Los otros hijos de Alfonso XIII

Los otros hijos de Alfonso XIII

Los hijos, los que pudieron ser y no fueron. Hoy hablamos de los otros hijos de Alfonso XIII, esos que nacieron fuera del matrimonio real.

Que el rey Alfonso XIII fue el rey de corazones no es nada nuevo, además de extravagante como puedes descubrir leyendo este otro artículo. Pero si quieres conocer bien su vida, reinado y amoríos tienes que leer la novela En los ojos del rey. Mira, puedes echarle un vistazo aquí, porque en ella, los bastardos tienen un papel tan relevante o más que los legítimos.

Por si las moscas, que contamos con tiernos lectores en esta comunidad, vamos al principio y por partes, que no me gusta que se pierda nadie.

Alfonso XIII se casó con Victoria Eugenia de Battenberg y juntos fueron padres de seis hijos, ya que uno nació muerto. Los cuatro varones tuvieron una vida desgraciada, penosa y triste como puedes leer en este interesante artículo. De las dos hijas hablaremos otro día, porque hoy me voy a centrar en los otros hijos de Alfonso XIII, esos que se conocen como bastardos y que oficialmente fueron cinco. Tampoco creo que hubiera más, pues si era conocedor, este rey no tenía ningún inconveniente en reconocer los frutos que iba sembrando.

Primero aclaremos conceptos.

Hijo bastardo es el que nace de una unión no matrimonial, el descendiente ilegítimo de un hombre conocido y también la persona cuyo padre no está acreditado.

Como siempre ocurre, no podemos ver la historia con los ojos, la mente y los sentimientos de hoy, porque todo sería incomprensible y diferente.

En la actualidad, un hijo bastardo no es ninguna lacra y ni siquiera se le llama así, no pasan de ser fruto de relaciones extramatrimoniales. Se me viene un ejemplo: el torero Manuel Díaz, el Cordobés, es fruto de una relación de Manuel Benítez, también torero, con la madre de este.

En ningún momento se le ha considerado un bastardo, que a mí me conste, pese a la lucha penosa de ver a un hijo reclamar el reconocimiento de un padre, nada más y nada menos.  Sin embargo, debemos tener en cuenta que no es lo mismo el hijo nacido fuera de un matrimonio plebeyo (me rechifla esta palabra) que el de un rey (sea cual sea la época). Es sencillo, en el primer caso no hay mayor problema que el surgido dentro del ámbito familiar, que no es poco y como mucho la repercusión social. Según los ámbitos culturales, el qué dirán tendrá mayor o menor relevancia para el sujeto.

Por el contrario en el mundo de la nobleza y la realeza ser un bastardo es un estigma que conlleva problemas hereditarios. Ay, el dinero, maldito parné.

Los matrimonios reales nunca se producían por amor, hasta que llegaron Felipe VI y Letizia, que mientras no se demuestre lo contrario, me los imagino con corazones en vez de coronas sobre sus cabezas. Algo así como la reina de corazones de Alicia en el país de las maravillas. Hasta entonces, siempre ha habido intereses territoriales o políticos detrás. De ahí, que se cuidara mucho el tema de la herencia con los bastardos, porque todos, absolutamente todos, han tenido su tanda de bastardos.

¿Quiénes fueron los bastardos, los hijos fuera del matrimonio, de Alfonso XIII?

Antes de cumplir la mayoría de edad y de contraer matrimonio con Victoria Eugenia, nació su primer hijo.

Mi educación estuvo influida por preceptores militares, aristócratas y clérigos que defendían un marcado antiliberalismo y dentro de un ambiente de profunda religiosidad impuesto por mi madre. Por contra, a la vez que practicaba un catolicismo convencional, mi vida no se caracterizaba por ser un ejemplo de ello. Más bien tendía rápido a un liberalismo inusual para la época.

En consecuencia, mi vida disoluta, los continuos escarceos amorosos e incluso el próximo nacimiento de mi primer hijo con una bella francesa, mayor que yo y casada con Philippe de Vilmorin, hombre de negocios francés, comenzó a preocupar en firme al Gobierno.

El mismo día de mi dieciocho cumpleaños, decidieron junto con mi madre, la reina Cristina, que había llegado el momento de elegir esposa. Debía pensar en formar una familia siguiendo los cánones de ese catolicismo en el que había sido educado, pese a que jamás obedecí ni seguí los caminos beatos que mamá profesaba. Mi vida giraba en torno al mundo sicalíptico, esa era mi auténtica fe.

Reconozco que aquella francesa fue mi primer amor, la primera mujer a la que toqué con cierto sentimiento y no solo lujuria. Antes hubo otras y es que debo admitir que he sido siempre más mujeriego que amador.

La bella Melanie, de tez blanquecina, ojos grandes y boca entreabierta me miraba con deseo y desesperación mientras terminaba de fumarme mi cigarrillo para que la embistiese con la fuerza de la juventud que ya no encontraba en su marido. A la vez que, jadeante, me susurraba lindezas más propias de una lumi que de una dama aristócrata francesa según era su condición.

Con ella tuve mi primer hijo antes de los desposorios con Victoria Eugenia y antes de cumplir los dieciocho, a quien su marido, el señor Vilmorin, reconoció para evitar el escándalo. A este hijo, nunca lo conocí ni tuve relación alguna con él.

Capítulo 4, En los ojos del rey

Este fue el primer hijo del rey y al que como has leído no reconoció legalmente, porque el marido de su amante se hizo cargo de él.

Una vez casado ya vinieron los cuatro siguientes. El primero nació fruto de un breve encuentro con la primera institutriz de sus hijos.  

No me siento orgulloso de ello, hija, pero sí. Tuve una relación breve, aunque intensa, con la primera institutriz del príncipe de Asturias y el infante Jaime. Ni siquiera recuerdo su nombre. Un día desapareció y al tiempo supe que se debió a su embarazo. La reina, quien a su vez también estaba embarazada, se apiadó de ella por el terrible frío que hacía en invierno en el Palacio Real proporcionándole mantas y un calefactor hasta que le encontró un lugar donde ir. Nació una niña a la que dejó en un convento y yo no supe nunca nada de ella. Por ello, no quise que contigo ocurriese lo mismo.

Capítulo 8, En los ojos del rey

El rey Alfonso XIII no tuvo problema en reconocer a todos aquellos hijos que fue engendrando, aunque solo tres disfrutaron de las ventajas de ser hijo de rey. ¿Por qué digo esto? Porque contaron con unos privilegios con los que de otro modo no habrían gozado.

La siguiente bastarda fue Juana Alfonsa Milán, hija de la institutriz Beatrice Noon. Otra vez una institutriz. A esta hija no solo la reconoció, sino que compartió con ella momentos de su vida e incluso su última etapa. Juana además es protagonista junto con el rey en la novela En los ojos del rey. Te dejo aquí algún ejemplo.

Mi sentido de culpa me condujo a obrar del mejor modo que supe y pude. Debido a lo cual mandé a Beatrice a París donde naciste tú, Juana Alfonsa, de quien decían que eras mi vivo retrato.

Me encargué de tu manutención y quise visitarte con la frecuencia que me era posible. Mientras tanto, te dejé al cuidado de la embajada española en París cuyo embajador durante la monarquía, José Quiñones de León, hombre de mi máxima confianza, se hizo cargo de ti otorgándote su apellido. Sin embargo, pese a no poder reconocerte legalmente, me resistí a que no llevaras algo mío, así fue como tu primer apellido, Milán, corresponde al título de la soberanía de los reyes de España. Este es el origen de tu vida, Juana Alfonsa Milán de León.

Capítulo 8, En los ojos del rey

Nos quedan solo dos hijos, estos fueron su esperanza. Te explico. Con una de sus amantes formó una familia en paralelo a la real. Carmen Ruíz Moragas fue su gran amor y llegó a mover los hilos para anular su matrimonio con la reina y poder casarse con ella.

El rey estaba cansado de los hijos tullidos que le daba la reina, porque era portadora de la hemofilia que introdujo en la dinastía Borbón. Sin embargo, los dos hijos que tuvo con su amante eran sanos y regordetes.

Como ves, nada de lo que hoy estamos viviendo es nuevo. Su nieto, nuestro rey emérito, también sopesó la idea del divorcio para contraer nuevas nupcias con Corina. ¿Ves? Es fascinante conocer la historia, pero también hace que te sorprenda menos la actualidad.

Bien, los dos hijos que el rey tuvo con Carmen fueron Teresa y Leandro. A este último lo conoces seguro, porque ha sido muy televisivo hasta su muerte.

Leandro junto a una foto de Alfonso XIII. Imagen tomada de El Español

La relación del rey con estos hijos puedes conocerla bien en la novela.

Para concluir, Alfonso XIII tuvo seis hijos legítimos y cinco bastardos. Con los dos primeros no tuvo contacto ni supo de ellos, pero con los otros tres sí. De hecho, heredaron.

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