo.

Finalmente, Gonzalo de Borbón y Battenberg, el hijo pequeño y también hemofílico, murió con tan solo diecinueve años víctima dela hemofilia tras un accidente de coche como su hermano mayor. La diferencia es que su muerte está envuelta en polémica y nunca se llegó a saber con certeza qué ocurrió realmente en aquel coche en el que paseaba con su hermana Beatriz.

Gonzalo de Borbón y Battenberg

Como ves, ninguno de ellos ha disfrutado de una vida feliz, aunque a veces sí gozosa. Al final, lo más destacado y que ha unido a todos los hermanos ha sido la desgracia.

Y esta es la vida de los desgraciados hijos de Alfonso XIII.

Para disfrutar de la novela completa, pincha aquí. Durante dos días, la versión kinddle a solo dos euros. Este sábado y domingo no desaproveches la oferta.

Recuerda que si te suscribes nos tomamos juntos el café de los viernes juntos.

Formulario de inscripción

Loading

2 thoughts on “Los desgraciados hijos de Alfonso XIII

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies