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Los Romanov: los primos rusos de los Borbones

La historia es siempre sorprendente. ¿Sabías que los Romanov fueron los primos rusos de los Borbones? Hoy te voy a mostrar los paralelismos que marcaron la vida de dos princesas, una Borbón y una Romanov, primas hermanas, que hicieron historia. Sigue leyendo, verás.

La vida es así: es sorprendente, caprichosa, bonita, dura. Todo depende de la persona, de la época, de la condición social, de los ojos con los que se mire.

Muchas son las niñas que juegan a ser princesas durante su infancia porque el mundo idealizado de los cuentos de hadas sigue estando de moda, sin embargo, cuando van creciendo, comprueban que ni los príncipes son azules ni existen los castillos ni la vida despreocupada. Es verdad que el universo de los reality y determinados programas (que, si te digo la verdad, no sé calificar) son lo más próximo a esa vida que he llamado despreocupada: dinero fácil y rápido a cambio de… eso lo dejo a tu criterio.

Lo que hoy nos ocupa es vida de dos princesas, nietas de la reina de reinas, Victoria de Inglaterra, y la estrecha relación entre ambas. Ellas son Victoria Eugenia de Battemberg y Alix de Hesse.

Victoria Eugenia ya sabes que fue reina consorte de España, como ahora lo es Letizia. Ella fue la esposa del rey Alfonso XIII, bisabuelo de Felipe VI.

Alix de Hesse la conocerás mejor si te digo que cambió su nombre al de Alejandra Fiodorovna Romanova cuando se convirtió a la iglesia ortodoxa rusa. Alejandra fue la última emperatriz Romanov.

Sí, sus vidas transcurrieron en paralelo. Quizá más de lo que pudieron imaginar cuando eran pequeñas y jugaban despreocupadas a ser princesas, lo que en realidad eran. Sin embargo, estuvieron marcadas por una diferencia que marcaría el devenir de la historia y que no es otro que el amor.

Los Romanov y los Borbones, vidas paralelas. Clic para tuitear

Cinco nietas de la reina Victoria, cinco reinas.

Nos centraremos en dos: Ena, como llamaban familiarmente a Victoria Eugenia y Sunny, como la llamaba su amado esposo, el zar Nicolás.

A pesar de que estas dos nietas de la reina Victoria llegaron a reinar, carecieron de un final feliz. Mientras que Ena terminó su vida en el exilio, sola, Alejandra murió asesinada junto al resto de su familia.

Dicen que el amor y el trono son incompatibles. Si el matrimonio real es por amor, mal vamos, porque el trono se fastidiará o viceversa. En el caso español, más viceversa que todo lo contrario y así llevamos varias generaciones ya. Las tiaras no han sido en la historia de España compatibles con la fidelidad.

Nicky y Sunny (últimos zares de Rusia) se casaron completamente enamorados y su amor fue creciendo con el paso de los años hasta que los sorprendió la muerte una noche de verano. Todo muy épico.

Ena, por su parte, se casó también enamorada, pero a su manera, al igual que Alfonso XIII. Claro, es que él era un Borbón y eso, ya sabes… Poco duró el amor, ¡qué te voy a decir!

Y ese amor, correspondido en una y en otra no, se convierte en el hilo conductor de sus vidas; todo lo que viven, su manera de reinar, su estilo de vida familiar y, sobre todo, de comprender las necesidades del país están marcados por el amor.

Ambas llegaron a sus países de adopción con una desgracia bajo el brazo.

Alejandra Romanov no era querida en absoluto por su familia política y, por ende, por el pueblo ruso que era profundamente supersticioso. Su llegada a Rusia coincidió con la muerte del zar Alejandro III, su suegro, quien dio su beneplácito para que se produjera la unión de los jóvenes enamorados porque se moría.

No hace falta que te recuerde que la entrada de Victoria Eugenia en la familia real española vino marcada por la sangre. El día de su boda, fueron víctimas de un atentado.

No nos olvidemos de que hemos dicho que son descendientes de la reina que introdujo la hemofilia en toda una estirpe y ambas eran portadoras de esta enfermedad (la transmitían las mujeres y la padecían los hombres).

Nuevamente, el amor marca diferencias. El zarevich heredó la hemofilia materna al igual que el príncipe de Asturias. El dolor era el mismo, las dos primas padecieron la enfermedad de sus hijos sintiéndose culpables, pero mientras que la zarina siempre tuvo el apoyo y amor de su marido, Victoria Eugenia padeció sola, culpada por el rey quien se alejó más de ella.

Alix y Ena, Ena y Alix. Dos vidas en paralelo marcadas por la desgracia. ¿Está el trono maldito? ¿Qué opinas?

Puedes tener una visión más amplia y desde la perspectiva del rey Alfonso XIII en mi novela En los ojos del Rey.

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Bienvenidos al reinado más sicalíptico

     






     Si hay una palabra que llama especialmente la atención en la novela En los ojos del Rey, sin duda, es sicalipsis. Un término que ha impactado y sorprendido a lectores de distintas generaciones.

     Te confieso que los comienzos de mi relación con el rey Alfonso XIII fueron algo tormentosos. Sí, me costó empatizar con él, no congeniábamos, no encontraba puntos en común con una persona que carecía de sentimientos, que frivolizaba con asuntos importantes y coleccionaba conquistas. Poco a poco, tras mucho leer y más imaginar, acabé encontrando ese punto humano, que respondía solo a la falta de atención, cariño y exceso de servilismo que lo condenaron a protagonizar una vida carente de sensibilidad y ser necesitado de amor, de sinceridad.

          Sin embargo, qué iba yo a sospechar mientras relataba su vida a través de mi pluma (mis teclas, en realidad) que aquel granuja, cien años más tarde, tendría conmigo algo en común, convirtiéndose la pimienta de la novela en el punto convergente. Mientras Alfonso XIII introduce la sicalipsis en España, yo la introduzco en el diccionario de muchos de mis lectores, a la vez, que otros se alegran de volver a leer un término bien sonoro, un tanto anacrónico, pero que, por el contrario, sigue tan en boga como antaño y más, mucho más.

          ¿Qué es entonces la sicalipsis? No es otra cosa que sinónimo de obsceno o pornográfico y la RAE lo define como “malicia sexual, picardía erótica”. Pero, ¿de dónde procede el término?, ¿cuál es su etimología? En verdad, el vocablo sicalipsis es una creación comercial de principios del siglo XX, que aparece por primera vez en 1902 para anunciar una obra pornográfica en el diario El Liberal de Madrid. La crearon unos publicistas y está formado caprichosamente por la unión de las palabras griegas; “sykon” cuyo significado es higo y “aleipsis”, untar. Por lo que la sicalipsis no es otra cosa que el frotamiento del higo. No obstante, se emplea con más frecuencia el adjetivo que de ella se deriva; sicalíptico, convirtiéndose en la entrada empleada para las fiestas, orgías, películas, reuniones, imágenes… de los añorados, que no dorados en España, años 20.

      Una vez claro este término, ¿por qué Alfonso XIII fue el Borbón más sicalíptico? ¿Qué relación tiene la sicalipsis con un rey? Si quieres conocer la respuesta, solo tienes que leer la novela En los ojos del Rey, además descubrirás cómo fue en realidad el último Borbón antes de la Democracia. Te advierto de que se trata de una novela adictiva, si empiezas, no podrás dejarla.

En cuanto a la sicalipsis, todos a usar este nuevo vocablo que tan bien suena. 
         

La capa española. Su relación con el arte.

                Esta semana os voy a hablar de moda. De una prenda muy española. De una prenda muy real. Una prenda que fue prohibida. Una prenda que conlleva mucha historia y literatura: la capa española.

Capa española o pañera. 


Para ello, he recurrido a la persona que más y mejor me podía informar sobre ella. Esta semana, he tenido el enorme placer de hablar con Carmen Fábrega, responsable del taller de Capas Seseña, la tienda de capas más antigua del mundo y que se encuentra en Madrid.

         Hay quien la considera hoy en día un icono modernidad mientras que durante tiempos pretéritos fue símbolo de poder, pero siempre asociada a la elegancia.

Cuando le pregunto a Carmen por esta relación capa-elegancia, ella lo tiene claro “la capa es más una cuestión de personalidad, pues quien es elegante lo seguirá siendo lleve una capa española o un sombrero mexicano”. “Si eres elegante lo parecerás te pongas lo que te pongas. Es más una cuestión de diferencia que de elegancia”, se reafirma.

Asegura que llevar una capa no representa nada, salvo una fuerte personalidad. Hay que tener personalidad para llevarla porque sí que denota distinción, entendida como una prenda de abrigo diferente, no habitual.

La capa española es una prenda que ha traspasado fronteras, por ello, al venderse para todo el mundo, no lleva implícita ninguna connotación. Con la capa, hoy en día, no se pretende transmitir ningún mensaje.

Esta prenda tiene mucha historia y muchos son los personajes famosos que la han lucido desde el mundo de la realeza, al de la literatura, política, música o pintura. El gran Picasso fue enterrado con su capa de Seseña y hace unos años, su actual propietario, Marcos Seseña, donó a la casa natal museo de Picasso una réplica de la capa con la que fue enterrado el pintor.

         La capa y la Asociación de Amigos de la Capa. Son innumerables las asociaciones y me ha sorprendido que casi cada ciudad tiene la suya, lo que nos muestra el alcance y actualidad de esta prenda.
He contactado con la asociación de Cartagena y uno de sus miembros, Manuel Martínez considera que es una prenda de abrigo más elegante que otras que pueden ser más informales. Sin embargo, sostiene que la elegancia no va unida al poder o poder adquisitivo, puesto que las hay de mejor y peor calidad. Cada uno se adapta a su presupuesto.
Las asociaciones de amigos, dice Manuel, pretenden volver a dar visibilidad a una prenda muy española que se puso de moda en el S. XVI viviendo su máximo esplendor durante la segunda mitad del S. XIX y cuya decadencia tuvo lugar a principios del siglo pasado en favor de una prenda americana, la gabardina.

Manuel Martínez en un acto de la Asociación en la Iglesia Santo Domingo de Cartagena.

         La capa y la literatura. Ya no sólo por el uso de esta prenda por parte de famosos escritores que se pasearon de forma habitual con ella como Pío Baroja o Buero Vallejo, sino por la cantidad de literatura que ha fomentado, podemos recordar en este sentido, las comedias de capa y espada como La dama duende o Casa con dos puertas mala es de guardar de Calderón de la Barca.
También recordamos que la portó Cela en la ceremonia de los Nobel de 1989.

La capa y la historia. Si un rey volvió a poner de moda la capa española, sin duda, fue Alfonso XIII. Pese a tratarse de un elemento histórico empleado por los sacerdotes y cristianos viejos llegó a su máximo apogeo a mitad del siglo XIX con este monarca. Pero no hay que olvidar que es una prenda, como dije anteriormente, del siglo XVI, por lo que su romance con la monarquía viene de lejos. Anteriormente, durante el reinado de Carlos III, uno de sus ministros se vio obligado a prohibirla mediante el conocido Motín de Esquilache, ya que estas largas capas permitían esconder armas y delinquir a cara tapada. Esta prohibición garantizada la seguridad en Madrid.
Casa Real compró varias capas para el último rey que habitó el Palacio Real, Alfonso XIII, así como para sus hijos los infantes Jaime y Juan.
En la actualidad, todos los miembros de la Casa Real tienen su capa española, como así hemos podido ver en alguna ocasión.

Fuera de nuestras fronteras políticas, Hillary Clinton también se hizo con una en una de sus visitas a nuestro país, y con ella aún puesta, pudimos verla subir al avión de vuelta a los EE.UU.

La capa y la farándula. Visitando la web de Seseñame llama la atención, que uno de los grupos musicales de la época de mis padres, Los Brincos, visten capas de Seseña para las portadas de sus discos (recordemos que eran vinilos, por lo que la portada de los mismos era preciosas fotos) e incluso también las llevaban en algunos conciertos.
Y, cómo no, tengo que mencionar a Ramón García porque ¿quién no tiene una imagen suya en la retina de las campanadas?
La capa icónica. La 1901. Esta capa toma como nombre la fecha de la primera que se hizo. Como dicen en Seseña “es una prenda de ayer, de hoy y de mañana. No está sujeta a modas”. Y lo que más me gusta: la capa no se pone, se lleva.
La capa y sus expresiones. Debo reconocer que muchas no las conocía y me las han descubierto los amigos de la capa de Madrid.

Andar (o ir o estar) de capa caída: Padecer gran decadencia en bienes, fortuna o salud.
Capa rota: Persona que se envía disimuladamente para algún negocio de consideración.
De capa y gorra: Con traje de llaneza y confianza.
Defender a capa y espada: Proteger a una persona con todos los medios posibles.
Derribar la capa: Echarla hacia la espalda, desembarazando la acción de brazos y piernas.
Echar (o hacer) la capa a alguien: Ocultar los defectos de una persona, ampararla.
Echar la capa al toro: Intervenir en un asunto en favor de otra persona.
Hacer de su capa un sayo: Obrar según su propio albedrío y con libertad en cosas o asuntos que sólo a ella pertenecen o atañen.
Pasear la capa: Callejear.
Sacar la capa: Justificarse o argüir bien en algún trance apretado.
Salir de capa de raja: Pasar de trabajos y miserias a mejor fortuna.
Tirar de la capa: Advertir a una persona de algún mal, defecto o peligro para que no caiga en él.

No encuentro mejor manera de cerrar este artículo que esta frase “la capa no se pone, la capa te pasea”. No sé tú, pero yo quiero una capa ya.

Y tú, ¿qué opinión tienes sobre esta prenda? ¿Conocías estos datos? Si te ha gustado y quieres continuar conociendo nuevas curiosidades relacionadas con la cultura, historia o el lenguaje, no te olvides de suscribirte. Si ya lo has hecho, comparte con tus amigos, yo te lo agradeceré infinitamente.

Los borbones y el sexo. ¿Enfermedad o placer?

A lo largo de la historia la relación de los Borbones y el sexo ha sido siempre una constante. ¿Enfermedad o placer?

Leyendo el libro El patrimonio de los Borbones de José María Zavala, no me comí una mosca de milagro. De verdad, de nuevo, volví a ese estado ojiplático en el que, últimamente, me encuentro con facilidad. Mi estado sorpresivo fue superlativo.

Hoy voy a hablar de sexo, pero desde el punto de vista de la obsesión. Si no estás preparado en este momento o eres menor de edad, déjalo para otra ocasión. Avisado quedas.  

Antes de entrar en materia hago una reflexión: ser reina consorte de España no es un chollo, más bien, un gran riesgo. ¿Que no te lo crees? Sigue leyendo entonces.

Ser reina consorte de España no es un chollo, más bien, un gran riesgo. Clic para tuitear

Felipe y Letizia están llamados a ser los reyes del cambio. Felipe VI tiene una labor tremebunda: lidiar con la situación política actual, heredada en parte de su bisabuelo el rey Alfonso XIII; aportar transparencia a la corona y convencer a un pueblo, cada vez más dividido, que su labor tiene una razón de ser en la moderna sociedad. Además, añadiría, limpiar el nombre de su dinastía.  

La historia monárquica española es un hervidero de sexualidad, pero me voy a centrar en la Dinastía Borbónica, si no, más que un artículo tendría que escribir un tratado. Si creías que la relación Borbón y sexo es algo nuevo, un tema de actualidad, estás muy equivocado, pero mucho.

Comenzaremos por el principio, porque el sexo es la enfermedad de esta estirpe. Vamos allá, ¿estás preparado? Nos situamos en el siglo XVII. Las relaciones y matrimonios entre familiares, con los problemas mentales, disfunciones y demás tipos de enfermedades que conllevan, eran habituales. A ello hay que añadir la falta de higiene. Podían pasar meses sin lavarse ni cambiarse de ropa. Pero siempre, aficionados al sexo sin mesura. ¿Lo visualizas? Bien, sigo.  

El mundo monárquico me apasiona, eso ya lo sabes, pero la lectura de Zavala me ha conducido a querer descubrir más sobre este tema. Tras una búsqueda rápida en Google, encuentro titulares referidos a distintos reyes. De Felipe V leo «El Borbón que tenía una desmedida afición por el sexo”, de Alfonso XIII “Alfonso XIII, el rey del sexo”, Fernando VII “El problema de Fernando VII con las mujeres que derivó en una crisis sucesoria”. Estos son solo algunos ejemplos.  

Como sabes, después de los Austrias, la corona cayó en la cabeza de un Borbón convirtiéndose Felipe V en el fundador de esta dinastía en España.

Felipe V

¿Quién era Felipe V? Debido a ese carácter bipolar que lo caracterizaba, fue apodado “el Animoso” o bien “el Melancólico”. Dependía del momento en el que lo encontraras. ¿Cuál era su mayor obsesión? La lujuria, el desenfreno, pero llevado a tal extremo, que sus acciones bien podrían hoy llevarlo a la cárcel o a ingresar en un psiquiátrico.

Mª Gabriela de Saboya

Dice Zavala que tal era su obsesión por el sexo, que llegó a mantener relaciones sexuales con su mujer María Gabriela de Saboya en el lecho de muerte de ésta. Recordemos que la reina se consumía por escrófulas a causa de una tuberculosis.

  Isabel de Farnesio

Su segunda esposa, Isabel de Farnesio, mostraba sentimientos de agradecimiento a las concubinas, pues ellas le proporcionaban el descanso que ansiaba. Insisto, no te olvides de la premisa: sexo constante, higiene inexistente.

Fernando VI

Su hijo, el rey Fernando VI, probablemente, se puede decir que fue el único de toda esta generación que estuvo enamorado de su mujer, pese a que la buena de Bárbara de Braganza no destacaba por su belleza precisamente. A su manera, el de estos reyes fue un matrimonio que, pese a no ser por amor, sintió amor.

Bárbara de Braganza

Porque es sabido, gracias a los historiadores, el calvario al que la reina fue sometida en su lecho de muerte, como ya sucedió con la primera esposa de su suegro. Bárbara de Braganza estaba enferma de carcinomatosis que infectó su útero. Sufría de fuertes dolores y hemorragias. Aún así tuvo que ejercer de esposa hasta su último aliento. Tras el cual, el rey enloqueció aún más, abandonándose en cuanto a higiene se refiere.

Fernando VII

Fernando VII fue conocido como “el Rey Felón” debido a la macrosomía genital que padecía. De hecho, sus tres primeras esposas no consiguieron darle descendencia porque era incompatibles con él. Fue la última, María Cristina de las Dos Sicilias, una sobrina suya, quien, conocedora del problema, mandó crear un artefacto que mitigara esa macrosomía, pudiéndole dar al rey su ansiado heredero. Sólo había un problema: parió dos mujeres.

María Cristina de Dos Sicilias

De este modo, el misógino Fernando VII se vio al final de sus días, ayudando a una mujer, su hija Isabel II, a subir al trono.

Isabel II

Isabel II, la única mujer Borbón que fue reina y no consorte, era la señora más lujuriosa y lasciva de toda la corte. No lo fue más que sus antecesores, sin embargo, su vida sexual desempeñó un papel más importante en la historia. ¿Por qué? Primero por ser mujer. Segundo porque, como ella misma reconoció, ninguno de sus hijos fue de su consorte. Hay que recordar que la obligaron a contraer matrimonio con su primo Francisco de Asís Borbón, persona que según las propias palabras de la reina “¿qué podía esperar de un hombre que la noche de bodas llevaba más encajes que yo?”.

Francisco de Asís de Borbón

¿Quién fue entonces el verdadero padre de su heredero Alfonso XII? Hay varias teorías. Elegid la que más os guste. Una bonita propuesta es la que aparece en la novela En los ojos del Rey.

Alfonso XII

Alfonso XII se entregó a las artes amatorias con desenfreno, pero murió joven, tan solo con 27 años. De modo que su hijo, Alfonso XIII se ocupó de continuar con la tarea.

Alfonso XIII

En la época, ya nos pilla más de cerca, hablamos de los años 20 del siglo pasado, era de pudientes el consumo de una pornografía que se presentaba cara y escasa entre los aristócratas y realeza. Y aquí destaca la figura del abuelo de nuestro emérito.

Como ya sabes, Alfonso XIII, último Borbón antes de la Democracia, fue el introductor de la sicalipsis, aquí te la explico, en España. Para conocer mejor la vida íntima de este rey y también su reinado, puedes leer En los ojos del rey.

De una manera u otra, todos los Borbones están estigmatizados por el sexo. Ya se habló del priapismo como explicación a la entrega casi absoluta al sexo del primer Borbón que gobernó en España, Felipe V.

Todos ellos, además, tenían algo más en común. Para mí, lo más importante: eran personas nada cualificadas para desempeñar el papel al que estaban llamados (con problemas mentales y nada preparados). Se encontraban con un papel en la historia que no les hubiera gustado representar.  La comodidad, el bienestar y la vida fácil los llevó a establecerse en un Palacio de cuyas paredes no merecía la pena salir. Era otra época.

Ahora ya puedes sacar tus propias conclusiones. Los Borbones y el sexo, ¿enefermedad o placer?

¿Conocías estos datos?, ¿te han sorprendido? No te olvides de comentar y de compartir. Y si quieres seguirme, rellena este formulario:

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Presentación En los ojos del Rey en el Teatro Real de Madrid

El viernes 23 de noviembre tuvo lugar la presentación de mi novela  En los ojos del Rey en el Teatro Real de Madrid.

Marco incomparable, caras de toda la vida, nuevas, desconocidas, amigos de redes sociales y, frente a mí, un orgulloso padre, familia y amigos. Ahí estaba yo, delante de todos ellos en una bonita y acogedora sala del Teatro Real de Madrid, el Cinecito, como la llaman quienes en el Real trabajan. Una sala a la que se accedía por Carlos III y que tenía una salida a la plaza de Ópera o Isabel II, abuela de nuestro Alfonso XIII, y quien sin ni siquiera ser personaje secundario de la novela, desencadena la trama, para mí, más bonita de la misma.

El lugar elegido, el Teatro Real, no podía ser más representativo, pues entre las paredes de aquel emblemático lugar transcurre un pasaje de la novela:




“Esa noche, la reina y yo estábamos en el Teatro Real apoyando con nuestra presencia la representación de Tannhauser. El domingo ya había asistido parte de la familia real y allí recibí la triste noticia.
Un sentimiento de tristeza y rabia me invadió provocando que mi rostro se encendiera como la grana. Me levanté con tanto ímpetu del sillón del palco que cayó al suelo provocando un ruido seco. Los presentes en el patio de butacas se sobresaltaron mirando hacia el palco real de dónde provenía el ruido”.




Tuve el honor de que me acompañaran grandes escritores como Antonio Fuster Juárez y Elena Muñoz, vicepresidenta también de la Asociación de Escritores de Madrid a la que tengo el gran placer de pertenecer.

La presentación corrió a cargo de la dulce y maravillosa periodista Miriam Martínez, una de las personas que más y mejor me conocen, lo que hizo que contestara a cada una de sus preguntas de la manera más honesta y tranquila. Mediante una presentación a modo de entrevista, mantuvo al público atento a todo aquello que yo iba contando. Tarde de confesiones, de risas, de explicaciones con suaves y delicadas pinceladas sicalípticas. La memoria del rey Alfonso XIII regresó al Teatro Real para asistir a la presentación de una interpretación de su vida y reinado.



Hago cinco reflexiones que me gustaría compartir con todos:

1- El he venido a hablar de mi libro.
Marcarse un Umbral siempre gusta, al menos a mí. Sobre todo, cuando a tus interlocutores les interesa lo que escuchan. Durante las presentaciones (de momento llevo sólo dos) si hay algo que me cautiva, sin duda, es observar los rostros de quienes se encuentran sentadas ante mí. Hablar dirigiéndome a todas las personas que han dedicado parte de su tiempo a acompañarme, a escuchar lo que digo. 
Percibir sus ojos atentos, sus sonrisas tímidas y gestos de comodidad, es lo más gratificante.

2- Momento sicalíptico.
Si hay una parte de la presentación en la que más distendido está el ambiente y más carcajadas se escuchan, es el el momento sicalíptico. Y es que haber introducido este término en la gran mayoría de mis lectores me llena de gozo. No puedo evitarlo y siempre me complace explicar esta palabra, su historia, su etimología, su uso.

3-Relacionarme con los lectores.
La presentación de Madrid fue especial porque allí se encontraban mis amigos, los de toda la vida, los nuevos, pero fundamentalmente, estaban mis lectores. Poder compartir con ellos un breve momento después de la presentación, contestar a algunas de sus preguntas, una foto, una dedicatoria… Poner voz a quien te escribe por redes… Sin lugar a dudas, toda experiencia inolvidable. Sólo deseo que haya sido la primera de muchas.

4- Las personas más importantes siempre a mi lado.
Al hacer balance y reflexionar sobre la presentación, no sería honesta conmigo misma y, por ende, con vosotros, si no expresara en estas líneas el apoyo de mis seres queridos. Las abuelas de mis hijos que ofrecieron su apoyo logístico, los abuelos que nos acompañaron toda la tarde, durante la presentación de «La ruta de Alfonso XIII» y presentación. El ilustrador de la preciosa portada, Antonio Martínez, la familia y amigos que vinieron de Barcelona, mi equipo; las personas sin las que sería, pero diferente. Ellos todo lo hacen fácil: Pablo Bernal y Miriam Martínez, los artífices de que todo estuviera en su lugar, yo despreocupada y feliz de tenerlos en mi vida.

5- Presentación de «La ruta de Alfonso XIII»
Fue especialmente gratificante participar en la jornada inaugural de esta ruta ideada por la periodista Miriam Martínez a propósito de la novela. A modo de resumen diré que se trata de un maravilloso proyecto cultural, turístico y literario en el que la idea es realizar la ruta por las ciudades más relevante durante el reinado de Alfonso XIII: Cartagena, Las Hurdes, Santander, San Sebastián, Sevilla o Madrid. Aquí os dejo la web www.larutadealfonsoxiii.com
Tuvimos la gran suerte de conocer una ruta espectacular con el mismo nombre pero de senderismo en Las Hurdes y con la que hermanamos.

Gracias a todos una vez más, por acompañarme y escuchar mis palabras con tanta atención. Por supuesto, no puedo cerrar esta memoria sin agradecer también el cariño que recibí de cada uno de vosotros. 

Aquí os dejo unas fotos y el enlace al vídeo completo de la presentación por si os apetece verlo a quienes no pudisteis asistir. 








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